Perú todavía necesita ayuda para cicatrizar las heridas del terremoto

Entrevista con el obispo Miguel Irizar Campos, CP, presidente de Cáritas en el país

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LIMA, miércoles 2 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Como lo han expresado varios reconocimientos internacionales, la Iglesia católica a través de Cáritas ha sido una de las protagonistas de la reconstrucción tras el duro terremoto que flageló el país hace ahora dos años, en agosto de 2007.

El siniestro dejó más de quinientos muertos, y algo menos de dos mil heridos, 85 mil viviendas totalmente destruidas e inhabitables y cientos de miles de damnificados. Las zonas más afectadas fueron las provincias de Pisco, Ica, Chincha, Cañete, Yauyos, Huaytará y Castrovirreyna.

ZENIT ha entrevistado a monseñor Miguel Irizar Campos, CP, obispo del Callao y presidente de Cáritas del Perú, para comprender no sólo lo que ya se ha hecho, sino sobre todo lo que queda por hacer para que finalmente cicatrice esta terrible herida.

–¿Cuáles fueron las primeras acciones de la Iglesia peruana a través de Cáritas del Perú y las Cáritas Diocesanas en las zonas afectadas por el terremoto?

–Miguel Irizar: Inmediatamente después de ocurrido el terremoto, la Iglesia católica buscó generar y consolidar respuestas solidarias y oportunas tanto de la sociedad , empresariado, cooperación nacional e internacional, así como del voluntariado y de todo el mundo católico, a fin de atender las necesidades más inmediatas de nuestros hermanos afectados por el terremoto, logrando apoyar a más de 55 mil familias damnificadas. 

Nuestra fe en el Dios de la Vida nos impulsó a cuidar y proteger la vida humana amenazada por esta desgracia y nos exigió organizar y canalizar diversas formas de ayuda que pudieran atender las necesidades de nuestros hermanos.

–¿Cómo puede describir la situación actual de las familias en los territorios de Lima (Yauyos, Cañete), Ica y Huancavelica? ¿Qué necesidades se debe atender en los próximos meses? 

–Miguel Irizar: Si bien es cierto, la solidaridad de nuestro pueblo y de la ayuda internacional fue generosa, esto fue insuficiente para atender la real magnitud de las necesidades y sobre todo para mantenerlas durante todo este tiempo. Aún con todo lo realizado desde la Iglesia, esta ayuda  no suple lo que el Estado tiene que realizar. Existe aún un fuerte descontento social. Las personas y familias en situación de pobreza continúan siendo afectadas por los daños y las situaciones de inequidad ahondadas por el terremoto.

Aún a dos años de ocurrida esta desgracia, la gente sigue esperando la ayuda que les permita vivir con dignidad y mirar con esperanza su futuro. Está claro que aún se requiere apoyo económico para contribuir a la mejora de la calidad de vida de los pobladores.

–Al cumplirse dos años de la intervención de Cáritas en la zona afectada, ¿en qué ha consistido la acción solidaria de la Iglesia?  

–Miguel Irizar: Cáritas del Perú, conjuntamente con las Cáritas diocesanas de Cañete, Ica y Huancavelica, llegaron a identificar y desarrollar en la atención a los damnificados, hasta siete formas de intervención: el fortalecimiento de capacidades locales, el apoyo alimentario y nutricional, la instalación de carpas, albergues y letrinas, la distribución de agua en optimas condiciones, la atención de la salud, la atención médica y rehabilitación de casos severos y la consejería sicosocial y espiritual. 

A dos años de nuestra intervención, se han construido y equipado 14 centros educativos, los cuales han beneficiado a cerca de 6,500 estudiantes y a sus profesores. Asimismo, han sido 820 familias las que han recibido módulos de vivienda y se ha instalado conexión domiciliaria de agua potable en 78 familias. Unido a esto, se ha trabajado en la reconstrucción agropecuaria para mejorar la producción e ingresos de los campesinos, así como talleres permanentes de vigilancia nutricional, presupuesto participativo y lo que se denomina «Prevención, mitigación, alerta temprana y respuesta a desastres», unido a la elaboración de planes para gestión de riesgos.

