La primera santa del Líbano, mensaje de paz para Oriente Medio

Juan Pablo II proclama santos a cinco religiosos

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 junio 2001 (ZENIT.org).- Unas 30 mil personas sorprendieron este domingo a Juan Pablo II al llenar la plaza de San Pedro del Vaticano para participar en la proclamación de cinco nuevos santos. Una participación inesperada que confirma cómo en este pontificado, que ha batido todos los records de canonizaciones, la santidad se ha puesto de moda.

Un mensaje para Oriente Medio
Entre los grupos de peregrinos destacaban las banderas de los cedros del Líbano, agitadas por unos diez mil católicos de ese país, que vinieron para participar en la canonización de la primera libanesa, Rébecca Pierrette Ar-Rayès (1832-1914).

La liturgia de ese domingo de la Trinidad, «fiesta de la santidad», como la definió el Papa, quedó así enriquecida por los sugerentes cantos de la profunda tradición litúrgica maronita.

Para los libaneses, la vida de esta santa no es sólo un modelo, es también un mensaje: como tantos libaneses, esta mujer también conoció la violencia, el éxodo forzado, y el sufrimiento físico. Al canonizar a esta mujer, Juan Pablo II ha querido lanzar un fuerte mensaje de esperanza para los cristianos de ese país.

Tras haber ofrecido a Dios su salud, esta mística perdió la vista y durante treinta años su rostro experimentó un dolor incandescente, hasta sufrir una parálisis dolorosa. Su cuerpo, inmóvil, se llenó de llagas.

Por eso, el pontífice deseó: «¡Que santa Rafqa (como es conocida en su país) vele por los que conocen el sufrimiento, en particular por los pueblos de Oriente Medio que afrontan la espiral destructora y estéril de la violencia!».

«¡Por su intercesión –continuó diciendo en la homilía de la misa–, pedimos al Señor que abra los corazones a la búsqueda paciente de nuevos caminos para la paz, deseando intensamente que llegue el día de la reconciliación y de la concordia!».

La primera curación milagrosa de sida
Junto a la religiosa libanesa, Juan Pablo II elevó a la gloria de los altares al padre Luigi Scrosoppi (1804-1884), conocido ya como el protector de los enfermos de sida. En la canonización se encontraba presente Peter Changu Shitima, un joven de Zambia, de 27 años, curado sin ninguna explicación científica de las consecuencias del sida, cuando los médicos ya le habían desahuciado.

Los testimonios científicos y médicos que han servido para certificar el milagro, abriendo las puertas de esta canonización, han sido ofrecidos por grandes expertos sudafricanos en sida, ninguno de ellos católico (Cf. Zenit, 6 de junio de 2001).

Los otros tres nuevos santos son el siciliano Bernardo da Corleone (1605-1667), quien en sus años jóvenes, antes de entrar en la Orden capuchina, había sido uno de los grandes delincuentes de la isla de la mafia (manchando incluso su navaja con un homicidio); Agostino Roscelli (1818-1902), sacerdote italiano, fundador de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María; y la italiana Teresa Eustochio Verzeri (1801-1852), fundadora del Instituto de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús.

Con estas canonizaciones se eleva a 451 el número de los santos proclamados en el pontificado del Papa Wojtyla.

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ZENIT Staff

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