Los desafíos del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

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Entrevista con su presidente, arzobispo Claudio Maria Celli

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Nombrado presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales por Benedicto XVI, en junio pasado, el arzobispo Claudio Maria Celli presenta, en esta entrevista concedida a Zenit, los primeros proyectos de su dicasterio.

–Su primera misión en el exterior le llevó a presidir en Honduras la reunión continental de la Red Informática en América Latina (RIIAL). Hoy, en que los nuevos medios, en cierto sentido, arrastran a toda la sociedad, usted empezó su mandato fuera, confrontándose con la cultura digital. ¿Cómo fue su experiencia?

–Arzobispo Celli: Para mí fue una experiencia muy positiva. Estoy especialmente ligado a Honduras. Con Honduras estuvo relacionado mi primer compromiso en la Santa Sede, iniciado en 1970. Entonces fui como secretario de la Nunciatura Apostólica. Ahora la providencia ha querido que mi primera misión como presidente del Consejo fuera justo a Honduras, para un encuentro latinoamericano. Fue el décimo encuentro de la Red Informática de la Iglesia en América Latina. Quedé contento de esta experiencia.

Pude ver una gran competencia técnica, pero, sobre todo, un profundo sentido de Iglesia. Es decir, me pareció descubrir en todas las intervenciones la conciencia de ser miembros de la Iglesia y trabajar en la Iglesia y con la Iglesia, por el bien de la humanidad que camina en aquellas tierras. Y esto para mí ha sido positivo.

–¿Cuál es el desafío de la Iglesia en el nuevo contexto de la era digital?

–Arzobispo Celli: Es algo muy extraño. Los medios de comunicación social son un desafío, porque ya no se trata de tener o no tener un medio de comunicación. Vivimos ya en una cultura digital, en un contexto de cultura digital. En un libro, el cardenal Carlo Maria Martini nos hizo darnos cuenta de que la realidad digital es el aire que respiramos cotidianamente. Por tanto, por un lado, es un desafío, porque se nos presenta una realidad que debemos comprender y servir, que debemos amar. Y, por tanto, debemos estar presentes, y esta Red Informática de la Iglesia en América Latina es una respuesta a este problema. Por esto, en Honduras hablé de «diaconía de la cultura digital».

–Es una nueva frontera de misión…

–Arzobispo Celli: Este encuentro continental fue el primero tras la V Conferencia General de los Obispos de América Latina en Aparecida, y el documento de Aparecida pide a todos los discípulos de Jesucristo ser misioneros. Traduje esta dimensión misionera con la expresión «diaconía de la cultura digital», que subraya esta actitud de servicio. Este es el desafío. Un desafío que debemos afrontar allí donde el hombre tenga que vivir en este contexto. Al mismo tiempo, los medios de comunicación social son una gran oportunidad para encontrar una ayuda en la difusión del mensaje evangélico. Hay una intervención de Pío XII, en la que el Papa se refiere a los medios de comunicación de su tiempo definiéndolos «don de Dios». Imagínese si viviera hoy… Y es innegable que estos medios ponen a disposición de quien quiere ser misionero posibilidades grandiosas.

Por tanto, vemos que son un don, una oportunidad fantástica, y al mismo tiempo un desafío. Este es el tema de fondo de todos nuestros problemas. En América Latina, quedé contento porque existe ya una realidad viva, operante, que no abarca sólo a este o aquel país. Los presentes procedían desde México a Brasil. Y cada uno no sólo habló de lo que está haciendo, sino que encontré verdaderamente genialidades, porque uno de los temas fuertes de la RIIAL es hacer que este servicio de los medios de comunicación social llegue hasta las zonas más pobres. No es ciertamente el caso de otros continentes. Pero confieso que mientras me encontraba en América Latina y observaba esta riqueza y potencialidad, me hacía interrogantes sobre África, por ejemplo.

En efecto, querría mirar al futuro. Pienso que el Consejo deberá dedicar una gran atención a África. Porque es un continente que se encuentra en un estado de mayor retraso. Es verdad que hay varias Áfricas, porque una cosa es Sudáfrica y otra la de otros países, en los que hay graves problemas. Pero hay una dificultad: mientras que la RIIAL en América Latina puede actuar con facilidad, y puede desempeñar un servicio, porque usa dos idiomas (sólo Brasil habla portugués), África tienes tres grandes idiomas, digamos internacionales –francés, inglés y portugués–, pero luego se dan una multitud de lenguas que innegablemente son una dificultad para el desarrollo de ciertos servicios.

Juan Pablo II fue muy clarividente al definir el título de la RIIAL: habló de Red Informática de la Iglesia en América Latina, como indicando que un día esta misma red informática de la Iglesia debería estar presente también en otros países. Y estamos ya pensando en ello. Por tanto, miro con mucha esperanza a lo que estamos haciendo en este momento, en América Latina.

