Canadá: Se puede experimentar con seres humanos; con animales, no

Los obispos denuncian la propuesta de ley de investigar con embriones

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OTTAWA, 14 diciembre 2001 (ZENIT.org).- Los obispos de Canadá han subrayado la paradoja que supone la recomendación de una Comisión parlamentaria que propone la experimentación con embriones humanos, en un momento en que la publicidad lanza productos cuya atracción está precisamente en no haber sido experimentados con animales.

La Conferencia Episcopal, sin embargo, aplaude otros pasajes del Informe de la Comisión Permanente de Salud de la Cámara de los Comunes sobre el proyecto de ley de procreación humana asistida, en el que se pronuncia contra todo tipo de clonación humana.

«Incongruencia chocante»
La nota del episcopado canadiense, hecha pública el 12 de diciembre pasado, subraya una dramática contradicción en el Informe parlamentario: por una parte la publicidad de los productos de higiene personal y belleza quieren respetar cada vez más la sensibilidad de los consumidores, anunciando «No ha sido experimentado con animales».

Por otra parte, explican los prelados, «nuestra sociedad corre el riesgo de tener una legislación que permita, y por primera vez, una investigación que implica la muerte de un ser humano. Esto es de una incongruencia chocante».

Elementos positivos
En su declaración, los obispos católicos aplauden las recomendaciones del Informe en las que se pide «el mantenimiento de las prohibiciones de la clonación, incluida la clonación llamada terapéutica; la modificación genética de las líneas de células estaminales; la comercialización de gametos y embriones; y el refuerzo de las disposiciones contra la comercialización de la maternidad subrogada».

La Conferencia Episcopal se declara «especialmente satisfecha por la recomendación del proyecto de ley de seguir prohibiendo la creación de embriones para la investigación, ya que los embriones humanos son seres humanos que deben ser respetados y tratados como sujetos humanos y no como objetos de investigación».

El problema
Los obispos se muestran sin embargo «profundamente consternados al constatar que la Comisión ha decidido permitir la investigación sobre los embriones sobrantes de los tratamientos de infertilidad».

«Aunque nos hubiera gustado apoyar la investigación prometedora de las células estaminales embrionarias –declaran–, no podemos porque conduce a la destrucción de los embriones».

«No existe ningún tratamiento, ni ningún beneficio que pueda justificar la muerte deliberada de un ser humano o la utilización de un ser humano como medio para conseguir un fin», subrayan.

Los prelados consideran que la decisión de la Comisión de incluir en el Informe esta recomendación es particularmente decepcionante, si se tiene en cuenta además que escuchó testimonios de expertos que atestiguaron: «la investigación con células estaminales adultas, que no implica un atentado a la vida humana, muestra notables posibilidades».

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ZENIT Staff

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