El Papa recuerda que el cardenal entra en la Iglesia de Roma, no en una corte

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En la Basí­lica Vaticana el Santo Padre ha concelebrado la eucaristía con el colegio cardenalicio, que desde ayer cuenta con 19 nuevos miembros

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El Santo Padre, acompañado del colegio cardenalicio y sus nuevos purpurados, ha celebrado la solemne eucaristía esta mañana en la Basílica Vaticana a las 10,00. Una gran multitud de fieles han sido partícipes de la celebración en la que han estado presentes los cardenales creados ayer por Francisco y un numerosos grupo de obispos.

Desde Haití, pasando por Brasil, Costa de Marfil, Filipinas y Corea, los 18 nuevos cardenales – fueron creados 19 pero Loris Capovilla no ha podido acudir por razones de edad – procedentes de 15 países diferentes, han celebrado hoy su primera eucaristía como cardenales de la Igesia católica.

Durante la homilía, el Santo Padre ha reflexionado sobre las lecturas del día de hoy, la santidad y ha dado algunas indicaciones a los nuevos cardenales sobre cómo debe ser su servicio.

Francisco ha afirmado que el llamamiento de la primera lectura a la santidad nos interpelan a todos y «especialmente a mí y a vosotros, queridos hermanos cardenales, sobre todo a los que ayer habéis entrado a formar parte del Colegio Cardenalicio». Y ha señalado que «imitar la santidad y la perfección de Dios puede parecer una meta inalcanzable» pero recuerda que la primera lectura «sugieren ejemplos concretos de cómo el comportamiento de Dios puede convertirse en la regla de nuestras acciones». Y advierte que «la santidad cristiana no es en primer término un logro nuestro, sino fruto de la docilidad ―querida y cultivada― al Espíritu».

Del mismo modo, el Santo Padre ha subrayado Jesús nos pide » amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo». Y dirigiéndose en especial a sus «hermanos cardenales» les ha recordado que Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía». Y ha añadido que «ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo».

A los cardenales, el Pontífice les ha dicho que en la entrega gratuita consiste la santidad de un cardenal. Por tanto,  les ha invitado a que «amemos a quienes nos contrarían; bendigamos a quien habla mal de nosotros; saludemos con una sonrisa al que tal vez no lo merece; no pretendamos hacernos valer, contrapongamos más bien la mansedumbre a la prepotencia; olvidemos las humillaciones recibidas». Y así, les ha advertido que «el cardenal entra en la Iglesia de Roma, hermanos, no en una corte» y les ha pedido que eviten «hábitos y comportamientos cortesanos». Otras dos advertencias a los cardenales: «Este templo nuestro resulta como profanado si descuidamos los deberes para con el prójimo» así como que «un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa».

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Staff Reporter

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