La Iglesia en Cuba por una «teología de la reconciliación»

Propuesta del nuevo Plan Pastoral 2001-2005

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LA HABANA, 15 junio 2001 (ZENIT.org).- Tras cuarenta años de divisiones y tensiones, la Iglesia católica podría dar «el salto más atrevido, pero necesario e irrenunciable» de su historia en Cuba proponiendo una «teología de la reconciliación».

La propuesta acaba de ser presentada a los católicos de la isla en el editorial del último número de «Palabra nueva», la revista que dirige la arquidiócesis de La Habana, cuyo arzobispo es el cardenal Jaime Ortega.

Al presentar este desafío, Orlando Márquez, portavoz de la Conferencia de los Obispos de Cuba, quien escribe el artículo, aclara: «El reto mayor no será elaborar una teología de reconciliación, sino ponerla en práctica».

«Es este el lugar donde la Iglesia puede quedar sola frente a las intransigencias de los cubanos que ocupan sólidas posiciones de enfrentamientos históricos, de desgaste crónico», añade. Ahora bien, dado que la misión de la Iglesia no se agota en las realidades temporales, debe «proponer la reconciliación y el diálogo como solución a un conflicto largo y viciado de resquemores ideológicos y personales, estancado en el segundo milenio cuando hemos entrado ya en el tercero».

El número de la revista arquidiocesana explica que esta obra de reconciliación es una de las conclusiones más decisivas a las que conduce el Plan Global de Pastoral 2001-2005, aprobado a finales de año por los obispos cubanos.

Tiene tres prioridades, añade la edición de «Palabra nueva» que acaba de ser publicada.

La primera es la formación de los católicos, de manera que la conversión implique una auténtica espiritualidad cristiana, no limitada por una rutinaria asistencia a la misa dominical. Tiene en cuenta tanto la «búsqueda de lo religioso en el «alma cristiana del pueblo»» como el «profundo vacío existencial, miedo, inseguridad ante el futuro» que se constata entre la gente.

La segunda prioridad pasa por potenciar «comunidades vivas y dinámicas» para, según el texto, «impulsar la evangelización en comunidades cristianas que asumen como desafío su crecimiento interior y la urgencia misionera». Durante el año preparatorio de la visita del Papa (1997), miles de misioneros católicos recorrieron prácticamente cada rincón de la Isla. Ahora, el plan pastoral, busca hacer de esa experiencia una actitud permanente.

La tercera prioridad es la «promoción humana». «Como sus posibilidades rebasan el ámbito eclesial –explica Orlando Márquez–, es quizás la más estimulante y, por el mismo hecho, la más incomprendida en nuestro entorno social, al menos mientras no se reconozca la misión profética o dimensión social de la Iglesia».

Y aquí es donde surge con fuerza la necesidad de esa «teología de la reconciliación».

El Plan Pastoral, de hecho, no se queda sólo en las tensiones de origen principalmente político que han desangrado la isla en las últimas cuatro décadas. Considera que también es necesario reconciliar «heridas históricas», como «rupturas familiares, deterioradas relaciones interpersonales, problemática racial subyacente, el machismo, los enfrentamientos ideológicos y religiosos, las relaciones con los cubanos de la diáspora».

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ZENIT Staff

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