Nuevo superior de los escolapios: hay que fortalecer a religiosos y laicos

El padre Pedro Aguado

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HUESCA, lunes, 20 de julio de 2009 (ZENIT.org).- El nuevo padre general de los escolapios, el bilbaíno Pedro Aguado, considera que «hay que trabajar mucho en una revitalización de la orden en todas sus dimensiones». 

En la siguiente entrevista concedida a ZENIT, expresa la necesidad de «avanzar en temas como el laicado escolapio o la pastoral vocacional, y en crecer en sentido de misión y en la calidad en la práctica de nuestro ministerio».  

A los 500 años de la fundación de la Orden, afronta el futuro de la misma «con una mezcla de esperanza y de preocupación». 

El padre Pedro Aguado fue elegido el 4 de julio en Peralta de la Sal (Huesca) nuevo padre general de la Orden de las Escuelas Pías (escolapios) para los próximos seis años. 

El padre Aguado, hasta ahora superior de la provincia que comprende el País Vasco, Navarra y Andalucía, en España, y Bolivia, Venezuela, Brasil y Chile, sustituye en el cargo al padre Jesús Lecea.  

Nació hace 52 años en Bilbao, donde estudió en el colegio «Calasancio». Estudió Magisterio, Teología y posteriormente Pedagogía. Fue ordenado sacerdote en Pamplona en 1982. 

Desde 1988 ha ocupado varios cargos en la orden. Ha dedicado muchos años al trabajo en pastoral juvenil y a la formación de agentes de pastoral.  

La Orden ha elegido también a cuatro asistentes que ayudarán al padre general: los padres Mateusz Indelski, Miguel Giráldez, Fernando Hernández y Pierre Diatta. 

Las elecciones tuvieron lugar durante el 46 Capítulo General de la Orden, que se está celebrando en la localidad de Peralta de la Sal (Huesca) del 1 al 26 de julio. 

«Apuesto por enseñar» es el lema de la edición 46 del Capítulo que reúne a 75 padres capitulares de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (nombre oficial de los escolapios). 

Este lema quiere reflejar el lugar central que ocupa en la Orden el carisma educativo, «vivido como un servicio primario hacia la persona y la sociedad, para atender a las necesidades actuales».  

El capítulo de este año se celebra en el 40 aniversario del «Capítulo General Especial», llevado a cabo, en Roma, entre los años 1967-1969, con el objetivo de adoptar la doctrina y las orientaciones del Concilio Vaticano II en la vida y las misiones del instituto. 

Los capitulares están tratando diversos temas, entre ellos el perfil de la escuela escolapia, la reestructuración de la Orden, la pastoral vocacional escolapia y el desarrollo de la relación con el laicado. 

Además, la celebración del capítulo en la casa natal del fundador de la Orden, San José de Calasanz, en la que se conserva la pila bautismal del santo, da «un sello bautismal» que reafirma la vocación escolapia de los asistentes. 

Actualmente, la Orden cuenta con cerca de 1.500 miembros, presentes en 34 países de Europa, América, Asia y África. 

La Orden fue fundada en el siglo XVII por San José de Calasanz (1557-1648) para la educación de los niños y jóvenes, especialmente los más pobres. 

 

–¿Cómo se está desarrollando el Capítulo?  

–Pedro Aguado: Somos 75 capitulares, trabajando con mucho ánimo y participación. Nuestra Orden celebra Capítulo General cada seis años, y son una gran oportunidad para profundizar en nuestra realidad y acordar líneas de avance en las áreas fundamentales de nuestra vida y misión.  

Se nota un gran ambiente de fraternidad y de búsqueda de acuerdos, y un deseo de fortalecer la orden en su vida interna y en su capacidad de misión.    

–¿Qué temas destacaría de este Capítulo? 

–Pedro Aguado: Como tema central, estamos trabajando «nuestro ministerio escolapio», pero tenemos otros que son también muy importantes, como el proyecto de formación, la reestructuración de la orden o la pastoral vocacional.   

–¿Cómo ha recibido su nombramiento de superior general? 

–Pedro Aguado: Sinceramente, con paz y con ánimo, con confianza en Dios y en los hermanos y como una experiencia de fe.    

