La Iglesia en Colombia invitó a unirse a las marchas contra los secuestros

Movilización internacional en 131 ciudades contra las FARC

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BOGOTÁ, martes, 5 febrero 2008 (ZENIT.org).- El secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) reiteró el 1 de febrero que la petición de la Iglesia de unirse a las marchas que se celebraron el 4 de febrero como un «rechazo al crimen horroroso del secuestro» y no «contra otras cosas».

La Iglesia colombiana invitó a los colombianos a unirse a la movilización expresando «su anhelo de paz y reconciliación».

La movilización internacional con el lema «No a las Farc» se produjo en las calles de 131 ciudades de todo el mundo, tras una convocatoria hecha a través de Internet. Un ingeniero de sistemas de la ciudad colombiana de Barranquilla, Óscar Morales Guevara, lanzó la campaña «Un millón de voces contra las Farc», en la red social de Internet Facebook.

El secretario general de los obispos, monseñor Fabián Marulanda, aseguró que las marchas y movilizaciones deben ser para rechazar el secuestro y pedir la liberación de las personas secuestradas, según informa la página web de la CEC.

Las expresiones pacíficas que se lleven a cabo en Colombia y en algunos países, no deben ser «contra otras cosas» sino un «rechazo al crimen horroroso del secuestro», explicó Marulanda en el marco de la LXXXIV Asamblea Plenaria del Episcopado que se celebra en Bogotá.

El secretario general de la CEC aseguró que en Colombia «hay unidad en el rechazo al secuestro», pero aclaró que esa misma idea «se puede expresar de muchas maneras».

Agregó que de parte de la Iglesia «no tenemos ningún interés político» y la convocatoria lo que busca es «pedir la liberación de todos los secuestrados del país».

«Además del signo externo de la movilización –precisa el comunicado firmado por el presidente de la CEC, monseñor Luis Augusto Castro–, estaremos orando con nuestras comunidades e implorando del Señor el don inestimable de la Paz».

Los obispos extienden su llamamiento «a continuar en la búsqueda de alternativas que hagan posible el acercamiento entre el Gobierno Nacional y los grupos armados en orden a la solución del conflicto social y armado, anteponiendo la conciencia de lo humanitario a cualquier otro interés o cálculo político».

Por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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