La doctrina social cristiana, protagonista de la democracia en Costa Rica

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El Papa pide a los obispos a anunciar el verdadero rostro del cristianismo

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 noviembre 2001 (ZENIT.org).- La doctrina social de la Iglesia ha sido y debe ser protagonista de la democracia en Costa Rica, a través de «la fuerza pacificadora del Evangelio», afirmó este viernes Juan Pablo II al recibir a los obispos de ese país.

El encuentro tuvo lugar al concluir la serie de encuentro personales de los prelados con el pontífice y la Curia romana con motivo de su quinquenal visita al Vaticano.

Al comenzar el encuentro con los obispos del país centroamericano de 3.773.000 habitantes, de los cuales el 76% es católico, el pontífice recordó el centenario del segundo obispo de San José, monseñor Bernardo Agusto Thiel, que como el Santo Padre constató, fue un auténtico pionero de la doctrina social cristiana.

«A ello se debe, en buena parte –aclaró–, la larga tradición democrática, de diálogo y tolerancia en Costa Rica, herencia preciosa que ha de llevaros a una renovada confianza en la fuerza pacificadora del Evangelio, en un momento histórico en que este valor, indispensable para las naciones y el conjunto del género humano, parece tan amenazado y casi imposible de alcanzar».

«Esta convicción ayudará también a enfocar con clarividencia cristiana los procesos actuales de convivencia social, uno de los cuales es la presencia en Costa Rica de numerosos emigrantes procedentes de países colindantes», añadió el Papa.

De hecho, Costa Rica ha sido considerada siempre como la «Suiza» de América Central, que ha atraído a los habitantes de los países vecinos, que en los últimos años han experimentado agudos conflictos políticos y sociales.

«En Costa Rica, como en otros países, el hombre está viviendo un momento dramático y, al mismo tiempo, fascinante», siguió constatando el obispo de Roma.

«Por un lado –explicó– parece difundirse por doquier un estilo de vida basado en criterios meramente materiales, que incitan al consumismo trivial, lo cual comporta tantas secuelas negativas para la dignidad de las personas y el bien común de la sociedad».

«Por otro –añadió–, sin embargo, se aprecia un resurgir de un hondo espíritu religioso, bien arraigado en el pueblo costarricense, y la búsqueda de un profundo y consistente sentido de la vida».

En este contexto, propuso el Papa Wojtyla, «cobra una actualidad aún mayor, si cabe, la urgencia de recuperar y presentar una vez más el verdadero rostro de la fe cristiana».

El cristianismo, aclaró, «no es un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida».

«En efecto –concluyó–, la Iglesia tiene la misión de llevar la luz del Evangelio a todos los ámbitos de la existencia humana, con el fin de todos los hombres consigan la salvación y se realice en cada uno la vocación universal a la santidad».

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ZENIT Staff

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