Incesto «in vitro»: Una mujer de 62 años y su hermano, padres

Se abre una investigación judicial para ver si el niño corre peligro

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PARÍS, 21 junio 2001 (ZENIT.org).- ¿Cuál será el futuro de un niño alumbrado por una mujer de 62 años, que no es su madre biológica, y que tiene un tío que es su padre y una hermana, nacida una semana después en EE.UU, que no tiene la misma madre legal?

Al dar ayer la noticia el diario «Le Parisien», la señora, Jeanine S, una maestra jubilada, reaccionó con estudiada ingenuidad: «No creía que hubiera dificultades».

Es la historia de un niño de tres kilos, nacido el 14 de mayo en Fréjus (sureste de Francia), pero concebido en Estados Unidos. Hace diez meses, a Jeanine, que pasó la menopausia hace ya bastantes años, se le implantó un ovocito de una donante, una joven estadounidense. El semen fue ofrecido por un francés, Robert, hermano de Jeanine, de 52 años, célibe y minusválido, tras un dramático intento de suicidio.

Las leyes sobre Bioética vigentes en Francia, desde 1994, no habrían permitido nunca el uso de una madre de alquiler, ni inseminar a una mujer de esa edad. Sólo pueden beneficiarse de la inseminación in vitro las parejas en «edad de procrear, casadas o que viven juntas desde al menos dos años».

Pero Jeanine quería tener un hijo a toda costa y conservar el apellido de su familia destinado a extinguirse ante la incapacidad de su hermano para procrear, según cuenta el reportaje de la publicación francesa.

Se dirigió a la clínica Pacific Fertility Center de los Angeles donde el director, el doctor Vicken Sahakian, a cambio de una suma consistente de dinero, se comprometió a realizar la intervención y Jeanine quedó embarazada.

La joven estadounidense, que se ofreció a ser inseminada con el semen de Robert y donó su ovocito fecundado a Jeanine, es la madre biológica del pequeño nacido en Francia.

Robert vive en la casa de Jeanine. Es medio ciego y está desfigurado, en una silla de ruedas, después de que se disparó con un fusil en 1955.

En opinión de Jeanine, se trata de una ayuda mutua que «a mí me ha permitido ser madre y yo le he ayudado a encontrar una madre portadora para que él tenga su primer hijo».

Pero la historia no acaba aquí: a la donante estadounidense también se le implantó un óvulo fecundado por Robert y dio a luz en Los Angeles a una niña, con el mismo patrimonio genético que el bebé nacido en Francia.

Christian Girard, fiscal de Draguignan, anunció este jueves la apertura de una investigación ante el Tribunal de menores para saber si los dos niños se encuentran en «una posible situación peligrosa» a causa del ambiente familiar en el que han nacido.

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ZENIT Staff

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