Disposiciones para religiosos polacos que colaboraron con el régimen comunista

Entrevista con el cardenal Stanislaw Dziwisz

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ROMA, miércoles, 30 agosto 2006 (ZENIT.org).- El viernes 25 de agosto, la Conferencia Episcopal Polaca hizo público un largo y articulado «Memorándum sobre la colaboración de algunos sacerdotes con los órganos de seguridad de Polonia en los años 1944-1989».

El «Memorándum» ha sido redactado teniendo en cuenta las indicaciones proporcionadas por la Comisión «Memoria y solicitud» integrada por prelados e historiadores.

Con esta instrucción teológico pastoral, la Conferencia Episcopal Polaca trata de proporcionar los criterios de discernimiento para afrontar un fenómeno que, en la gran mayoría de los casos, fue determinado por la condiciones de chantaje que el régimen lograba ejercer incluso sobre algunos sacerdotes.

En Polonia, los medios de comunicación publican cada día artículos y servicios sobre presuntos colaboradores del régimen. En Italia, la noticia ha rebotado con exageraciones proporcionadas por una agencia de prensa, según la cual la Iglesia polaca pediría a los presuntos colaboradores de la Policía «renunciar al sacerdocio»«.

Para comprender y precisar el asunto, Zenit ha entrevistado al cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia. La entrevista ha sido realizada por Wlodzimierz Redzioch.

–Eminencia, el viernes pasado, el Episcopado polaco publicó el «Memorándum» sobre la cuestión de la colaboración de algunos miembros del clero con los órganos de seguridad en Polonia en los años del régimen comunista. ¿De qué se trata?

–Cardenal Dziwisz: Es un documento preparado por la Comisión «Memoria y Solicitud» que he convocado en concomitancia con la llamada «verificación de colaboración» («lustracja») del clero en Cracovia y en otras ciudades de Polonia. Tras la apertura de los archivos de los servicios de seguridad comunistas, se verificó que algunos sacerdotes, religiosos y religiosas habrían colaborado con los mismos. En algunos casos sin embargo se trataba de acusaciones falsas, basadas en una documentación falseada por los mismos servicios. Se ha preparado una especie de «instrucción» de carácter teológico-pastoral, que explica la calificación moral de las diversas formas de colaboración y cómo debe comportarse la Iglesia respecto a los miembros del clero que tienen culpa.

–¿A qué conclusiones llegaron?

–Cardenal Dziwisz: El documento es bastante largo por lo que es difícil resumirlo en dos palabras. Antes que nada se dice claramente que toda colaboración deliberada y libre con los órganos de seguridad comunistas es un pecado. Además es un pecado público. En consecuencia, uno que quiere quitarse la culpa debería confesarla ante la propia conciencia, ante Dios y ante los hombres a los que se ha hecho mal. Debería luego pedir perdón y reparar el mal. El «Memorándum» recuerda sin embargo que todo esto debe llevar a la conversión y no a la condena, al perdón y no al odio y a la venganza.

–Cuando se trata del clero, ¿qué significa esto en la práctica?

–Cardenal Dziwisz: Un sacerdote debería voluntariamente confesar haber colaborado con los comunistas a su obispo o, si es religioso, al superior, explicando los motivos, el carácter de los contactos y los eventuales perjuicios que provocó a otras personas. Juntos decidirán cómo expiar y reparar el escándalo público. En algunos casos, será probablemente necesario que quienes desempeñan un cargo en la Iglesia (sobre todo un cargo importante) presenten la dimisión. De todos modos, todos aquellos que se presenten espontáneamente pueden contar con la misericordia y el perdón. De hecho, no creo que hayan sido numerosos los sacerdotes colaboracionistas.

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ZENIT Staff

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