La plaga de la pobreza

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Muchos países dejados atrás en el desarrollo económico

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ROMA, miércoles, 14 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Los países más pobres necesitan ayuda, y es necesario que los países más desarrollados acudan con esta ayuda, ha insistido en tiempos recientes el Vaticano.

Casi 10 millones de niños menores de 5 años mueren cada año por enfermedades prevenibles, denunciaba el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

El discurso del arzobispo el 9 de octubre ante la Asamblea General de Naciones Unidas examinaba el progreso para lograr los objetivos de desarrollo, conocidos como Objetivos de Desarrollo del Milenio.

«La comunidad mundial parece haber perdido el enfoque de la necesidad de asegurar el derecho a la asistencia sanitaria básica para todos», añadía.

El arzobispo Migliore reconocía que algunos países han hecho avances, pero algunos países están arrastrando al resto del mundo en desarrollo. Pedía una mayor atención a estos estados, y el impulso de más inversiones y la creación de un clima económico y social favorable, junto con el establecimiento de la paz, la seguridad y el imperio de la ley.

El 19 de octubre, el arzobispo Migliore volvía a tocar la cuestión del desarrollo, en un discurso a la Asamblea General sobre el proyecto NEPAD, Nueva Alianza para el Desarrollo de África.

África ha comenzado a beneficiarse de esta iniciativa, observaba, en parte debido a las favorables condiciones económicas internacionales. «No obstante, estos signos positivos se frenan por el fuerte contraste con las situaciones de conflicto y la realidad de las formas de pobreza extremas difíciles de desarraigar», añadía el representante de la Santa Sede.

Hacía un llamamiento a renovar los esfuerzos de prevención, gestión y resolución de conflictos en África. Un acceso más justo a los mercados mundiales, más inversión, transferencia de tecnología y mejores sistemas educativos y sanitarios estaban entre los puntos puestos de relieve por el arzobispo Migliore.

La trampa de la pobreza
Paul Collier, un profesor de economía de la Universidad de Oxford, presentaba un análisis de por qué muchos países pobres no logran desarrollarse. Su libro, publicado a principios de año, se titulaba: «The Bottom Billion: Why the Poorest Countries Are Falling and What Can Be Done About It» (Los Mil Millones de Abajo: Por qué los Países más Pobres Fallan y Qué puede hacerse al respecto) (Oxford University Press).

Un grupo de naciones concentradas en África y Asia Central, que suman cerca de mil millones de la población mundial, parecen enfrentarse a problemas insuperables en sus intentos por lograr el crecimiento económico. La respuesta, sostiene Collier, no es, desafortunadamente, tan simple como darles más dinero. De hecho, con algunas excepciones, las ayudas no han hecho bien en estos países y el cambio debe venir sobre todo desde dentro.

Collier reconocía que las diversas trampas en las que caen estos países, que contribuyen a que sigan siendo pobres, son de hecho complejas. Su libro, sin embargo, se concentra en cuatro de las más importantes.

— La trampa del conflicto. Casi el 73% de las personas que viven en estas sociedades han pasado por una guerra civil o están todavía en una. Las guerras civiles no sólo son sangrientas y económicamente destructivas, sino que también tienden a durar más que los conflictos internacionales.

— La trampa de los recursos naturales. Muchos países que logran exportar recursos naturales fallan a la hora de desarrollar otros sectores de sus economías y tienden a experimentar ciclos de expansión y contracción, conforme fluctúan los precios de estas exportaciones. De igual forma, el dinero fácil de las exportaciones, especialmente en el caso del petróleo, tiende a fomentar la corrupción y a inflar el sector público.

— La trampa de estar encerrado tras malos vecinos. Un país sin acceso directo al mar se enfrenta a mayores costes de importación y exportación. Si además de este factor los países vecinos tienen una pobre infraestructura de transportes, o están en medio de conflictos, los costes pronto se disparan.

— La trampa de un mal gobierno en un pequeño país. Un mal gobierno y una política económica errónea pronto destruyen una economía. Collier observa que muchos de los políticos y altos funcionarios viven una vida de privilegios y riquezas, inmunes a la pobreza y al caos que sus políticas inflingen al resto de la población.