Me gustó mucho que la RIIAL se mueva en esta cercana colaboración entre el Consejo Pontificio de Comunicación Social y el Episcopado Latinoamericano. Estuvo el presidente de la Comisión de Medios de Comunicación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y, en esta semana de trabajos en común, logramos un profundo entendimiento. Creo que este entendimiento servirá para nuevas posibilidades de trabajo. Estamos sólo a los comienzos y un entendimiento tan profundo entre el Episcopado Latinoamericano y el Consejo Pontificio es verdaderamente precursor de frutos abundantes para el futuro.

–Hoy se da un nuevo desafío para la justicia social: la marginación de quienes no tienen acceso a las nuevas tecnologías. En su discurso en Honduras, usted habló de la «info-pobreza». ¿Cómo interpela este fenómeno a la Iglesia y al Consejo Pontificio de Comunicación Social?

–Arzobispo Celli: Es una realidad. El analfabetismo de antes, que es una de las trágicas consecuencias de la pobreza socioeconómica, hoy se presenta también bajo el aspecto de «info-pobreza». El Consejo no puede solucionarlo todo. Pero lo que el Consejo puede hacer junto a la Iglesia Latinoamericana –y hay proyectos de la RIIAL a este respecto–, es buscar aportaciones para superar las nuevas barreras que se están creando. Porque cuanto más mantenemos aisladas a gran número de personas, más pobre será el mundo, porque estas personas, el día de mañana, oportunamente ayudadas, educadas también a usar estos medios de comunicación, podrán enriquecer el camino de la humanidad.

–¿Cuáles son los proyectos futuros del Consejo para la Comunicación Social?

–Arzobispo Celli: En este momento estamos pensando todavía a breve plazo, es decir en los primeros seis meses del año próximo –entre otras cosas porque acabamos de trasladar nuestra sede a la Vía de la Conciliación, 5, en Roma–.

En estos meses me he entrevistado con muchas personas. El mismo encuentro en Honduras fue valioso en este sentido; pero también aquí en Roma, he tenido la oportunidad de encontrarme con representantes de los episcopados y con personas atentas a estos problemas, y me pareció importante mantener un primer encuentro con las facultades de comunicación social de las Universidades eclesiásticas romanas.

Estuvieron presentes cinco Universidades, cuatro pontificias y una católica: la Gregoriana, con los jesuitas; los salesianos; el Opus Dei con la Santa Cruz; Letrán y la LUMSA. Y decidimos volvernos a ver regularmente, porque por una parte considero que el Consejo Pontificio necesita ser acompañado y apoyado por una profunda reflexión académica, pues el Consejo quiere trabajar en este servicio, en esta «diaconía de la cultura».

Puedo anunciar que después de Pascua trataremos de organizar un congreso mundial de facultades de comunicación social de las universidades católic
as, esparcidas por el mundo, porque tenemos que reencontrar el sentido de esta presencia. Hay certezas, hay logros muy positivos, pero pienso que uno de los grandes desafíos que tenemos que afrontar juntos es el de mirar al futuro, y ver cómo el mundo académico, especialmente el de inspiración católica, es capaz de aportar una ayuda positiva. Por tanto pienso que, después de Pascua, antes del verano, organizaremos este Congreso, sobre el que estamos ya trabajando, consultando a quien ya se encuentra sobre el terreno.

El segundo tema, que me parece muy importante, es una reflexión amplia sobre la teología de la comunicación. Hablamos de ello. En Honduras, surgió una sugerencia para utilizar las nuevas tecnologías para que haya una búsqueda conjunta en el uso propio de los medios de comunicación social. Por tanto, en este momento estamos estudiando cómo hacer, pero ciertamente esto será un tema de fondo.

El otro tema, en cambio, que tocaremos antes del verano será un encuentro, siempre a nivel internacional, con las radios católicas, esparcidas por el mundo. Radio que, como dijeron los obispos que me encontré en este periodo, están dando un gran servicio. Pero también aquí se advierte la necesidad del redescubrimiento.

El año próximo, se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el gran tema de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. Y la pregunta que nos tenemos que hacer es cómo nuestros medios de comunicación social prestan su servicio para que esta Palabra llegue a un número más amplio de personas y pueda fecundar el terreno. Por tanto, probablemente, organizaremos un encuentro internacional de las radios católicas esparcidas por el mundo.

Luego, otra gran inquietud que llevo dentro, pero deberemos verificarla poco a poco, es la atención a quien camina solo en la vida, a veces con profunda nostalgia de Dios. Creo que nuestros medios de comunicación social, como los periódicos, las revistas, la radio y la televisión –en este tiempo de relativismo, de incertidumbres, de dudas, pero a veces de gran nostalgia– pueden ser de ayuda en este camino. Estar cercanos a quien camina por la vía de la vida y que aún le cuesta comprender, no conoce o no sabe.

Estas serían en cierto sentido las ideas que tenemos por el momento. Luego, nos actualizaremos poco a poco mientras avanzamos.

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ZENIT Staff

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