El segundo Papa de la historia une a Roma con la Ortodoxia rusa

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Congreso sobre san Clemente

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CIUDAD DEL VATICANO, 7 diciembre 2001 (ZENIT.org).- Nuevos descubrimientos demuestran que la Iglesia ortodoxa rusa y Roma están hermanadas incluso por una figura común: el segundo Papa de la historia, san Clemente.

A decir verdad, los historiadores todavía no se ponen de acuerdo a la hora de establecer si Clemente fue el inmediato sucesor de san Pedro, como obispo de Roma, o si más bien es el tercero. Lo cierto es que cada vez hay más testimonios históricos que confirman la tradición, según la cual, este mártir murió deportado en Quersoneso (antiguo nombre de la actual capital de Crimea, Ucrania).

Esta tesis histórica fue defendida por varios historiadores en un Congreso internacional sobre la figura de este Papa, que se celebró a finales de noviembre pasado en el Vaticano para conmemorar el XIX centenario de su muerte por iniciativa del Instituto San Clemente y de la Academia Pontificia «Cultorum Martyrum» y el Instituto Pontificio Oriental.

Uno de los ponentes en el congreso, el profesor Natalino Spaccapelo del Instituto Pontificio Oriental, que estudia desde hace treinta años la vida y figura de san Clemente, explica en declaraciones concedidas a Zenit, por qué los cristianos de Oriente tienen tanto cariño por este hombre.

«En el año 861, Cirilo y Metodio –evangelizadores de los pueblos eslavos– fueron enviados desde Constantinopla en misión diplomática y religiosa a Quersoneso, y allí se dedicaron a buscar el lugar del martirio y de eventuales reliquias de san Clemente», explica.

«Encontraron restos y se celebró una fiesta con gran solemnidad –añade–. Cirilo y Metodio llevaron las reliquias de San Clemente a Roma en el 867-868».

A la intercesión de san Clemente se atribuye también «la noticia del bautismo de Vladimir, príncipe de Kiev que tuvo lugar en el 988 en la catedral de San Basilio en Quersoneso. Siguió el mismo año el bautismo de todo el pueblo en las aguas del Dniéper», sigue revelando el catedrático.

«El príncipe volvió de Quersoneso con su prometida Ana, hermana del emperador Basilio y la preciosa reliquia de la cabeza de san Clemente. Así se realizó la edificación de la Iglesia de Cristo en la Rus de Kiev».

La Rus de Kiev constituye el origen histórico de lo que hoy es la Iglesia ortodoxa rusa.

Spaccapelo explica que el mensaje de Clemente sigue cobrando plena actualidad: «De las fuentes patrísticas resulta que desde la antigüedad, a este obispo de Roma se le señala como el autor de una carta enviada a los cristianos de la comunidad de Corinto para exhortarles a la unidad».

Un mensaje que, como demuestran los testimonios de su culto celebrado en el primer milenio en Italia, Siria, Egipto, África, Grecia, España y Galia, tuvo un gran impacto en las comunidades cristianas de la época.

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ZENIT Staff

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