Solidaridad para que la crisis no se convierta en catástrofe, exige el Papa

Pide más ayuda al desarrollo a los países ricos

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 29 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pidió este viernes a los países ricos aumentar su ayuda a las naciones en vías de desarrollo para evitar que la actual crisis económica mundial se convierta en una catástrofe.

El pontífice alertó asimismo ante el peligro de que las desigualdades produzcan conflictos al recibir este viernes al recibir las cartas credenciales los embajadores ante la Santa Sede de Mongolia, la India, Benín, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Burkina Faso, Namibia, Noruega.

En el discurso colectivo que les dirigió en francés, el Santo Padre consideró que «hoy, en la crisis social y económica que experimenta el mundo es urgente tomar de nuevo conciencia de que hay que luchar de manera eficaz para establecer una paz auténtica a favor de la construcción de un mundo más justo y próspero para todos».

En efecto, subrayó, «las injusticias, a menudo tan escandalosas entre las naciones o en su seno, al igual que todos los procesos que contribuyen a suscitar divisiones entre los pueblos o a marginarlos, representan atentados contra la paz y crean graves riesgos de conflictos».

Por eso, como «una de las vías maestras para construir la paz», presentó «una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana», a través de «una fuerte solidaridad global, tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico».

«La paz sólo puede construirse tratando firmemente de eliminar la desigualdad engendrada por sistemas injustos para garantizar a todos un nivel de vida que permita una existencia digna y próspera», recalcó.

Estas desigualdades, denunció, «se han hecho todavía más escandalosas a causa de la crisis financiera y económica actual que se expande a través de diferentes canales en los países de escaso rédito»: «el reflujo de las inversiones extranjeras, la caída de la demanda de materias primas y la tendencia a la disminución de la ayuda internacional».

«A esto –siguió diciendo–, se le añade la regresión en las remesas a las familias de los emigrantes, víctimas de la recesión que también afecta a los países que los acogen».

Esta crisis, advirtió, «puede transformarse en una catástrofe para los habitantes de los países más frágiles. Quienes ya vivían en la extrema pobreza, son los primeros afectados, pues son los más vulnerables».

«Esta crisis lleva también a caer en la pobreza a personas que hasta ahora vivían de manera decente, aunque no fueran acomodadas».

«La pobreza aumenta y tiene consecuencias graves y en ocasiones irreversibles. De este modo, la recesión engendrada por la crisis económica puede convertirse en una amenaza para la existencia misma de innumerables individuos», afirmó.

«Los niños son las primeras víctimas inocentes que hay que proteger con prioridad. La crisis económica, al mismo tiempo, tiene otro efecto».

Ante esta realidad, el Papa pidió seguir el ejemplo de algunos países que «han decidido no disminuir su ayuda a los países más amenazados, proponiéndose por el contrario aumentarla».

«Convendría que otros países desarrollados siguieran su ejemplo para que los países necesitados puedan sostener su economía y consolidar las medidas sociales destinadas a proteger a las poblaciones más necesitadas», afirmó.

Por este motivo, hizo «un llamamiento a una mayor fraternidad y solidaridad y a una generosidad global realmente vivida».

«Esto requiere –concluyó– que los países desarrollados reencuentren el sentido de la medida y de la sobriedad en la economía y en sus estilos de vida».

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ZENIT Staff

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