WASHINGTON, 24 noviembre 2001 (ZENIT.org).- Puesto que la lucha contra el terrorismo y la guerra en Afganistán siguen su curso, los obispos en Estados Unidos y Gran Bretaña continúan sus reflexiones sobre la situación publicando importantes declaraciones sobre cómo aplicar la doctrina católica a sucesos que desencadenaron los ataques del 11 de septiembre.

Episcopado británico
El pasado 16 de noviembre la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales publicó un documento de reflexión, fruto de una larga discusión sobre los acontecimientos que tienen lugar en estos momentos.

Los obispos británicos condenaban claramente los ataques del 11 de septiembre y afirmaban el derecho a la autodefensa, como expresa el artículo 51 de la carta de las Naciones Unidas. Tras pedir que se encontrara una paz justa, señalaban que la acción militar debía tener objetivos precisos y estar estrictamente limitada.

El episcopado británico aclaraba reconocía que “no tiene la misión de ofrecer soluciones políticas específicas en la situación presente”. El documento se basaba en “los principios de nuestra fe, y desde nuestra perspectiva como líderes religiosos”.

Sobre el bombardeo de objetivos en Afganistán, los obispos reconocían que “este aspecto de la crisis es difícil de evaluar”. Acentuaron la importancia de limitar la destrucción y el número de víctimas pero, al mismo tiempo, dejaron clara la distinción entre las acciones terroristas, y el bombardeo de objetivos militares, algo permitido, incluso si estos últimos pudieran causar bajas civiles.

La reflexión es crítica con la retórica de una generaliza “guerra contra el terrorismo”, dado que esto podría implicar hostilidades que “podrían continuar indefinida y arbitrariamente”. El documento pide una campaña limitada y el establecimiento, tan pronto como sea posible, de un gobierno estable en Afganistán.

En cuanto a la relación entre religión y violencia, los prelados británicos hacen un llamamiento a todas las religiones “para reafirmar su dedicación a la búsqueda de la justicia por medios pacíficos”. También llaman a un “continuo diálogo interreligioso”.

Los obispos también subrayaban la necesidad de hacer un esfuerzo de apoyo humanitario para la población que ha sobrellevado tantos sufrimientos.

Y anticipándose al llamamiento hecho por Juan Pablo II el último domingo, en el que anunciaba un día de ayuno el 14 de diciembre y el encuentro interreligioso de enero, el documento invitaba a los católicos “a expresar sus inquietudes a través de la oración y el ayuno”.

La reflexión terminaba con una llamada a una mayor justicia en el mundo. El mejor camino para luchar contra el terrorismo “aparentemente enraizado en el absoluto rechazo de los valores occidentales, es afrontar la extrema pobreza e injusticia que crea las condiciones y motivos de queja que los terroristas pueden después explotar”, concluía el comunicado.

Episcopado estadounidense
El 15 de noviembre una mayoría abrumadora de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos votó a favor del documento “Un Mensaje Pastoral: Vivir con Fe y Esperanza tras el 11 de Septiembre”.

El Cardenal Bernard Law, Presidente de la Comisión de Política Internacional, ilustró en su presentación que, al formular el documento, han intentado elaborar una repuesta en tres partes: una decisión de defender el bien común, insistir en la aplicación de las normas morales tradiciones, y una larga reflexión sobre las raíces del terrorismo.

El documento comienza con una referencia a los ataques terroristas del 11 de septiembre y reconoce la “perdida y pena, la angustia y el miedo, el shock y la determinación ante estos ataques a nuestra nación y a toda la humanidad”. Hacen notar cómo la agresión ha estimulado la fe de la gente y conducido a una renovación de la oración para muchos.

Sobre el terrorismo, los obispos estadounidenses, a la vez que reconocen la existencia de pobreza e injusticia que pueden causar motivos de queja, rechazan el uso de la violencia como un medio para resolver los problemas. “No existe un motivos de queja, ni tema por el que reclamar, que pueda legitimar lo que ha ocurrido el 11 de septiembre”.