En mis primeras palabras tras la elección, recordé el texto de Pablo a Timoteo en el que proclama: «sé bien de quién me he fiado y sé que tiene poder para ayudarme a llevar hasta el final el encargo que me dio».   

Yo tengo la experiencia de que esto es así, y confío plenamente en que así seguirá  siendo.   

–¿Qué temas tiene ahora previsto desarrollar como prepósito general? 

–Pedro Aguado: Mi tarea fundamental, la tiene que definir el Capítulo en las líneas de acción que aprobemos.    

Pero es claro que hay que trabajar mucho en una revitalización de la orden en todas sus dimensiones, en avanzar en temas como el laicado escolapio o la pastoral vocacional, y en crecer en sentido de misión y en la calidad en la práctica de nuestro ministerio.  

Quisiera estar muy cerca de las personas, de las provincias y de los proyectos que impulsamos, y para eso va a ser necesario un esfuerzo por conocer la realidad y poder así tener más medios de discernimiento para tomar decisiones.   

Así que los primeros pasos serán una mezcla de conocimiento de la realidad y de impulso de las opciones fundamentales que nos proponga el capítulo.  

–¿Cómo ve la Orden de los escolapios 500 años después de su fundación? 

–Pedro Aguado: Sinceramente, con una mezcla de esperanza y de preocupación. Creo que es una mezcla sana.   

Tengo esperanza porque hay muchos valores, oportunidades, personas extraordinarias que se comprometen a fondo como escolapios, también muchas personas que, desde una vocación laical, comparten nuestro carisma y nuestra misión, nuevos desafíos a los que responder.   

Y preocupación porque los recursos no son muchos, hay muchas necesidades a las que atender, el cuidado de las personas nos exige mucha atención y tiempo y a veces no llegamos a todo.  

Creo que es bueno que las personas que estamos al frente de las instituciones vivamos nuestro servicio con una esperanza razonable y una preocupación que nos ayude a discernir. Y, desde luego, desde la fe y la confianza en Dios.   

–¿Qué aspectos del carisma de su fundador cree que han enriquecido más a la Iglesia y al mundo? 

–Pedro Aguado: Sin duda, el carisma de Calasanz ha sido decisivo en la historia de la Iglesia. Él fue el primero en asumir como experiencia carismática la educación evangelizadora de los niños y jóvenes, sobre todo de los más pobres.   

No lo tuvo fácil, pero lo consiguió con su afortunado atrevimiento y su tesonera paciencia.   

Cada uno de los carismas destaca un pequeño rasgo del conjunto de la propuesta cristiana; el nuestro anuncia que si somos capaces de educar en cristiano a los niños y jóvenes, podemos esperar una vida transformada y transformadora.   

Ésta es nuestra aportación a la Iglesia y al mundo. Y nos sentimos profundamente comprometidos con esta misión.  

–¿Qué desafíos tienen planteados en estos momentos como orden? 

–Pedro Aguado: Son muchos y variados, como he ido diciendo. Pero si tuviera que sintetizarlos, diría que son tres.   

El primero, vivir nuestra vida y encarnar nuestra misión en renovado vigor evangélico, teniendo claro que nuestra vida tiene que ser signo creíble del Evangelio. Todo lo que hagamos por ser más fieles al Evangelio, nos ayudará a dar mejores respuestas de misión.   

El segundo, dotar de nuevo dinamismo a todas nuestras presencias y obras, y crear otras nuevas, en dinámica de crecimiento.   

Para ello deberemos fortalecer mucho el «cuerpo de las Escuelas Pías» pensando tanto en los religiosos como en los laicos que comparten nuestro carisma y nuestras opciones, y potenciar claramente nuestro «sentido de misión», colocando nuestro ministerio en el centro de nue
stra vida.   

Finalmente, yo resaltaría que la orden necesita abordar reformas estructurales que permitan fortalecer nuestra vida y misión.   

Nuestro Capítulo está  trabajando en todo ello, y espero que podamos ofrecer propuestas claras y significativa al conjunto de las Escuelas Pías. 

Por Patricia Navas

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ZENIT Staff

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