La pena de muerte, «una afrenta a la dignidad humana», según la Santa Sede

Declaración con motivo del congreso mundial celebrado en París

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 febrero 2007 (ZENIT.org).- En una declaración emitida con motivo del congreso mundial sobre la pena de muerte, la Santa Sede ha calificado esta práctica de «afrenta a la dignidad humana».

La cumbre, celebrada en Parías del 1 al 3 de febrero en París, ha contado con la participación de numerosas instituciones católicas comprometidas en la defensa de la vida humana.

La declaración escrita en francés constata que «el Congreso de París se celebra en un momento en que la campaña para la abolición de la pena de muerte ha afrontado retos inquietantes a causa de ejecuciones recientes».

«La opinión pública se ha sensibilizado y ha manifestado su preocupación por un reconocimiento más eficaz de la dignidad inalienable de los seres humanos y de la universalidad y la integridad de los derechos humanos, comenzando con el derecho a la vida», añade.

La Santa Sede aprovecha la celebración del congreso «para acoger y para afirmar de nuevo su apoyo a todas las iniciativas que quieren defender el valor inherente y la inviolabilidad de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural».

«En esta perspectiva –afirma la declaración–, llama la atención el hecho de que el uso de la pena de muerte es no sólo una negación del derecho a la vida sino también una afrenta a la dignidad humana».

«Mientras la Iglesia católica sigue sosteniendo que las autoridades legítimas del Estado tienen el deber de proteger a la sociedad de los agresores, y que algunos Estados incluían tradicionalmente la pena capital entre los medios utilizados para lograrlo, hoy es difícil justificar tal opción», afirma la declaración, recogida este miércoles por el Vatican Information Service (VIS).

De hecho, afirma la Santa Sede, los Estados cuentan con nuevos medios «para preservar el orden público y la seguridad de las personas, no sin ofrecer al mismo reo un estímulo y una ayuda para corregirse y enmendarse».

Tales métodos no letales de prevención y de castigo «corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana».

«Toda decisión de pena capital incurre en numerosos peligros», como «el de castigar a personas inocentes; la tentación de fomentar formas violentas de revancha en lugar de una justicia social verdadera; una ofensa clara a la inviolabilidad de la vida humana (…) y para los cristianos, un desprecio de la enseñanza evangélica sobre el perdón».

La declaración concluye mostrando el aprecio de la Santa Sede a los organizadores del Congreso, a los gobiernos y a cuantos trabajan «para abolir la pena capital o para imponer una moratoria universal en su aplicación».

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ZENIT Staff

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