Una dura visita a casa

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El viaje de Benedicto XVI a Alemania promete protestas y sorpresas

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Por Edward Pentin

ROMA, viernes 2 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Dentro de tres semanas el Papa Benedicto XVI comenzará su primera visita a Alemania, un viaje apostólico que promete ser histórico, lleno de desafíos y potencialmente muy fructífero.

El evento, que se desarrollará entre el 22 y el 25 de septiembre, incluirá una visita a la capital de Alemania, Berlín, seguida por Erfurt (en la antigua Alemania del Este), Friburgo im Breisgau. El Papa celebrará una misa al aire libre en el estadio olímpico de Berlín, dos misas más en Erfurt y Friburgo, y mantendrá reuniones con figuras importantes de la Iglesia, seminaristas, jóvenes y líderes ecuménicos e interreligiosos. Su visita comenzará con un discurso en el Parlamento Federal en el Reichstag.

A pesar de que el viaje va a ser relativamente corto, plantea diferentes desafíos: la secularización ha dominado largamente en la tierra natal del Papa (aunque posiblemente menos en su región) con una minoría de sacerdotes y laicos que han expresado abiertamente su disensión de la enseñanza de la Iglesia. Los problemas de la Iglesia se han visto empeorados por la crisis de los abusos sexuales que continúan azotando Alemania.

Los efectos de esto han sido dramáticos. De acuerdo con las últimas cifras oficiales de la Iglesia, el número de alemanes católicos que se han borrado de sus iglesias locales ha aumentado casi un 50% sólo el año pasado (181.000 personas frente a 124.000). El problema ha empeorado en parte porque, como miembros de la Iglesia, los alemanes deben pagar un “impuesto eclesial” y al darse de baja en estos registros se liberan de dicho impuesto, (los católicos siguen siendo una significativa parte de la población, suman 24’6 millones, es decir el 30%).

“La secularización (en Alemania) es especialmente penosa para él”, dijo Paul Badde, corresponsal en Roma del periódico alemán Die Welt. “Él proviene de un ambiente católico, de una familia católica en un pequeño pueblo católico. No era un mundo inquebrantable, pero después de 1945, él mismo ha visto cómo se rompía a través de un proceso acelerado de secularización que comenzó en toda Alemania”. Este distanciamiento tan marcado de la Iglesia, según cree Badde, hace su visita “más complicada” que su último y famoso viaje a Gran Bretaña del pasado año, una visita que “al final fue un juego fácil para él”.

La de Berlín es, quizá, la parte más difícil de su viaje. Una ciudad todavía presa del espíritu hedonista de los años ’60 que continúa siendo el centro de emanación de las ideologías laicistas. Se han planeado un gran número de protestas, incluyendo una gran manifestación durante el discurso del Papa en el Reichstag. La mayoría de los manifestantes protestarán contra la enseñanza de la Iglesia sobre el uso del condón, el aborto y la homosexualidad.

Sin embargo, a diferencia de la visita del Papa Juan Pablo II en 1996, cuando la policía fue incapaz de controlar a algunos de los manifestantes que arrojaron pintura al Papamovil, la esperanza es que esta vez no se llegue a la violencia y a los arrestos. El alcalde homosexual de Berlín, Klaus Wowereit, ha intentado poner una nota conciliadora, haciendo al Papa una bienvenida oficial (a pesar de dice entender a aquellos que planean las manifestaciones, asumiendo que estas tendrán lugar de forma pacífica).

Pero con protestas o no, Badde cree que realizando una visita de estado a su tierra natal, Benedicto XVI podría poner el catolicismo “de nuevo en el mapa” de Alemania. La nación europea, dice, puede ser el “país de la Reforma”, pero tiene unas profundas raíces católicas y ahora un Papa bávaro está ayudando a los alemanes a conectar con su larga y rica historia.”

“Cuando oí por primera vez que había sido elegido Papa, mi primer pensamiento fue que la II Guerra Mundial había terminado”, explicó Badde. “Hemos tenido una gran historia pero se ha visto reducida a 12 años, de 1933 a 1945. Pero precisamente como está haciendo con la Iglesia a través de su hermenéutica de la continuidad [su punto de vista de que el Concilio Vaticano II no marcó una ruptura con la tradición]está representando mejor a la más grande historia de Alemania”.

