El Papa exige vencer todo racismo, xenofobia y nacionalismo exagerado

En su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado (2003)

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II exige a todas las comunidades católicas un empeño particular para vencer todo racismo, xenofobia y nacionalismo exagerado en el mensaje escrito para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado que se celebrará en el año 2003.

Para alcanzar este objetivo, según explica el pontífice, la Iglesia católica debe convertirse en modelo de acogida de toda persona, consciente de que «la participación en la comunidad católica no se determina por la nacionalidad o por el origen social o étnico, sino fundamentalmente por la fe en Jesucristo y por el bautismo».

En el mensaje, que tiene por lema «Por un empeño en vencer todo racismo, xenofobia y nacionalismo exagerado», constata que «el carácter «cosmopolita» del Pueblo de Dios es visible hoy prácticamente en toda Iglesia particular, porque la emigración ha transformado incluso comunidades pequeñas y antes aisladas en realidades pluralistas e interculturales».

En este contexto, recuerda, «la Iglesia considera que restringir la participación en una comunidad local sobre la base de características étnicas u otras, similares, sería un empobrecimiento para todos los implicados, y contradiría el derecho básico del bautizado de participar en el culto y en la vida de la comunidad».

«Además –reconoce–, si los recién llegados no se sienten acogidos cuando se acercan a una comunidad parroquial particular porque no hablan la lengua local o no siguen las costumbres locales, fácilmente se convertirán en la «oveja pérdida»».

Por este motivo, asegura, «el abandono de estos «pequeños» por razones de discriminación, aunque sea latente, debería ser causa de grave preocupación para los pastores y también para los fieles».

El mensaje pontificio para la Jornada Mundial del Emigrante, que en la Iglesia se celebra en días diferentes, según países, se dirige tanto a los que acogen como a los que son acogidos.

A los primeros, el Papa les dice que «sólo un amor auténticamente evangélico será suficientemente fuerte para ayudar a las comunidades a pasar de la mera tolerancia en relación con los demás al respeto real de sus diferencias». Este amor, añade, se hace real cuando hay solidaridad.

A los inmigrantes, por su parte, les invita «a reconocer el deber de honrar a los países que los acogen, y respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los habitantes que los han recibido. Sólo de este modo reinará la armonía social».

Cuando surgen tensiones en esta relación, asegura el obispo de Roma, «la credibilidad de la Iglesia en su doctrina sobre el respeto fundamental debido a toda persona reside en la valentía moral de los pastores y los fieles de «apostar por la caridad»».

El Papa concluye haciendo un llamamiento a los católicos y a todos los cristianos en general para que se unan en este esfuerzo por «formar sociedades donde se aprecie sinceramente las culturas de los emigrantes y sus dones específicos, y con talante profético se haga frente a las manifestaciones de racismo, xenofobia y nacionalismo exagerado».

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ZENIT Staff

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