Primer sacerdote enviado desde Polonia a tierras chinas

El padre Czesław Jerzy Wojciechowski cuenta su profético itinerario hacia esta misión

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ROMA, viernes, 16 febrero 2007 (ZENIT.org).- Se prepara para dirigir hacia China sus pasos misioneros el padre Czesław Jerzy Wojciechowski, primer sacerdote polaco «fidei donum» («don de la fe») para esas tierras.

Un sacerdote «fidei donum» es aquél enviado por las diócesis más antiguas a las Iglesias jóvenes de otros continentes como misioneros.

La labor misionera, propiamente dicha, del padre Czesław Jerzy Wojciechowski comenzó en África; en su vida un anciano monje, que había sido confesor de Karol Wojtyla, le había dicho: «Mejor a China». Un «anuncio» que está a punto de materializarse.

De 36 años y sacerdote desde hace una década, el misionero polaco comparte en «AsiaNews.it» su testimonio y vocación.

Su primera labor, en la concatedral de Chelmza (Polonia) fue con un grupo de la Infancia Misionera, un contacto que mantuvo siendo después vicario en la parroquia de la Asunción en Torún. «Me preparaba también para partir al Chad, donde me habían invitado monseñor Charles Vandame SJ, actualmente arzobispo emérito de N’Djamena».

Dos años después de su ordenación, el obispo del padre C zesław Jerzy Wojciechowski le envió a Roma a estudiar Misiología.

«Durante casi cinco años hasta el doctorado viví cerca de la sede del PIME [Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras. Ndr] en el Colegio San Pedro. Junto a mis amigos de Bangladesh o de China a veces tenía ocasión de hablar con sacerdotes del PIME. En noviembre de 2001 acudí a Ducenta para orar ante la sepultura del beato [miembro del Instituto. Ndr.] Paolo Manna, confiándole mi futuro misionero», relata.

En 2003 ya pudo servir como misionero en el seminario mayor de San Mbaga Tuzinde en Sarh (Chad); era prefecto de estudios y enseñaba Liturgia, Patrología e Historia de la Iglesia.

«Sabía que allí cerca, en Yagoua, había una comunidad del PIME. Decidí entonces escribir una carta al padre Fernando Galbiati, secretario de las Obras Misionales Pontificias, preguntándole por la posibilidad de asociarme al PIME, porque la vida solitaria en las misiones parecía para mí insuficiente», reconoce.

«Recibí una respuesta directamente del vicario general [del Instituto], el padre Luigi Bonalumi, quien me acompañó durante estos tres años de espera de la decisión final de mi obispo», prosigue.

Entretanto, habiendo regresado a Polonia, enfermo de malaria, los especialistas en medicina tropical le desaconsejaron volver a África, sino a lugares donde no hubiera riesgo de la enfermedad.

«Entre los países «ad gentes» indicados estaban sobre todo China y Mongolia. Y cuando el padre Luigi Bonalumi escribió la primera petición a mi obispo Andrea Suski, indicó tres países donde podría servir a la Iglesia con el PIME: Japón, Camboya y China. Mi obispo eligió China -confirma-, si bien me hizo aguardar casi dieciocho meses».

Es un tiempo en que fue nombrado padre espiritual en el Centro nacional de la formación misionera y responsable del Instituto misionero del laicado en Varsovia. «Aquí di los primeros pasos en la lengua china con una señora refugiada de China», comenta.

Finalmente el pasado septiembre «entró en el mundo asiático» como participante del VII Coloquio europeo-católico sobre China en Triuggio, y después gracias al I Congreso Misionero Asiático en Tailandia.

A finales de mayo el padre Czesław Jerzy Wojciechowski concluirá su compromiso en Polonia; después partirá a Nueva York para mejorar su inglés y pasada la Navidad se trasladará ya a Hong Kong.

Un camino que, en su opinión, comenzó en 1998: «Junto a mi amigo Pawel fui a Frascati (Italia) para visitar a un anciano monje polaco, el padre Rostworowski, que había sido confesor de Karol Wojtyla».

«Me preguntó: «¿Dónde vas como misionero?»; le contesté: «A Chad». Y él dijo: «Me parece que sería mejor servir a la Iglesia en China»», añade.

«No pensaba que fuera una profecía, hasta que la Providencia Divina me dio una clara respuesta, que para mí es un reto que debo asumir», concluye.

El PIME nació el 30 de julio de 1850 en Saronno (Milán), del corazón de Pío IX, quien dio un fuerte impulso a las misiones extranjeras. Su configuración propiamente dicha como Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras se debe a la voluntad de Pío XI.

En sus años de existencia, con un número limitado de misioneros –sacerdotes y laicos consagrados-, el PIME ha fundado 40 diócesis, sobre todo en Asia, pero también en otros continentes. Sigue desarrollando su labor en cerca de una veintena de países de los cinco continentes.

El Instituto ha dado a la Iglesia 18 mártires, 1.700 misioneros, 70 obispos o prefectos y vicarios apostólicos.

Tiene, por ahora, un santo -Alberico Crescitelli, martirizado en China (1863-1900)- y dos beatos, Giovanni Mazzucconi –mártir en Oceanía (1926-1855)- y Paolo Manna (1872-1952) -fundador de la «Pontificia Unión misionera del clero y de los religiosos».

Actualmente tiene además en proceso las causas de canonización del fundador, monseñor Angelo Ramazzotti (1800, fallecido Patriarca de Venecia en 1861); de dos misioneros en Birmania –el padre Clemente Vismara (1897-1988) y el hermano Felice Tantardini (1898-1991)-; del padre Carlo Salerio (1827-1870) –misionero en Oceanía y fundador de las Hermanas de la Reparación-, del padre Alfredo Cremonesi (1902-1953) y del padre Mario Vergara (1910-1950), ambos mártires en Birmania; y del doctor Marcello Candia (1916-1983) –misionero laico milanés que trabajó con los misioneros del PIME en Amazonia-.

Más información en http://www.pime.org/ .

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ZENIT Staff

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