Pero ¿cómo ha cambiado Benedicto XVI la visión de la Iglesia, y la suya propia, entre los alemanes? El padre jesuita Bernd Hagenkord, director de la sección alemana de la Radio Vaticana, cree que la percepción de Joseph Ratzinger y de la Iglesia ha cambiado sustancialmente a lo largo de 30 años. “Yo crecí en la década de los ’80 como un chico católico normal y pensábamos que todo lo que venía de Roma era malo, que intentaba tener el control de todo, que no entendía la forma en la que pensábamos o vivíamos, etc…”, explicó, añadiendo que el cardenal Ratzinger también estaba mal considerado por su oposición en temas como la teología de la liberación.

Pero destaca que este tipo de actitudes “ha cambiado considerablemente” y que Benedicto XVI está considerado como una persona más humilde y espiritual que antes, ya este cambio se produjo durante sus últimos años como cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. “Hubo una gran alegría cuando fue elegido, ‘Nosotros somos el Papa’ fue el titular de muchos periódicos”, recuerda el padre Hagenkord. “Ahora la euforia ya no está pero permanece el interés, y mucha gente está pendiente de lo que tenga que decir”.

El padre Hagenkord continuó diciendo: “No es como una estrella de pop que aparece y desaparece – sólo para hablar de amor, paz y felicidad. Habla de contenidos que, normalmente, no te gustan si eres alemán, pero ahí está, es retador y no para de generar titulares”.

Badde, autor del reciente libro “El Sagrado Rostro de Manoppello”, cree que no una minoría, sino una mayoría “silenciosa” existe en Alemania y está detrás de las enseñanzas de la Iglesia. Él cree que además cada vez hay menos silencio. “Con Internet tenemos un fenómeno que va más allá y que no es diferente de lo que sucedió en Egipto, son voces que se comienzan a oír”, dijo. “Los medios de comunicación católicos solían estar en manos de grupos de presión modernistas, pero esto ya no es así”.

Pero ambos, el padre Hagenkord y Badde creen que el impacto real del Papa en Alemania no se sentirá a corto plazo. “Este es un Papa del que se hablará en los próximos veinte o treinta años”, dijo el padre Hagenkord. “Dejará una herencia detrás, que recogeremos y rumiaremos una y otra vez”. Sin embargo “la vieja fe católica que conocíamos” no volverá nunca a Alemania. “Esta ya se fue, ahora debemos establecer una nueva forma de ser católico”, dijo. “El Papa contribuirá a esto, como otros, a dar forma a nuestra identidad, lo que significa ser católico”.

Donde el Santo Padre tendrá, posiblemente, un mayor impacto en este viaje es en la antigua Alemania del Este. El padre Hagenkord cree que allí hay un terreno fértil, ya que ha visto como el Papa se comunicaba eficientemente con aquellos en los que el comunismo destruyó el cristianismo. “Allí se palpa un interés genuino, quieren saber lo que es, cómo funciona, qué es el Vaticano, un sacerdote, un obispo, ya que no saben mucho más”, explicó. “Quieren escuchar, discutir, no están atrapados por los conflictos que tenemos en Alemania Occidental como la ordenación de las mujeres, el celibato y la obediencia”.

Esta es la razón por la que, para sorpresa de algunos, un ex comunista del este de Alemania convertido en político de izquierdas elogió a Benedicto XVI el mes pasado. Gregor Gysi agradeció al Papa su constante predicación en aras de una sociedad moderna que tenga normas morales para poder funcionar adecuadamente, según Reuters. Gysi, un abogado reformista de los últimos años de la antigua Alemania del Este, desta
có con satisfacción lo que Benedicto había dicho sobre que la religión sin razón conduce al fanatismo y que el pensamiento racional sin fe puede conducir a un orgullo excesivo y a la intolerancia.
Sólo es la primera de lo que algunos creen que pueda ser un número de bienvenidas inesperadas durante esta visita histórica a un país obviamente cercano al corazón del Papa, pero también centro de las tensiones seculares y cristianas.

“Habrá sorpresas, seguro”, dijo Badde, “sorpresas para los alemanes y para todo el mundo”.

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]

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ZENIT Staff

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