Es así que, gracias a la generosidad local e internacional, la Red de Cáritas habrá invertido hasta fines de este año en la zona devastada, una suma que bordea los 7 millones y medio de dólares estadounidenses. Señalamos las cantidades para seguir agradeciendo la solidaridad y la confianza depositada en la red de Cáritas del Perú. Seguimos comprometidos en la reconstrucción, sobre todo tratando de fortalecer el trabajo que las parroquias y congregaciones vienen realizando en relación a fortalecer la esperanza de los pobres. La fe de nuestros pueblos es una dimensión de particular valor e integración social y la atención de esta emergencia lo ha hecho más evidente. 

–¿De dónde ha provenido la mayor parte de las donaciones económicas para las acciones de ayuda humanitaria ejecutadas por Cáritas? 

–Miguel Irizar: Los días siguientes al terremoto, la ayuda provino de todos los sectores y de todas las personas de buena voluntad. La emergencia nos hermanó y nos mostró la riqueza y generosidad del corazón del ser humano que se conmueve ante la desgracia y la necesidad ajena. Era conmovedor ver cómo las empresas y personas, en el país y en el extranjero, respondieron con generosidad y desprendimiento en las urgentes necesidades de sus hermanos. 

Es propicia la ocasión para agradecer al empresariado nacional e internacional, al pueblo peruano y extranjero, indistintamente de sus creencias religiosas y de manera especial a nuestras Cáritas hermanas de Europa, Asia y Norteamérica y a algunos ayuntamientos del Gobierno Español, entre otros. 

–La Campaña anual de solidaridad de la Iglesia peruana, denominada «Compartir», ha centrado su esfuerzo este año en obtener fondos para la reconstrucción de los templos destruidos por el terremoto del 2007… ¿De qué forma puede llegar la ayuda internacional a esta buena causa? 

–Miguel Irizar: Efectivamente, la Campaña Compartir de este  año 2009 busca contribuir  al fortalecimiento de la fe del pueblo de Dios afectados por el terremoto, desde la reconstrucción de los templos e iglesias afectadas por el sismo. Los templos son signo visible de reunión y celebración de la fe de un pueblo creyente que no desmaya y que busca el bien integral de todo y de todas las personas. 

Son 47 los templos dañados en la Prelatura de Yauyos, 35 templos en la Diócesis de Ica (además de 102 Capillas y 20 Casas Parroquiales), así como los Templos de Castrovirreyna y Huaytará en la Diócesis de Huancavelica. Muchos de estos templos se encuentran totalmente destruidos y necesitan ser construidos desde sus bases, respetando el valor histórico y cultural que le son propios. Las formas de colaborar se pueden encontrar en la web de la Campaña: www.iglesia.org.pe/compartir/. Hago una invocación especial a que sea bienvenida la caridad en estas circunstancias. 

–El Papa Benedicto XVI nos advierte en su última encíclica que podríamos «Hacer la caridad sin verdad». ¿Cómo deben entender los encargados de la pastoral social este mensaje? 

–Miguel Irizar: En la misma encíclica Caritas in Veritate, Su Santidad Benedicto XVI nos señala que existe una deformación o pérdida del verdadero sentido de la caridad. «La caridad sin la verdad» son gestos y actividades que no trasmiten el amor de Dios por cada una de las personas de manera personal y plena. Sin la verdad que es Jesucristo mismo, todo acto humano pierde la trascendencia y la fuerza del Evangelio a la que toda persona está llamada a vivir y lo que aspira en su interioridad. Nuestra pastoral social debe promover integralmente al ser humano.

–Un mensaje final acerca de algo que interpela a muchos… ¿Cómo promueve la Iglesia un
a cultura de la solidaridad en medio de una crisis financiera global sin precedentes?
 

–Miguel Irizar: Benedicto XVI, refiriéndose a la crisis financiera señalaba que sobre todo se trataba de una «crisis moral», que en el fondo expresa una profunda crisis de relación del Hombre con Dios, esto es  una crisis religiosa. El hombre post moderno quiere vivir a espaldas de Dios, desde una «idea perversa de libertad, que oscurece el sentido de Dios y del Hombre».

Nos toca promover una cultura de comunión y solidaridad entre todos. Cultura de comunión donde reconozcamos a toda persona como hermano nuestro y busquemos construir una sociedad como Dios nos pide y donde la solidaridad sea la característica principal para acoger y levantar al hermano maltratado por la pobreza y toda forma de esclavitud. El milagro de la multiplicación de los peces y los panes, es de una actualidad impresionante. 

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ZENIT Staff

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