«Bombardear Somalia no serviría de nada»

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Habla el administrador apostólico del país en la mira de Estados Unidos

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ROMA, 3 diciembre 2001 (ZENIT.orgFides).- Bombardear Somalia no serviría de nada, al contrario, se corre el riesgo de engrosar las filas del terrorismo; afirma monseñor Giorgio Bertin, obispo de Yibuti y administrador apostólico de Somalia.

En estos momentos en los que, según algunas fuentes de Washington, la administración Bush estaría pensando en extender el frente de la lucha contra el terrorismo de Afganistán a Somalia con operaciones militares, el prelado somalí pide en esta entrevista a los líderes occidentales que abandonen esa idea y utilicen otros medios para combatir el terrorismo.

–Se presenta a Somalia como próximo objetivo de la guerra contra el terrorismo. ¿Qué piensa de una posible intervención militar? ¿Cómo es la fuerza y la presencia en el país de grupos extremistas?

–Monseñor Bertin: A partir de 1985, ante la degeneración total de las instituciones gubernamentales, se formaron algunos grupos islámicos que, frente al fracaso del Estado laico, proponen crear uno islámico.

Algunos de estos grupos están armados, y han realizado acciones sobre todo en Etiopía, en zonas habitadas por somalíes.

Se ha creado, pues, cierta confusión entre sublevación somalí e islamismo. Pero la población somalí no merece ser bombardeada.

En primer lugar, porque los grupos islámicos no representan una amenaza para el mundo occidental. Hace años que Etiopía los combate. Es difícil que puedan emprender acciones a de amplio alcance.

En segundo lugar, porque los extremistas están aislados del resto de la sociedad somalí: la mayoría de los ciudadanos no los reconoce. Una intervención militar impulsaría a la gente de Somalia a solidarizarse con los islámicos, ampliando el problema. Los líderes occidentales deben, pues, pensárselo bien y usar otros métodos para combatir el terrorismo.

–¿Cuál es la situación de la comunidad cristiana en Somalia?

–Monseñor Bertin: No se puede hablar de comunidad cristiana. Hay sólo algunas personas cristianas, incluidas algunas religiosas. Se trata en gran parte de extranjeros que trabajan para organizaciones humanitarias. Hay también un grupo de jóvenes cristianos en Mogadiscio. Estos jóvenes, en la situación de caos del país, viven aislados y en auténticas «catacumbas». Yo mismo no puedo verme con ellos en grupo, pues debo respetar algunas normas de seguridad: me encuentro con ellos de dos en dos.

Es importante que vuelva a implantarse una autoridad de Estado para garantizar a los pocos cristianos la seguridad personal y, a la Iglesia, la posibilidad de llevar a cabo su acción pastoral y caritativa. Caritas Somalia tampoco existe como estructura en el territorio, pero apoya las iniciativas de otras organizaciones humanitarias.

–Somalia, desde 1991, no tiene un Estado central. ¿Cómo es hoy la situación política del país?

–Monseñor Bertin: Somalia está dividida actualmente en al menos tres partes.

En el Norte está la República del «Somaliland», que se declaró independiente hace diez años, pero que no está reconocida por la comunidad internacional. En la región hay una cierta estabilidad, sobre todo en la parte centro-occidental.

En la parte nordoriental se ha creado hace tres o cuatro años una zona de relativa seguridad que ha llevado a la fundación del «Puntland». Se trata de una administración local provisional que no pretende la independencia. En los dos últimos meses, sin embargo, la situación ha precipitado porque se han creado dos gobiernos en lucha entre sí.

La parte del centro-sur, la más habitada y potencialmente la más rica, es la zona del país que no ha conseguido nunca tener una administración estable. El gobierno de transición, formado hace un año con la Conferencia de Yibuti, asentado en la capital Mogadiscio, no controla el resto del territorio. El gobierno continúa, sin embargo, sigue siendo reconocido por la comunidad internacional.

Recientemente, Hassan Abshir Farah formó un nuevo ejecutivo que ha establecido relaciones con Etiopía. Mogadiscio y Addis Abeba han decidido convocar en los próximos meses una Conferencia en Nairobi de todas las partes somalíes. Se trata de un paso importante, porque Etiopía ha tratado siempre de debilitar al gobierno de Mogadiscio y este último no había sido apoyado hasta ahora por las varias componentes locales.

–¿De dónde deriva la inestabilidad somalí?

–Monseñor Bertin: Los somalíes no tienen una cultura del Estado. Son poblaciones ligadas sobre todo al clan y a la vida nómada. No hay que olvidar además que, después de la independencia en 1960, los líderes de la nación robaron como rapaces los recursos del país. En los últimos tiempos los diferentes jefes de clanes sólo han buscado sus propios intereses. Todo esto disgrega el sentido de comunidad: la lógica del clan prevalece por encima del bien común.

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ZENIT Staff

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