Está lejos de ser fácil encontrar los remedios que superen estas trampas. Collier sugería diversas medidas, que van desde mayores esfuerzos internacionales para poner fin a los conflictos y a las guerras civiles a esfuerzos renovados contra la corrupción y la adopción de sanas políticas económicas. El establecimiento del imperio de la ley y una mayor transparencia de los gobiernos, además de reformas en la forma en que se administran las ayudas, están entre sus recomendaciones.

Invertir más
Alguna buena noticia se desprende del «Informe de Inversión Mundial 2007», publicado el 16 de octubre por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Por tercer año consecutivo, en el 2006 subió la inversión mundial extranjera directa. Subió un 38% hasta los 1.306 miles de millones de dólares. El informe observaba que está cerca del nivel record alcanzado en el 2000, de 1.411 miles de millones de dólares. Además, el crecimiento de la inversión ha tenido lugar en los tres grupos de economías, países desarrollados, países en desarrollo y economías de transición del sureste de Europa y de la Comunidad de Estados Independientes.

Una causa significativa de este aumento se debe al incremento de los beneficios empresariales y un mayor precio de las mercancías, junto con un valor más alto de las fusiones y adquisiciones transfronterizas. No obstante, el UNCTAD comentaba que también han aumentado las nuevas inversiones en países en desarrollo.

África ha atraído, en el 2006, 36.000 millones de dólares en inversiones, el doble que en el 2004. Según el informe, esto se ha debido a un interés en aumento en los recursos naturales, una mejora de las perspectivas de beneficios de las empresas y un clima económico más favorable.

El informe también observaba que ha cambiado el perfil geográfico de las inversiones. Hay un incremento en la afluencia de fondos de las economías en desarrollo y de transición, en vez del perfil tradicional de las inversiones de países más ricos en países más pobres. China ha consolidado su posición como el mayor inversor, y la India se le está aproximando rápidamente, observaba el UNCTAD.

Otro informe del UNCTAD miraba más de cerca la situación económica de África, «Desarrollo Económico en África», publicado el 11 de octubre. En él se observaba que la reciente consolidación económica de África ha sido fuerte, con un índice de crecimiento del 5,7%.

Estos índices son insuficientes, no obstante, para que los países africanos alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio de lograr reducir a la mitad la pobreza para el 2015. Lograr esta meta requiere un crecimiento entre el 7% y el 8%.

Entre los factores que han lastrado el crecimiento económico, el informe comentaba la falta de protección legal para los inversores y las altas tasas de impuestos. Los países africanos han sufrido también de la falta de diversificación de sus exportaciones.

Además, el informe animaba a que cada país imponga una apropiada serie de políticas, adaptadas a su situación específica, en vez de la imposición de una postura unilateral ante el desarrollo económico.

Una tarea moral
La lucha contra la pobreza es un deber moral, indicaba el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la oficina de Naciones Unidas de Ginebra, en la sesión del 4 de julio del Con
sejo Económico y Social de Naciones Unidas.

En algunas regiones de África y Asia, la esperanza de vida es casi la mitad de la de un país rico y el analfabetismo alcanza niveles altos, apuntaba.

Observaba que las mejoras buscadas a través de la ayuda y la cancelación de la deuda externa no han logrado todos los resultados esperados. El arzobispo sugería que una mayor concentración en proyectos que creen puestos de trabajo sería una forma de reducir la pobreza. «El trabajo es la única posibilidad para una comunidad de generar su propio valor añadido que pague sus salida de la pobreza», afirmaba.

La Santa Sede, enfatizaba el arzobispo Tomasi, ha insistido en repetidas ocasiones en la responsabilidad de los países más pobres en esforzarse por el buen gobierno y en hacer todo lo que puedan por eliminar la pobreza. No menos vital es la ayuda de otros países en mejor situación. Esta asistencia es una seria responsabilidad moral.

Por el padre John Flynn, L. C.

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ZENIT Staff

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