El Papa llama a los eslovacos a custodiar integralmente su fe cristiana

En la fiesta de los santos patrones del país (y co-patrones de Europa), Cirilo y Metodio

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 15 febrero 2004 (ZENIT.org).- Advirtiendo de lo perjudicial que sería olvidar la determinante contribución del Cristianismo a la formación de Europa, Juan Pablo II animó el sábado a los eslovacos a contribuir con sus valores humanos y espirituales a la construcción de la unidad del continente custodiando integralmente la fe de su país.

La fiesta de los santos Cirilo y Metodio, patrones de Eslovaquia y co-patrones de Europa, fue el marco de la audiencia que el Santo Padre concedió a dos mil peregrinos eslovacos –encabezados por los cardenales Jan Chryzostom Korec y Jozef Tomko– acompañados del presidente de la República Eslovaca, Rudolf Schuster, quien había sido recibido previamente por el Papa.

Con el encuentro, los peregrinos eslovacos correspondieron a la visita que cinco meses atrás realizó Juan Pablo II a Eslovaquia con ocasión del décimo aniversario de la proclamación de la República y de la institución de la Conferencia Episcopal Eslovaca.

En otras dos ocasiones había viajado el Papa al país: en 1990, poco después de la caída del régimen comunista, y en 1995.

Gracias al estímulo de Juan Pablo II, los fieles de Eslovaquia –un país de profundas raíces cristianas que sufrió de 1948 a 1989 una de las mayores persecuciones contra la Iglesia bajo el régimen comunista— empezaron a renovarse, constataba el cardenal Jan Chryzostom Korec, obispo de Nitra, poco antes del último viaje del Papa a esa tierra.

El 1 de mayo de 2004, Eslovaquia ingresará en la Unión Europea junto a Polonia, República Checa, Hungría, las tres repúblicas bálticas –Lituania, Letonia y Estonia–, la república ex yugoslava de Eslovenia y las pequeñas islas mediterráneas de Chipre y Malta.

Constatando que Eslovaquia y la Europa del tercer milenio se van enriqueciendo de múltiples aportaciones culturales, el Papa advirtió ante los presentes que «sería deletéreo olvidar que a la formación del Continente ha contribuido de forma determinante el Cristianismo».

«Esta fe os invito a custodiar integralmente y a alimentar mediante la oración, una adecuada catequesis y una formación continua», dijo el Papa.

Lejos de esconderla, esta fe debe ser «proclamada y testimoniada con valor y tensión ecuménica y misionera» a ejemplo de los santos Cirilo y Metodio –resaltó–, quienes supieron poner en práctica lo Jesús enseñó a sus discípulos desde el inicio de su predicación: «Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo» (Cf. Mt 5, 13-14).

«Ser “sal” y “luz” –explicó el Santo Padre– comporta para vosotros hacer resplandecer la verdad evangélica en las opciones personales y comunitarias de cada día» y «mantener inalterada la herencia espiritual de los santos Cirilo y Metodio contrarrestando la difundida tendencia a uniformarse con modelos homologados y estandarizados».

«A la deseada construcción de la unidad europea vosotros, queridos eslovacos, ofreced vuestra significativa aportación haciéndoos intérpretes de los valores humanos y espirituales que dan sentido a vuestra historia», exhortó Juan Pablo II.

«Es indispensable que estos ideales, vividos por vosotros con coherencia, sigan orientando una Europa libre y solidaria, capaz de armonizar sus diferentes tradiciones culturales y religiosas», concluyó.

En Eslovaquia, de menos de cinco millones y medio de habitantes, el 74,7% de la población está bautizada en el seno de la Iglesia católica, según el Anuario Estadístico de la Iglesia.

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ZENIT Staff

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