PALU, miércoles, 20 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Los tres católicos de Poso (Indonesia) condenados a muerte piden ser fusilados en público; quedan pocas horas para su ejecución, fruto de un proceso plagado de irregularidades.

Judicialmente se atribuyó a Fabianus Tibo, Dominggus Da Silva y Marinus Riwa su implicación en la muerte, hace seis años, de 200 musulmanes en el marco del choque interreligioso que ensangrentó las islas indonesias Sulawesi.

En conjunto, los sangrientos enfrentamientos de Poso -1998 a 2001- entre cristianos y musulmanes costaron la vida a más de dos mil personas.

Condenados desde el año 2000, los tres católicos vienen pasando por sucesivos aplazamientos de su ejecución, el último el pasado 12 de agosto; la víspera Benedicto XVI intervino ante el presidente de Indonesia solicitando un gesto de clemencia a favor de los tres condenados a la pena capital.

El martes se tuvo conocimiento de que la ejecución se había fijado para el 21 de septiembre.

Robert, el hijo mayor de Tibo, ha dado a conocer la última voluntad de los tres católicos –de la que se hace altavoz «AsiaNews.it»-: «La ejecución debe proceder en un área pública, a fin de satisfacer a quienes quieren nuestra muerte».

Según la agencia del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME), los tres católicos serán fusilados inmediatamente después de esta medianoche, en los primeros minuto del jueves.

«El caso de “Tibo y compañeros” ha atraído la atención internacional –recuerda la agencia del PIME-: el proceso que les ha llevado a la pena capital ha estado viciado de procedimientos ilegales, como testimonios no escuchados y pruebas no aceptadas por los tribunales». Igualmente se denunció muchas veces que la vía judicial se recorría marcada por intimidaciones a gran escala de extremistas islámicos

El martes los familiares de los tres detenidos pudieron acercarse a la cárcel Petobo, en Palu, para verles por última vez.

Les acompañó el padre Jimmy Tumbelaka, de la diócesis de Manado, y dos de los abogados del «Padma» (una agrupación interreligiosa de abogados que ha estado defendiendo a los tres acusados) que han llevado el caso: el padre Norbert Bethan y Stephen Roy Rening.

Éste último ha vuelto ha insistir en que la inminente ejecución es «contraria a la ley, visto que los condenados esperan aún la respuesta oficial del presidente Susilo Bambang Yudhoyono, a quien han sometido la segunda petición de gracia».

Por otro lado, los tres católicos han expresado el deseo de que sus restos se velen públicamente en la catedral de Santa María, de Palu.

«Dejad que de mi cuerpo se ocupe mi familia, no la Oficina del fiscal», pide Tibo.

Advierte el padre Tumbelaka: «El pelotón de ejecución ha sido elegido. El lugar y la hora fijados. Toda posible modificación está en manos de Dios».

La perspectiva del fusilamiento, que en los meses precedentes ha provocado grandes manifestaciones de protesta en el país, ha movido a elevar el nivel de seguridad en la cárcel Petobo.

Y no se detienen, entretanto, las críticas a la decisión judicial –subraya «AsiaNews.it»-: según Usman Hamid, director de la Comisión de Desaparecidos y Víctimas de Violencia (conocida como «Kontras»), «matando a los tres el Estado viola los derechos humanos e impide que se arroje luz sobre los verdaderos responsables de aquellos enfrentamientos» .

Indonesia es el mayor país musulmán del mundo: el 90% de sus 245 millones de habitantes pertenece a tal credo.