Francia: Carta abierta a los católicos que se sienten «víctimas»

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El periodista Noel Copin propone sentido común

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PARIS, 16 enero 2002 (ZENIT.org).- ¿Qué ha sucedido a los católicos europeos? Desde hace un poco de tiempo ven todo negro y no hacen sino lamentarse, se sienten perseguidos en su casa. ¿Y por quién? Por las élites cultas, por los medios, por los políticos, en suma por todos aquellos que se declaran laicistas.

Estas preguntas fueron el secreto del éxito del best-seller «El cristianismo bajo acusación», publicado por Réné Rémond, prestigioso intelectual católico, en el que mostraba que los católicos hoy día, especialmente en Francia, estaban sometidos a una auténtica persecución por parte de los medios de comunicación.

Noel Copin, ex director de «La Croix», el diario católico francés, responde ahora a aquellos que han sienten la tentación de encerrarse en una postura de víctimas. «Lettre ouverte aux chrétiens qui ont le blues» (Carta abierta a los cristianos con cardenales, «Désclée de Brouwer»).

Es una respuesta al libro de Rémond pero sobre todo a aquellos que lo han utilizado en modo torcido y superficial.

Los cristianos que se sienten golpeados, según Copin exageran un poco. Se sienten rechazados, extranjeros en su mismo país, pero sus reacciones ¿son verdaderamente proporcionadas a los hechos?

Es verdad, admite Copin, en el espacio de algunos meses diversos problemas sociales en Francia han alarmado más que nunca a los católicos. Basta recordar la equiparación jurídica de las parejas de hecho al matrimonio o la «sentencia Perruche»» que reconoció el derecho de un niño «a no nacer», imponiendo una indemnización a un niño minusválido por haber nacido.

El libro constata de este modo que el mundo laico que, hasta hace poco tiempo se inspiraba en un humanismo de signo cristiano, se aleja cada vez más de los valores que los cristianos reivindican.

Y este hecho es la verdadera razón de la depresión que pueden experimentar los católicos: «Creéis tener todas las razones para lamentaros de la hostilidad de la sociedad –observa Copin en su carta abierta–. Pero la crítica de la sociedad actual, puesta en confrontación con el anticlericalismo virulento que Francia ha conocido al inicio del siglo XX parece en el fondo agua de rosas. ¿El problema esencial no consiste más bien en la indiferencia?».

Copin cree poner el dedo sobre la llaga: atención a no complacerse demasiado con afirmaciones falsas y peligrosas y que lamentablemente están llegando a ser banales, del tipo: «Nadie se permitiría hacer cosas semejantes a los judíos o a los musulmanes…».

La respuesta del intelectual católico es decidida: «Pero, ¿creéis verdaderamente que las religiones judía y musulmana son tratadas mejor que el catolicismo? Preguntadle a un musulmán qué imagen de sus correligionarios dan los medios franceses… Y si fuerais judíos, aceptaríais ser fácilmente identificados con Sharon o con los colonos israelíes?».

En definitiva, la cultura del victimismo no puede generar nada bueno, concluye Copin.

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ZENIT Staff

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