El Papa pide más facilidades para las familias jóvenes y numerosas

Al recibir a las autoridades locales y regionales de Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 14 de enero de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI pidió hoy a las autoridades civiles más apoyo concreto para las familias jóvenes y las numerosas, al recibir a los miembros de las Administraciones de la Región Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento de Roma.

Como es tradición, ya que el Papa es también obispo de Roma y cabeza de la provincia eclesiástica de Roma (territorio que coincide con la región del Lacio), Benedicto XVI recibió en audiencia a las autoridades civiles, para felicitarles el Año Nuevo.

En este encuentro anual, el Papa suele aprovechar para tratar sobre los problemas sociales de Roma. En esta ocasión centró su atención en la familia y en la educación de los jóvenes, así como en los enfermos y en la necesidad de un planteamiento urbanístico “pensado para la persona”.

Particularmente alabó la iniciativa puesta en marcha por algunas parroquias de barrios nuevos para ayudar a las familias jóvenes con niños pequeños, que a menudo tienen dificultades para conciliar el trabajo y la vida familiar.

Estas comunidades eclesiales, “conscientes de que la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo humano, han realizado los ‘oratorios de los pequeños’. Estas útiles estructuras permiten a los niños transcurrir las horas de la jornada, mientras sus padres trabajan”, explicó.

El Papa auguró que esta experiencia u otras similares se extiendan a toda la ciudad, para “ayudar a los jóvenes padres en su tarea educativa”.

“Auguro también que puedan adoptarse otros procedimientos ulteriores a favor de las familias, en particular de las numerosas, para que toda la ciudad goce de la función insustituible de esta institución, primaria e indispensable célula de la sociedad” añadió el Papa.

También trató sobre los problemas de los jóvenes, especialmente en lo tocante a la educación, e insistió en la necesidad de ofrecer una visión correcta de la educación sexual.

“Está ante los ojos de todos la necesidad y la urgencia de ayudar a los jóvenes a proyectar su vida sobre valores auténticos, que hagan referencia a una visión ‘alta’ del hombre y que encuentran en el patrimonio religioso y cultural cristiano una de sus expresiones más sublimes”, explicó.

Hoy los jóvenes “piden saber quién es el hombre y cuál es su destino, y buscan respuestas capaces de indicarles el camino a recorrer para fundar su existencia en valores perennes”.

En lo tocante a educación sexual, insistió en que “es necesario evitar proponer a los adolescentes y a los jóvenes caminos que favorezcan la banalización de estas dimensiones fundamentales de la existencia humana”.

El Papa invitó a todos “a comprender que, al pronunciar su no, la Iglesia en realidad dice a la vida, al amor vivido en la verdad del don de sí al otro, al amor que se abre a la vida y que no se cierra en una visión narcisista de la pareja”.

“Sobre estos temas, como también sobre los de la familia fundada sobre el matrimonio y sobre el respeto a la vida desde su concepción hasta su término natural, la comunidad eclesial no puede no ser fiel a la verdad”, añadió.

Barrios nuevos

El Papa quiso llamar la atención también sobre la necesidad de una planificación urbana que se base en “la centralidad de la persona humana y de la familia”.

Especialmente se refirió a los nuevos asentamientos de la ciudad, “para que los complejos habitacionales que están surgiendo no sean sólo barrios dormitorio”, sino que “se prevean esas estructuras que favorecen los procesos de socialización, evitando así que surja y se incremente la cerrazón en el individualismo y la atención exclusiva a los propios intereses, lo que es dañoso para toda convivencia humana”.

Por último, habló sobre la asistencia sanitaria, y en particular sobre las estructuras sanitarias católicas, pidiendo para ellas el apoyo de las administraciones.

En estas estructuras “se intenta conjugar la competencia profesional y la atención al enfermo con la verdad y la caridad de Cristo”, acercándose “a las personas que sufren con amor y esperanza, apoyando también la búsqueda de sentido e intentando proporcionar respuestas a los interrogantes que inevitablemente surgen en los corazones de cuantos viven la difícil dimensión de la enfermedad y del dolor”.

[Por Inma Álvarez]

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ZENIT Staff

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