También expresaron su opinión de aquellos que intentan justificar la violencia por medio de un llamamiento a la religión. Según los obispos, “cualquiera que sea la motivación, no puede haber justificación religiosa o moral para lo ocurrido el 11 de septiembre”.

La respuesta
Los obispos dejan claro su rechazo del pacifismo a ultranza, declarando que “los terribles hechos del 11 de septiembre no pueden quedar sin respuesta”.

Y esto porque es un “deber preservar el bien común, proteger al inocente, y reestablecer la paz y el orden”. Estados Unidos además “tiene el un derecho moral y una grave obligación de defender el bien común contra el terrorismo de masas”.

Pero, a la vez que declaran su apoyo a la respuesta militar, exponen una serie de principios morales que deben guiar el uso de la fuerza.

Toda acción militar debe evitar violar las normas de la inmunidad de los civiles y la proporcionalidad, asevera el documento. “Todavía tienen aplicación las normas morales tradicionales que gobiernan el uso de la fuerza, incluso ante un terrorismo de esta escala”.

Con este objetivo, el documento pide una continua supervisión de la acción militar, de manera que se asegure que el uso de la fuerza no causa males desproporcionados.

Es necesario un serio esfuerzo en el campo humanitario para ayudar a los refugiados y a la población local. Y cuando la guerra termine los obispos piden un esfuerzo decidido por parte de los Estados Unidos, de la Naciones Unidas y de otros para reconstruir Afganistán.

Sobre los posibles efectos dentro de Estados Unidos de una campaña militar, los prelados piden que se sigan respetando “los ideales básicos de la justicia, la libertad, la limpieza y la transparencia que son característicos de nuestra sociedad”.

Rechazan el caer en el miedo, que lleva a la intolerancia étnica y religiosa hacia los árabe-estadounidenses y los musulmanes.

Los obispos norteamericanos admiten que hay lugar para una legítima diferencia de opinión sobre cómo responder al terrorismo. La aplicación de los principios morales requiere el uso de la prudencia y “aquellos que subscriben la tradición de la guerra justa pueden diferir en sus prudentes juicios sobre su interpretación o su aplicación”.

Justicia
En relación al problema de la injusticia económica, los prelados piden que Estados Unidos “haga más para extender los beneficios de la globalización a todos, especialmente a los más pobres del mundo”. También piden a los estadounidenses que reconozcan cómo la influencia de los aspectos más negativos de su cultura podría dañar a otras sociedades.

Una vez más los obispos establecen que sobre los medios para crear un mundo más justo puede haber una legítima diferencia de opinión. Lo que ellos piden es que los católicos no permanezcan neutrales y trabajen a favor de la promoción del bien común, no sólo en términos económicos, sino también en los campos de la cultura, los derechos humanos y todo lo que tiene relación con la dignidad humana”.

Como la declaración británica, el documento termina con un llamamiento a la oración, al ayuno y al diálogo. El 1 de enero del 2002 se establece como Día Nacional de Oración por la Paz. También llaman al debate dentro de la comunidad sobre la enseñanzas de la Iglesia sobre la guerra y la paz.

Los obispos piden a los fieles que den ejemplo personal de respeto mutuo y que den testimonio con sus vidas de los principios de la dignidad humana, la justicia y el respeto por la vida.

Es también una época para el servicio, la solidaridad y la esperanza, afirman los obispos. En estos tiempos de testimonio, el documento recuerda a los católicos que “necesitamos volvernos hacia Dios y hacia los demás en esperanza”. Se le pide a la Iglesia en Estados Unidos --explican los obispos-- “vivir en nuestro tiempo los desafíos expuestos por Jesús en las bienaventuranzas: consolar a aquellos que están de luto, buscar la justicia, convertirse en constructores de paz”.