Mons. Arizmendi (Foto ZENIT cc)

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Francisco: unidad y pluralidad

El obispo de San Cristóbal de las Casas indica que el Papa autorizará el uso de las lenguas indígenas en la liturgia. Pide ‘No usar lo religioso para aprovechar los reflectores mediáticos’

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Acercándose la visita del Papa a nuestro Estado, han vuelto a aflorar los conflictos internos que hay en algunas comunidades, por problemas agrarios y políticos no resueltos, por la inconformidad con las reformas hechas en el país, por las diferencias religiosas. Unos, que se declaran evangélicos, alegan haber sido expulsados por católicos, por motivo religiosos, lo cual hay que matizar mucho. Hay incidencias religiosas, pero el fondo es de otra índole. Se saca a relucir lo religioso, para sobredimensionarlo. Y como saben que el Papa estará en la Catedral, abundan los plantones y las manifestaciones, no contra el Papa ni contra la diócesis, sino para aprovechar los reflectores mediáticos que están a la caza de cualquier situación que empañe la visita pastoral del Papa.
PENSAR
El Papa Francisco nos ha invitado de muchas maneras a construir la unidad dentro de la legítima pluralidad; a procurar la armonía y la convivencia entre personas, grupos, creencias y culturas. Es decir, que es sano y enriquecedor que haya diferencias, que haya diversas formas de ser, de pensar y de vivir la fe, no para enfrentarnos y destruirnos, sino para complementarnos. Nos ha dicho:
“Descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos. Vivir juntos, mezclarnos, encontrarnos, tomarnos de los brazos, apoyarnos, participar de una verdadera experiencia de fraternidad. ¡No a la guerra entre nosotros! ¡Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! ¡No nos dejemos robar la comunidad!
Hay que construir puentes, en vez de levantar muros. La unidad es saber escuchar, aceptar las diferencias, tener la libertad de pensar diversamente y manifestarlo con todo respeto hacia el otro, que es mi hermano. No tengan miedo de las diferencias.
Que el diálogo entre nosotros ayude a construir puentes entre todos los hombres, de modo que cada uno pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un contendiente, sino un hermano para acogerlo y abrazarlo. Dejar el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices.
Las religiones tienen el derecho y el deber de dejar claro que es posible construir una sociedad en la que un sano pluralismo que respete a los diferentes y los valore como tales, es un aliado valioso en el empeño por la defensa de la dignidad humana y un camino de paz para nuestro mundo tan herido por las guerras. Dios bendiga a quienes trabajan por el diálogo y la unidad de los cristianos”.
El Papa nos entregará un decreto que autoriza el uso de las lenguas indígenas en la liturgia. Esto es un gran paso para vivir la catolicidad, la universalidad, la legitimidad de recibir la Palabra de Dios y de celebrar el culto cristiano no sólo en la diversidad de idiomas, sino también en las formas diferentes de expresar y vivir la fe católica:
“Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. El cristianismo no tiene un único modo cultural. Una sola cultura no agota el misterio de la redención de Cristo. La uniformidad no es católica, no es cristiana. La unidad católica es diversa, pero es una. La unidad no es uniformidad.
La diversidad cultural no amenaza la unidad. La unidad nunca es uniformidad, sino multiforme armonía. Sólo el Espíritu Santo puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad.
La visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad”.
ACTUAR
Aprendamos a convivir, a escucharnos, a respetarnos, sabiendo que no tenemos toda la razón, que no somos dueños de toda la verdad, que no son malos todos los demás. Dialogar es expresión de sabiduría, de que somos personas sensatas y de mente abierta. Condenar todo y a todos los que piensan en forma diferente, a los que viven su fe en modo distinto, a quienes son de otros grupos, partidos, organizaciones y religiones, es tener una mente muy reducida y un corazón muy chiquito.

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Felipe Arizmendi Esquivel

Nació en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.

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