La Iglesia pide más atención pastoral al mundo del circo y ferias

Publicado el Documento final del VIII Congreso sobre este tema

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Una mayor atención al mundo de los trabajadores itinerantes, es la petición que llega del documento final, hecho público hoy, del octavo Congreso Internacional de Pastoral para los Circenses y Feriantes, que tuvo lugar en Roma del 12 al 16 de diciembre.

El encuentro tuvo por tema “Circos y parques de atracciones: ‘catedrales’ de fe y tradición, signos de esperanza en un mundo globalizado”, fue organizado por el Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, y reunió a 70 delegados procedentes de 22 países, en representación de América, Asia y Europa.

Entre los objetivos del Congreso, recuerda el documento final, fue prioritario el de “hacer conocer mejor a las Iglesias locales la pastoral para los circenses y feriantes, con la finalidad de favorecer una mayor atención ante las problemáticas actuales que conciernen a las personas que se dedican al espectáculo itinerante”.

“ Se intentó, además, considerar tal solicitud en el contexto más amplio de la pastoral ordinaria de la Iglesia, con la convicción de que en ella nadie es extranjero, porque ella no es extranjera para ningún hombre”.

El texto final recuerda que el mundo de los circos y parques de atracciones “refleja una sociedad y una cultura muy amplia” y que está “sujeto a una constante movilidad”.

“La acción evangelizadora exige un fuerte compromiso espiritual y el secreto de su éxito, en el mundo circense y feriante, está en parte en la cualificada formación de los agentes pastorales, en su generosidad y dedicación al servicio, pero también en la apertura, en la disponibilidad y en la plena implicación de los mismos circenses y feriantes, como protagonistas y no sólo como destinatarios de la acción pastoral”.

Para los feriantes y sobre todo para la gente del circo, subraya, “es prácticamente imposible pertenecer a una comunidad eclesial tradicional” como la parroquia.

“A eso hay que añadir el hecho de que todo el núcleo familiar está absorbido por la fatiga de los preparativos y de la realización de los espectáculos, especialmente en los días festivos y en los que inmediatamente los preceden”.

En este contexto, la familia – y sobre todo el papel de la mujer – asume una importancia cada vez mayor. “En el mundo de la feria y de los circos se mantienen todavía, aunque con dificultad, el valor de la familia, el amor por los ancianos y la solidaridad. Aún existe un fuerte sentido de religiosidad”.

El arte de los feriantes y las habilidades profesionales de los circenses, prosigue el documento, “pueden convertirse en canales de transmisión del Evangelio y de testimonio de la belleza y de la bondad de Dios”.

Por esto, los participantes en el encuentro formularon una serie de recomendaciones, comenzando con pedir a los responsables eclesiales que se esfuercen “por garantizar a las comunidades creyentes del espectáculo itinerante mayores oportunidades de recibir a Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía, facilitando el acceso a la celebración de la Santa Misa y, más en general, la participación en todos los sacramentos”.

Igualmente, exhorta a los agentes pastorales a “visitar circos y ferias”, para que “se creen ocasiones de conocimiento recíproco y de comunión, también mediante la celebración de la Misa y la administración de los sacramentos”.

Por su parte, las personas que trabajan en circos y ferias deben ser “sensibilizados y estimulados a buscar y, si es posible, reforzar el enganche con la comunidad eclesial que vive en el territorio en el que temporalmente se asientan, en una dinámica mutua de dar y recibir, aprovechando los momentos en los que los compromisos laborales son menos apremiantes”.

El Congreso recomendó también “sinergia entre los Estados, los organismos internacionales y las Iglesias locales, para ofrecer la ayuda necesaria para preservar la identidad circense y feriante”, y la realización de “iniciativas a favor de la educación escolar de los itinerantes”.

“Las administraciones públicas y las autoridades locales deben reconocer el valor socio-cultural del espectáculo itinerante y contrarresten cualquier eventual forma de marginación y de prejuicio”, concluye el Mensaje.

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ZENIT Staff

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