Identidad y raíz de los católicos, preocupación del episcopado canadiense

Reconoce su nuevo presidente, monseñor James Weisgerber

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 15 noviembre 2007 (ZENIT.org).- El nuevo presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Canadá, el arzobispo de Winnipeg, monseñor James Weisgerber, reconoce como preocupación el riesgo de los católicos de perder su identidad.

 

En una entrevista concedida a «L’Osservatore Romano» –edición diaria italiana del 11 de noviembre de 2007–, el prelado habla de las mayores preocupaciones de la Iglesia en Canadá enfocándolas en la necesidad de reencontrar las raíces cristianas.

«Esto lo podemos lograr comprometiéndonos diariamente a formar las almas de los adolescentes y a consolidar la fe en los adultos», «un desafío para nosotros que requiere mucho empeño y constancia», dice el presidente del episcopado canadiense.

Acaba de encabezar una delegación de obispos de su país en una serie de encuentros en el Vaticano.

La ciudad de Québec acogerá, del 15 al 22 de junio próximo, el 49º Congreso Eucarístico Internacional, cuyo tema será «La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo».

Coincide con las celebraciones por el 400º aniversario de la fundación la ciudad de Québec, y por lo tanto, de la llegada de la fe católica a esa parte del mundo.

Se esperan 15 mil participantes en esta convocatoria. El Papa ya había expresado al cardenal Marc Ouellet –arzobispo local– su deseo de acudir a la gran cita eucarística. Si se realizara su viaje, uno de los momentos memorables del Congreso sería la ceremonia de clausura, que podría llegar a reunir a más de un cuarto de millón de personas.

De este tema, proyectos, preocupaciones y retos de la Iglesia católica en el plano internacional, «pero en primer lugar en el escenario canadiense», ha habido oportunidad de hablar estos días en Roma, señala el diario del Papa.

Al diálogo de los católicos con el resto de la sociedad se refiere monseñor Weisgerber: «Puedo decir francamente –apunta en el diario romano– que tenemos óptimas relaciones con las demás Iglesia presentes», «en particular con la anglicana y luterana».

Además, la Conferencia episcopal del país está comprometida en diversas conversaciones y reflexiones a través de un comité con la comunidad musulmana –explica–, una consulta con la comunidad judía y diálogos ecuménicos con la Iglesia anglicana, uniata y ortodoxa.

Todo ello promueve «la compresión recíproca, el intercambio de ideas sobre temas religiosos y sociales y la participación en proyectos comunes de interés compartido», apunta el prelado en «L’Osservatore Romano».

Y es que «la religión no debe dividir. Debe servir para unir personas que tiene como punto de referencia a Dios», recalca.

Por Marta Lago

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ZENIT Staff

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