G-8: Por un futuro menos cínico para los jóvenes, proponen obispos italianos

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Mensaje de los prelados de Liguria con motivo de la cumbre los ocho grandes

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GÉNOVA, 3 julio 2001 (ZENIT.org).- Volver a dar esperanza a los jóvenes, especialmente a los de los países pobres. Este es el objetivo que plantean los obispos de Liguria en un mensaje dirigido a sus fieles con motivo de la próxima cumbre del G-8 que se celebrará del 18 al 21 de julio en Génova, capital de la región italiana.

Inician su mensaje afirmando que «la fe cristiana ilumina y juzga también los problemas que el G-8 presenta y evoca». «El amor hacia nuestros fieles nos pide dirigirnos a cuantos acogen el G-8», añaden, indicando que «no nos debe dejar indiferentes» sino que es más bien «una ocasión que debe suscitar en nosotros un fuerte sentido de responsabilidad».

Indican los obispos ligures que los problemas de orden público ligados a esta convocatoria de los países más ricos del planeta «no debe hacer olvidar la instancia fundamental ligada al G-8, es decir, la de dar respuesta a los muchos y graves desequilibrios e injusticias presentes en el mundo que una globalización incontrolada agudiza enormemente».

Los obispos se auguran que los reunidos en Génova «sepan escuchar el grito de tantos pueblos del mundo».

«Son pueblos pobres –afirman–, pisoteados en sus derechos humanos fundamentales, desprovistos de los mínimos medios económicos de subsistencia, necesitados de instrucción, a quienes se impide participar libremente en la vida social, golpeados por el hambre, la enfermedad, la violencia y la guerra».

Por ello, afirman, debe ser la primera prioridad en la agenda del vértice «la lucha programática y eficaz contra la pobreza».

Recuerdan que estos pueblos pobres son también mayoritariamente jóvenes y, subrayan, «entre los derechos de los hombres, hay para los jóvenes un derecho especial a la esperanza, un derecho a construir ya que, con la generosidad y con el valor que da la esperanza, los jóvenes logran para sí y para el mundo un mañana profundamente diverso, menos cínico y menos utilitario del que los ha recibido».

Por último, afirman que el G-8 «es una ocasión valiosa para renovar nuestro empeño en conocer mejor y profundizar los contenidos de la doctrina social de la Iglesia».

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ZENIT Staff

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