En la globalización, Europa debe redescubrir sus raíces cristianas, constata el Papa

No hay alternativa a la convivencia social surgida de la tradición judeocristiana

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VIENA, viernes, 7 septiembre 2007 (ZENIT.org).- En tiempos de globalización y de eficacia económica, para ser ella misma y desempeñar su papel, Europa tiene que redescubrir sus raíces cristianas, afirmó Benedicto XVI en su primer día de viaje a Austria.

«La «casa Europa»», dijo en la Sala de Recepciones de la residencia imperial de Hofburg, en el encuentro con los dirigentes políticos austriacos y con el cuerpo diplomático, «será para todos un lugar agradable para vivir sólo si se construye sobre un sólido fundamento cultural y moral de valores que sacamos de nuestra historia y tradiciones».

«Europa no puede y no debe renegar de sus raíces cristianas. Son un elemento dinámico de nuestra civilización para el camino en el tercer milenio», explicó a un auditorio en el que también estaban presentes exponentes del mundo de la cultura, en particular, rectores de las universidades del país.

El Papa comentó el concepto de «modelo de vida europeo» concebido en la opinión pública como «un orden social que significa eficacia económica con justicia social, pluralismo político con tolerancia, liberalidad y apertura pero al mismo tiempo conservación de valores que han dado a este continente su posición particular».

«Este modelo, bajo los condicionamientos de la economía moderna, se encuentra ante un gran desafío», reconoció.

«La frecuentemente citada globalización no puede ser detenida, pero es una tarea urgente y una gran responsabilidad de la política dar a la globalización un orden y límites adecuados para evitar que tenga lugar en detrimento de los países más pobres y de las personas pobres en los países ricos, dañando a las generaciones futuras», añadió.

En este contexto, citó al filósofo y amigo Jürgen Habermas, quien no se reconoce en la fe cristiana, para recordar que los grandes valores europeos de «libertad y de convivencia social son una herencia inmediata de la justicia judía y de la ética cristiana del amor».

«Inmutada en su esencia, esta herencia ha sido siempre asumida de manera crítica y reinterpretada. Hasta el día de hoy no existe una alternativa», constató el Papa citando al filósofo y pensador alemán.

Por eso, el obispo de Roma ha pedido a la Unión Europea que viva también hoy estos valores, en particular, asumiendo «un papel de guía en la lucha contra la pobreza en el mundo y en el compromiso a favor de la paz».

«Con gratitud podemos constatar que los países europeos y la Unión Europea se encuentran entre los que contribuyen principalmente al desarrollo internacional, pero deberían también hacer valer su peso político, por ejemplo, ante los urgentísimos desafíos planteados por África, ante las enormes tragedias de ese continente, como el flagelo del sida y la situación de Darfur, el injusto abuso de los recursos naturales y el preocupante tráfico de armas», explicó.

«Así también el compromiso político y diplomático de Europa y de sus países no puede olvidar la grave situación de Oriente Medio, donde hace falta la contribución de todos para favorecer la renuncia a la violencia, el diálogo recíproco y una convivencia verdaderamente pacífica».

«Tiene que seguir creciendo también la relación con las naciones de América Latina y con las del continente asiático, a través de oportunos lazos de intercambio», dijo entre sus propuestas para Europa.

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ZENIT Staff

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