Setenta años del radio-mensaje de Pío XII contra la guerra

Los papas polaco y alemán, un símbolo de la superación de la segunda guerra mundial

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 24 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- El diario de la Santa Sede, «L’Osservatore Romano», republica el histórico mensaje radiofónico que pronunció Pío XII hace exactamente setenta años, en vísperas de la segunda guerra mundial.

«No se pierde nada con la paz. Todo puede perderse con la guerra», afirmó el pontífice en aquel mensaje de la noche del jueves 24 de agosto de 1939, tras el pacto de «no agresión» establecido entre la Alemania nazi y la Unión Soviética, más conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop.

En un editorial de primera página, en la edición cotidiana italiana del 24-25 de agosto, el director del diario vaticano, Giovanni Maria Vian, analiza la contribución que los Papas tanto antes como después de la segunda guerra mundial ofrecieron a la paz.

Junto a los llamamientos a la paz, analiza el director, Pío XII, como ya habían hecho sus predecesores, desarrolló una «diplomacia de la asistencia», «silenciosa y eficaz», que pudo atender a miles de víctimas.

«Los representantes pontificios, como [Angelo] Roncalli en Estambul [futuro Juan XXIII, ndr.], se entregaron con todas las posibilidades para atender a los perseguidos sin distinción», asegura Vian, reconocido historiador.

El artículo analiza también la contribución de la Santa Sede tras la segunda guerra mundial.

«Si los católicos han sabido ofrecer contribuciones importantes a la reconstrucción y a la reconciliación, la Iglesia de Roma ha cerrado simbólicamente la segunda guerra mundial con las elecciones papales de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger», añade.

Juan Pablo II y Benedicto XVI, constata, sufrieron la guerra «directamente en su persona, hijos entonces de naciones contrapuestas».

«Desde el punto de vista histórico, la doble opción del colegio de los cardenales ha demostrado la inconsistencia de muchos pronósticos, basados en viejas convicciones de carácter político, según las cuales, las elecciones de 1978 y, sobre todo, de 2005, habrían sido imposibles».

«La geopolítica de la Iglesia, en definitiva, es diferente –concluye Vian–. Asumiendo el pasado, mira hacia el futuro con los ojos puestos en una promesa que nos quedará decepcionada».

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ZENIT Staff

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