Interés por las palabras de Juan Pablo II sobre la globalización

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La alternativa católica al G-8, un desarrollo de rostro humano

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ROMA, 10 julio 2001 (ZENIT.org).- Las palabras de Juan Pablo II sobre la globalización, pronunciadas durante el angelus del pasado domingo día 8 de julio, han atraído la atención de la opinión pública. Ayer, los principales diarios italianos mostraban las palabras del Papa en primera página y, en el interior, las reacciones a la postura pontificia.

No es la primera vez que el Santo Padre llama la atención de las autoridades políticas internacionales para que gobiernen los procesos económicos en función del bienestar de toda la humanidad. Tampoco la denuncia de la pobreza es un argumento original.

Pero la cercanía de la cumbre del G-8 en Génova, a finales de la próxima semana, ha dado relevancia a la intervención de Juan Pablo II.

También se ha abierto el debate dentro del mundo católico. Mientras que el padre George Cottier, teólogo de la Casa Pontificia dice: “Atención con instrumentalizar las palabras del Papa para fines partidistas”; algunos representantes de asociaciones de voluntariado se declaran a favor de las manifestaciones antiglobalización.

Sin embargo, las sesenta organizaciones católicas que han firmado el manifiesto ante la cumbre y acaban de celebrar un fin de semana dedicado a la oración, la reflexión y le debate sobre los temas a tratar en Génova, se declaran por la libertad de expresión pero sin el recurso a la violencia, ni siquiera verbal.

Por su parte, el padre Giulio Albanese director de la agencia Misna, de las congregaciones misioneras, subraya que “el abismo entre Norte y Sur sigue creciendo y África, una enorme explotación minera a cielo abierto, sigue siendo la última en el desarrollo económico”.

Rino Camilleri, periodista y escritor, indica que “lo importante para el mundo católico es mantenerse unidos en los temas de fondo, como la promoción y la defensa de la vida”. En relación a la necesidad de dirigir la globalización, Camilleri sostiene que “si el gobierno tiene como base grupos de presión y multinacionales, mala cosa. Es bueno si se funda en la solidaridad y la subsidiariedad”.

Giorgio Vittadini de la “Compagnia delle Opere” (una ONG italiana) ha explicado que “la sintonía entre los grupos católicos es profunda. El proceso de colaboración, irreversible”. Recordando a Pablo VI, añade: “El verdadero nombre de la paz es el desarrollo. Sin abrazar ni el mercantilismo ni la neutralidad. Nunca egoístas; siempre solidarios con la parte más pobre del mundo”.

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ZENIT Staff

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