Benedicto XVI se despide de Baviera

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«Quien cree nunca está solo», repite en el aeropuerto de Munich

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MUNICH, jueves, 14 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI se despidió este jueves de Alemania sintetizando el mensaje central que quería dejar a su patria en esta visita comenzada el 9 de septiembre: «Quien cree nunca está solo».

Por este motivo, en la ceremonia conclusiva del cuarto viaje apostólico internacional de este pontificado, que tuvo lugar en el aeropuerto internacional Franz Joseph Strauss de Munich, invitó a sus compatriotas a dar testimonio de la fe en el amor de Dios «en el actual mundo secularizado».

«Llevo impresas de manera indeleble en el espíritu las emociones suscitadas por el entusiasmo y la intensa religiosidad de multitudes de fieles, recogidas fervorosamente en la escucha de la Palabra de Dios y en la oración», reconoció el obispo de Roma.

«He podido darme cuenta –confesó– de cuántas personas, en Baviera, también hoy se esfuerzan por caminar por los caminos de Dios en comunión con sus pastores, comprometiéndose a dar testimonio de su fe en el actual mundo secularizado».

«Han sido días intensos, en los que he podido revivir con el recuerdo muchos acontecimientos del pasado que han marcado mi existencia».

«He venido a Alemania –aseguró– para volver a proponer a mis compatriotas las verdades eternas del Evangelio y confirmar a los creyentes en la adhesión a Cristo, Hijo de Dios, que se hizo hombre por la salvación del mundo. Estoy convencido de que en la fe en Él, en su palabra, se encuentra el camino no sólo para alcanzar la felicidad eterna, sino también para construir un futuro digno del hombre ya en esta tierra».

Al concluir, el Papa confió «el presente y el futuro de Baviera y de Alemania a la intercesión de todos los santos que han vivido en el territorio alemán, sirviendo fielmente a Cristo y experimentando en su existencia la verdad de esas palabras que ha acompañado como un leitmotiv las diferentes fases de la visita: “Quien cree nunca está solo”».

En la ceremonia participó el ministro presidente de Baviera Edmund Stoiber, quien agradeció a Benedicto XVI la «fiesta impresionante de la fe» que ha sido su viaje a su patria.

El avión que trasladó al Papa desde Munich a Roma, un Airbus 321 de la compañía alemana Lufthansa, sobrevoló las localidades en las que Joseph Ratzinger transcurrió su infancia y juventud: Marktl an Inn, la localidad donde nació; Tittmoning, donde el papa pasó los primeros años de su infancia; Aschau, donde fue a la escuela elemental, y Traunstein, donde vivió la familia Ratzinger y que el Papa considera su casa.

A los alcaldes de estas localidades el Santo Padre les envío un telegrama.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Ciampino el Papa se dirigió directamente a la residencia pontificia de Castel Gandolfo, donde este viernes tendrá lugar el inicio oficial del encargo del cardenal Tarcisio Bertone como secretario de Estado.

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ZENIT Staff

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