Benedicto XVI: La religión en Tierra Santa, solución y no causa de conflicto

Análisis al hacer un balance de su visita con los peregrinos

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 20 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este miércoles al hacer un balance de su visita a Tierra Santa que la religión debe ser solución y no causa de conflicto.

En su intervención ante los más de 20 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro bajo un fuerte sol, el Santo Padre recordó los momentos más importantes de su duodécimo viaje internacional que del 8 al 15 de mayo le llevó por Jordania, Israel y los Territorios Palestinos.

Evocando, en primer lugar su visita al Reino Hachemita, reconoció su respeto «por la libertad religiosa y la tradición cristiana», manifestando por este motivo su «gran aprecio», en particular al concluir su visita a la mezquita nacional jordana, la segunda de su pontificado y la tercera de un Papa.

«¡Qué importante es el que los cristianos y los musulmanes convivan pacíficamente respetándose mutuamente!», afirmó. «Gracias a Dios y al compromiso de los gobernantes, esto sucede en Jordania. He rezado mucho para que sea también así en otros lugares, pensando sobre todo en los cristianos que viven una situación difícil en Irak».

Luego, hablando de su viaje a Israel y a los Territorios Palestinos, recordó que se presentó «como peregrino de paz para implorar de Dios que en el lugar donde se hizo hombre todos los hombres vivan como hijos suyos, es decir como hermanos».

«En esa Tierra bendecida por Dios a veces parece imposible salir de la espiral de la violencia. Pero, ¡nada es imposible para Dios y para cuantos confían en Él!», aseguró.

«Por eso, la fe en un único Dios, justo y misericordioso, que es el recurso más precioso de estos pueblos, debe liberar toda su carga de respeto, de reconciliación y colaboración», dijo, explicando así el motivo de sus encuentros con el gran mufti y a los jefes de la comunidad islámica de Jerusalén, como al gran rabinado de Israel, con las organizaciones comprometidas en el diálogo interreligioso, así como en su reunión con los jefes religiosos de Galilea.

Según el pontífice, «Jerusalén es la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas, y su mismo nombre –‘ciudad de la paz’– expresa el designio de Dios sobre la humanidad: hacer de ella una gran familia».

«Todos los creyentes, por tanto, deben dejar atrás prejuicios y voluntad de dominio y practicar con concordia el mandamiento fundamental: amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a nosotros mismos», afirmó.

«Esto es lo que están llamados a testimoniar los judíos, los cristianos y los musulmanes para honrar con los hechos al Dios que rezan con los labios», aseguró.

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ZENIT Staff

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