Comienza en Chile el Año Vocacional 2003

Por iniciativa del episcopado del país

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SANTIAGO DE CHILE, 10 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Todos los chilenos han sido convocados a descubrir en sus vidas la voluntad de Dios y a fortalecer su vocación, que da sentido y plenitud a su existencia.

Con el lema «Te he llamado por tu nombre» (Is. 43,1), la Iglesia católica en Chile ha comenzado este domingo, Fiesta de la Inmaculada Concepción, el Año Vocacional 2003, según anunció la Oficina de Comunicaciones y Prensa de la Conferencia Episcopal chilena.

Ese día, el obispo Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Vocacional, monseñor Pablo Lizama, entregó un Mensaje a la Iglesia y a los jóvenes del país durante la Eucaristía que presidió en el Santuario del Cerro San Cristóbal el cardenal arzobispo de Santiago, monseñor Francisco Javier Errázuriz.

La Iglesia en Chile lleva dos años preparando este período, consciente de que los consagrados, especialmente los sacerdotes, son necesarios para que la Iglesia cumpla con la misión que Cristo le encomendó de ser luz e instrumento de salvación para la vida del mundo.

Por eso, durante el año 2003 las comunidades católicas del país se unirán para orar y dar testimonio, así como para llamar y acompañar a los jóvenes que sientan la llamada de seguir a Cristo radicalmente en la vida sacerdotal o consagrada.

«Invitamos a todos los hombres y mujeres de nuestro país y en especial a ustedes jóvenes, a mirar sus vidas con los ojos y la voluntad de Dios, a descubrir, profundizar y fortalecer su vocación, que da sentido y plenitud a su existencia», se lee en el mensaje firmado por monseñor Lizama.

Una de las iniciativas propuestas es la creación en la sociedad y en la Iglesia de una «Cultura Vocacional» que invite a descubrir el proyecto personal de vida, a recuperar valores superiores.

«Es una cultura de la vida y para la vida, que fundamenta sus bases en el evangelio del amor, la amistad, la trascendencia, la familia, la solidaridad y, sobre todo, el carácter sagrado de la vida», aclara el mensaje.

Todos los bautizados son llamados igualmente a desarrollar la «dimensión vocacional» que Dios da a través de la gracia bautismal, que «nos invita a vivir la llamada universal a la santidad», centrada en el mandamiento del amor.

Otro paso propuesto es descubrir la propia vocación en el encuentro con Jesucristo a través de la lectura de la Palabra de Dios y de la vida sacramental. Este encuentro se realiza también «participando vivamente en la vida de la Iglesia, donde nos nutrimos como comunidad creyente y orante», explica el texto.

Finalmente, se invita a los jóvenes, hombres y mujeres, a que, a partir del encuentro con Jesucristo, sean alegres y entusiastas y «respondan con gratuidad y fidelidad a Dios Padre ante la vocación a la que Él los llama».

«No tengan duda, jóvenes, que ofreciendo sus vidas, en el servicio del pueblo de Dios, a través del sacerdocio y en la vida consagrada, o en el matrimonio, podrán desarrollar con plenitud de vida, el llamado a la santidad y al servicio del Reino en nuestra historia», concluye el mensaje.

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ZENIT Staff

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