BHATKAL, miércoles 27 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Tres iglesias católicas han sido atacadas en Karantaka los días pasados, informó la agencia de las Misiones extranjeras en París (MEP) “Eglises d'Asie”.

Los ataques se produjeron tras la amenaza de un grupo hinduista de recurrir a la violencia si el Gobierno federal no reaccionaba contra las agresiones producidas en Australia relacionadas con ciudadanos indios.

Este martes 26 de enero, el conjunto de la Unión india celebraba, en medio de estrictas medidas de seguridad, el 60 aniversario de la república.

Ese día, el ministro-presidente del Estado de Karnataka, B. S. Yeddyurappa, afirmó que esas acciones comunitaristas “no tenían más objetivo que empañar la imagen del Gobierno (local)”.

Karnataka está dirigido por un Gobierno dominado por el BJP, el partido nacionalista hindú.

Tanto los medios de comunicación locales como los representantes cristianos opinan que estos ataques son las represalias anunciadas por grupos extremistas hindúes.

Estos habían amenazado con atacar a la Iglesia si el Gobierno indio no sancionaba suficientemente las recientes agresiones, dos de ellas mortales, contra la comunidad india, muy numerosa, que trabaja o estudia en Australia.

El Sri Ram Sena (“Ejército del Señor Rama”, SRS) dice “defender los valores tradicionales indios” y en su sede de Karnataka, publicó una declaración el 19 de enero.

Ese texto decía que “los cristianos en India forman parte activa de la conspiración que afecta a los indios hindúes de Australia”.

También señalaba que si Nueva Delhi no actuaba para prevenir estos ataques en los dos días siguientes, “garantizaría que no quedaría más que una sola Iglesia en Bhatkal”.

El 22 de enero, fecha de expiración del ultimátum, un grupo de hinduístas intentó derribar la cruz erigida cerca de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en Mundalli, cerca de la ciudad de Bhatkal, en la diócesis de Karwar.

Según el canal de televisión local Kannada TV 9, la cruz resultó dañada, pero la resistencia de los fieles habría impedido su destrucción.

Entre los atacantes, siete de los cuales fueron arrestados por la policía de Bhatkal, se encontraba el líder Shankar Naik.

Durante la noche del 24 al 25 de enero, la gruta de Lourdes de la iglesia de San Antonio en Taranmakki, también cercana a Bhaktal, fue saqueada y los vidrios que protegían la estatua de la Virgen, rotos a golpes de piedra.

El último ataque se produjo en Mysore, a primera hora de la mañana de este lunes 25 de enero, cuando unas personas no identificadas rompieron en pedazos la estatua de la Virgen María de la gruta de Nuestra Señora de Lourdes, situada delante de la iglesia de la Sagrada Familia de la parroquia católica de Inkal.

El 26 de enero, monseñor Thomas Antony Vazhappilly, obispo católico de Mysore, declaró a la agencia Ucanews que, evidentemente, no se podía hablar de un intento de robo, como afirmaba la policía.

La figura de la Virgen se encontraba sobre un cepillo de ofrendas, pero el incidente parece que se vuelve a situar en la serie de agresiones anticristianas.

“Fue un acto deliberado”, afirmó el prelado, recordando sin embargo que, según creen él y el padre Joseph, párroco de la iglesia de la Sagrada Familia, el grupo de atacantes no podía venir de la comunidad de Inkal, en la que los hindúes y las aproximadamente 250 familias de cristianos mantienen muy buenas relaciones.

En febrero de 2002, sin embargo, esta iglesia ya sufrió un ataque de un grupo de unos 70 extremistas hindúes.

Armados con espadas, cuchillos y barras de hierro, agredieron entonces a los fieles que estaban celebrando Misa, mujeres y niños incluidos.

La acción fue justificada por el motivo de que los cristianos practicaban conversiones forzosas, una acusación que, aunque es refutada regularmente por la Iglesia católica, es recurrente, en particular en los Estados de Karnataka y de Orissa.

Por su parte, monseñor Derek Fernandes, obispo católico de Karwar, no duda que los activistas hindúes están detrás de estos sucesivos ataques.

Y tampoco Sajan George, presidente del Global Council of Indian Christian (GCIC), que deploró que “los ataques contra las minorías religiosas estén aumentando en Karnataka”.

Monseñor Bernard Moras, arzobispo de Bangalore y presidente del Consejo de los obispos católicos de Karnataka, también reaccionó, condenando firmemente los ataques y pidiendo al Gobierno que actúe para proteger a las comunidades cristianas.

Estas recientes agresiones traen a los cristianos de Karnataka recuerdos dolorosos de la ola de violencia anticristiana que, con epicentro en Kandhamal, en Orissa, se extendió en otoño de 2008 por varios Estados de la Unión india.

Karnataka fue uno de los Estados más afectados y su gobierno, en manos del Bharatiya Janata Party (Partido del pueblo indio, BJP), vitrina política del movimiento pro-hindú, fue acusado por responsables cristianos de complacencia manifiesta con los grupos activistas hindúes responsables de la violencia.