ROMA, jueves, 15 febrero 2007 (ZENIT.org).- El padre Valentín Arteaga, superior general de los Clérigos Regulares Teatinos, ha sido el ganador del XXVI Premio de Poesía Mística Fernando Rielo de este año.

El padre Arteaga es escritor y poeta y su obra «Oficio en mi menor» ha merecido los 7.000 euros del reconocimiento que la Fundación Fernando Rielo concede anualmente al mejor libro de poemas místicos.

Valentín Arteaga comenta a Zenit este galardón y confiesa que «andar en poesía es andar de éxtasis en éxtasis. Balbucea uno. Le resulta dificilísimo expresar nada».

--Escribir poesía mística y ser premiado con 7000 euros es casi un milagro.
¿Cómo lo vive?


--P. Arteaga: Hace usted muy bien en sacar a relucir la palabra «milagro». Vivimos entre milagros y gracias a ellos. O sea, estremecidos y atónitos ante las cosas y los sucedidos.

La poesía es regalo y consecuencia de la admiración y le lleva a uno de la mano al agradecimiento.

Vivo la obtención del Premio «Fernando Rielo» desde la acción de gracias. ¿Lo de los siete mil euros? Le respondo sinceramente: han significado para mí un don del Dios providente que siempre sale al encuentro de los necesitados.

Los Teatinos somos ricos en pobreza e intentamos en nuestra vida buscar únicamente el Reino de Dios. Ahora bien, como la casa teatina de Nápoles, la más significativa de la Orden, está en la actualidad en situación muy precaria y preparando la celebración IV Centenario del «dies natalis» de San Andrés Avelino, pues a ella han ido a parar los siete mil euros.

--El jurado ha resaltado que en sus poemas hay pasión amorosa por lo
divino, referencias bíblicas y la nostalgia de un pasado transfigurado
por la fe. ¿Está de acuerdo?


--P. Arteaga: Efectivamente, el libro premiado es un libro de experiencia. La del arrebato y el temblor del Misterio. Deambulo por el territorio del corazón, que es el territorio de la memoria. Creer es recordar aturdidamente vislumbrando a la vez el futuro. El futuro es Dios.

En lo de las referencias bíblicas estoy de acuerdo. Al cabo y al fin, la Biblia, toda, es poesía pura. Canción y sobresalto místicos. Y la fe una sobrevisión. Nos concede la gracia de saber lo que no sabemos y de descubrir lo que no se ve.

--La mística, por definición, es de pocas palabras. ¿Qué es, para usted, la
poesía mística?


--P. Arteaga: Créame que, de entrada, no me es tan fácil responderle, porque, en mi opinión, la poesía, si es verdadera, no admite adjetivos. La poesía no es nada más que poesía.

Pero remite siempre a la contemplación. Andar en poesía es andar de éxtasis en éxtasis. Balbucea uno. Le resulta dificilísimo expresar nada. Es tratar de vencer a esta especie de ángel que pretende desnudarte.

Al final, con la ropa encima del suelo y vencido, sólo escuchas «ese no sé qué queda balbuciendo» de San Juan de la Cruz y te mueres de ganas de cobijarte en el silencio. Un buen poeta amigo decía que «la verdad más honda es el silencio.»

--¿Encuentra que la poesía, la belleza --lo bello y lo auténtico-- están
presentes en la Iglesia?

--P. Arteaga: Mire usted, la Iglesia es mucho más bella que la esposa del Cantar de los Cantares. Pero está formada por nosotros, clérigos y laicos, que, según parece, padecemos hoy en día, como cualquier hijo de vecino, del «déficit» del valor de la gratuidad.

La cultura actual está más por lo útil, lo práctico y lo rentable. Sucede también en lo pastoral. Se reduce la labor apostólica a planes y estrategias, dejando la poesía y la belleza a un lado como si fueran cosas de «rebajas». En Seminarios y Noviciados no hay lugar para perder el tiempo en entretenimientos estéticos.

A Dios gracias, el Papa Juan Pablo II escribía poesía y a Benedicto XVI le encanta interpretar de vez en cuando a Mozart. La gente del «Fernando Rielo», contracorriente, convoca cada año el Premio Mundial de Poesía Mística. Hace muy bien.

Yo tengo el convencimiento de que un salmo en perfecto gregoriano ayuda más a la experiencia creyente que leer, valga por caso, ciertas cartas pastorales.

San Cayetano, el fundador de los Teatinos, afirmaba que la Iglesia, «en sí misma sin mancha ni arruga pero prostituida en sus Ministros», necesita de clérigos que «hagan la virtud atractiva y aborrecibles los vicios.»

Como creo recordar que dijo Dostoevskij: «La belleza salvará el mundo.» El feísmo es ateo. Pero afirmó también Rainer Maria Rilke: «Malos tiempos estos para la poesía». Habrá que remediarlo, ¿no lo cree usted?