'El papa ha elegido Filadelfia a pesar de todo'

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El arzobispo Chaput, describe los desafíos del próximo Encuentro Mundial de las Familias

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MILÁN, martes 5 junio 2012 (ZENIT.org).- Será Filadelfia, en Pensilvania, la sede del octavo Encuentro Mundial de las Familias. El anuncio –hecho por Benedicto XVI en el Angelus del domingo, tras la solemne Eucaristía final- ha cogido por sorpresa a muchas personas.

Que tocara a un continente diverso de Europa entra en la lógica de la alternancia. Pero la ciudad en cuestión tiene dimensiones mucho más reducidas de la penúltima sede (Ciudad de México) y, desde el punto de vista eclesial, una importancia diversa de la archidiócesis ambrosiana (entre las Iglesias locales más grandes del mundo), teatro de esta séptima edición. Sobre todo, la Iglesia estadounidenses está empeñada en gestionar el delicadísimo asunto de los sacerdotes pedófilos. Y justo Filadelfia ha sido, en estos años, uno de los epicentros del escándalo.

¿Entonces, es una casualidad? Quizá. Pero no es lo que piensa el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, quien, aún sin negar los muchos problemas que su Iglesia está atravesando, se dice «muy contento» del encargo confiado.

Nacido en 1944 en Kansas, ordenado sacerdote en 1970, monseñor Chaput, que pertenece a la orden de los Hermanos Menores Capuchinos, es arzobispo de Filadelfia desde hace menos de un año. Antes fue arzobispo de Denver, Colorado, durante 14 años y, antes aún, durante casi 10 arzobispo nativo americano: su madre proviene de la tribu de los Potawatomi y el prelado no deja de subrayar con orgullo este origen.

En Filadelfia, monseñor Chaput ha recogido una herencia nada fácil. En febrero de 2011, pocos meses antes de su nombramiento, un informe del Gran Jurado había señalado hasta 37 sacerdotes de la diócesis, todavía activos en el ministerio, sobre los que pendían acusaciones fundadas de haber cometido abusos sexuales. El cardenal Justin Rigali había suspendido a 24. Pero no le bastó para escapar a polémicas durísimas.

En cuanto a monseñor Chaput, en una entrevista al National Catholic Reporter, al día siguiente de su nombramiento, había prometido querer guiar a la Iglesia en la dirección indicada por san Francisco, «volviendo a abrazar claramente el Evangelio, sin componendas, en toda circunstancia».

¿Con qué sentimientos ha acogido la decisión de asignar a Filadelfia la tarea de albergar la próxima edición del Encuentro Mundial de las Familias?

–Mons. Chaput: Hace unos tres meses, recibí una carta del Consejo Pontificio para la Familia que preguntaba si Filadelfia estaría interesada en ser la sede del próximo Encuentro Mundial de las Familias. Son tiempos difíciles para nuestra diócesis, también desde el punto de vista financiero. En consecuencia, estaba un poco preocupado. Así, en la respuesta, dije que estaríamos bien contentos de adherirnos a la propuesta pero hice presentes también nuestros problemas, tanto financieros como logísticos, desde el momento en que se trata de gestionar un evento con centenares de miles de personas… Hace seis semanas, nos escribieron nuevamente de Roma, diciendo que habían llegado las respuestas de las otras diócesis candidatas (no se cuáles eran, pero se que había al menos otras dos). La carta explicaba que las dificultades financieras y de gestión eran perfectamente comprensibles, pero que, no obstante esto, el papa en persona había decidido apuntar a Filadelfia. Considero este pronunciamiento de Benedicto XVI una decisión del Espíritu Santo y, por ello, estoy bien contento de preparar el evento que, aún en tiempos dificiles, será de paz, alegría y amor.

Usted ha aludido a los problemas de la diócesis: los económicos, aunque serios, no son los principales…

–Mons. Chaput: Es así. Una de las cuestiones más candentes es el asunto pedofilia: ha habido casos de sacerdotes pedófilos, y el de un encargado del clero que ahora está bajo proceso con la acusación de no haber sido lo bastante prudente al asignar los cargos a los sacerdotes. Con motivo de todo lo que ha sucedido, la diócesis está cerrando muchas escuelas y está redimensionando las parroquias: esto crea indudablemente problemas.

¿Puede trazar un retrato sintético de su diócesis?

–Mons. Chaput: Fildafelfia es una de las más antiguas ciudades de Estados Unidos: es el lugar donde fue firmada la Constitución estadounidense, fue incluso capital por un periodo; en suma, la gente está muy orgullosa de su historia. También hoy es una ciudad importante: es la sexta mayor ciudad de Estados Unidos, con un millón y medio de católicos sobre casi cuatro totales (37%), subdivididos en 267 parroquias, donde actúan 600 sacerdotes diocesanos; junto a ellos numerosos religiosos y muchas religiosas. En la diócesis tenemos un centenar de escuelas católicas. Aunque hoy estén en dificultad, pueden contar con una tradición robusta: el primer obispo de Filadelfia, el redentorista John Neumann, primer obispo estadounidense en ser proclamado santo, fue el fundador del sistema escolar diocesano en Estados Unidos, creó una verdadera tradición propia.

Según algunos observadores del mundo eclesial, usted pertenecería al grupo de los llamados «conservadores creativos». Como otros obispos estadounidenses, se batió por la vida y, al mismo tiempo, por la justicia social. Esto desorienta a quienes les gusta alinear la batalla provida a la «derecha» y el compromiso por los pobres a la «izquierda». Pero el Evangelio es uno…

–Mons. Chaput: También en Estados Unidos hay una percepción errónea sobre este punto. Los mismos católicos están a menudo divididos: si defiendes la vida eres considerado «conservador», si te bates por los últimos eres «progresista». Lamentablemente, constato que quienes defienden la vida están poco interesados en la justicia social y viceversa- Esto sin embargo es de locos, porque la doctrina social de la Iglesia comprende ambos aspectos, son dos caras de la misma medalla, de la misma dignidad humana. Los dos aspectos citados acaban por implicar a los católicos incluso políticamente, hasta el punto de que se identifican con un partido u otro.

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ZENIT Staff

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