The first Advent homily for 2015 was preached by Fr Raniero Cantalamessa

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Padre Cantalamessa: La unidad de los cristianos en primer lugar debe ser en el amor

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En la última predicación de cuaresma reflexiona sobre el documento Unitatis Redintegratio y su valor en el ecumenismo

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(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El padre Raniero Cantalamessa ha hablado en su última predicación de cuaresma a la Curia Romana y el Papa sobre el camino hacia la unidad de los cristianos, reflexionando sobre la “Unitatis Redintegratio”.
Cincuenta años de camino y de progresos en el ecumenismo –aseguró el predicador– demuestran la virtualidad encerrada en ese texto. Por eso explicó que las realizaciones y los frutos de este documento han sido de dos especies. En el plano doctrinal y institucional se creó el Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos y se han iniciados diálogos bilaterales para con la mayoría de las iglesias cristianas afín de “promover un mejor conocimiento recíproco y superar los prejuicios”. Junto a este ecumenismo oficial y doctrinal, se ha desarrollado desde el principio un “ecumenismo del encuentro y de la reconciliación de los corazones”.
El Señor resucitado sigue enviando “su Espíritu y sus carismas sobre los creyentes de las distintas Iglesias, también de las que creíamos más distantes de nosotros, a menudo con idénticas manifestaciones visibles”.
A continuación recordó que el mundo cristiano nos prepara a celebrar el quinto centenario de la Reforma en el 2017. “Es vital para el futuro de la Iglesia no perder esta ocasión, permaneciendo prisioneros del pasado, o limitándose a usar un tono más conciliador en el establecimiento de los aciertos y errores en ambos lados”, aseguró. Es el momento de hacer –observó el predicador– un salto de calidad, como cuando una barca llega a la compuerta de un río o de un canal que le permite proseguir la navegación a un nivel superior.
A propósito, indicó que las cuestiones que provocaron la separación entre la Iglesia de Roma y la Reforma en el siglo XVI fueron sobre todo las indulgencias y la forma en la que sucede la justificación del pecador.
Asimismo el padre Cantalamessa cree que todas las discusiones seculares entre católicos y protestantes acerca de la fe y las obras “han terminado por hacer perder de vista el punto principal del mensaje paulino”. Lo que el apóstol quiere afirmar “no es que somos justificados por la fe, sino que somos justificados por la fe en Cristo”.
De este modo advirtió que “cometimos el error de reducir a un problema de escuelas, a  lo interior del cristianismo, lo que era para el apóstol una afirmación mucho más amplia y universal”. Hoy –aseveró– estamos llamados a redescubrir y proclamar juntos el fondo del mensaje paulino. El padre Cantalamessa señaló la «Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación», firmada el 31 de de octubre de 1999, entre la Iglesia católica y la Federación Mundial de Iglesias Luteranas» como un paso importante.
Por otro lado, precisó que la justificación mediante la fe en Cristo debería ser predicada por toda la Iglesia y con mayor vigor que nunca. Ya no, sin embargo, en contraposición a las «buenas obras», que es un asunto superado y resuelto, sino en oposición, en todo caso, a la pretensión del mundo secularizado de poder salvarse solo, con su ciencia, la tecnología o las técnicas espirituales de su invención.
Hablando de la contraposición entre fe y obras, precisó que tiene sentido si por buenas obras se entiende principalmente (como lamentablemente sucedía en la época de Lutero) indulgencias, peregrinaciones, ayunos, limosnas, velas votivas, y todo lo demás. En cambio lleva fuera del camino si por buenas obras se entiende las obras de caridad y de misericordia. Jesús en el Evangelio reprende que sin esas no se entra en el Reino de los Cielos y Él se verá obligado a decir: “Lejos de mí”. No se es justificado por las buenas obras, pero no nos salvamos sin las buenas obras. “La justificación es sin condiciones de la parte de Dios, pero no es sin consecuencias. Esto lo creemos todos, católicos y protestantes y lo decía ya el Concilio de Trento”, precisó el predicador de la casa pontificia.
Asimismo, recordó que lo mismo hay que decir de la contraposición entre Escritura y tradición. “Surge apenas se toca el problema de la revelación, como si los protestantes tuvieran solamente la Escritura y los católicos la Escritura y la tradición juntas. Cuando en realidad todas las Iglesia tienen una propia tradición”, añadió padre Raniero.
Finalmente, concluyendo su predicación, añadió que “no es suficiente este motivo práctico para realizar la unidad de los cristianos. No es suficiente encontrarse unidos en el frente de la evangelización y de la acción caritativa”. A este punto explicó que “si la unidad de los discípulos tiene que ser un reflejo de la unidad entre el Padre y el Hijo, esta tiene que ser en primer lugar una unidad de amor, porque tal es la unidad que reina en la Trinidad”. Las tres divinas personas no están unidas por el hecho de que realizan conjuntamente la creación y todas las otras obras ad extra; los son en su mismo ser.
Y así, el predicador indicó que la cosa extraordinaria, sobre este camino hacia la unidad basada en el amor, es que esta se encuentra ya enteramente abierta delante de nosotros. No podemos –advirtió– “quemar las etapas” sobre la doctrina, porque las diferencias son y se resuelven con paciencia en los lugares correspondientes. “Podemos en cambio quemar las etapas en la caridad, y estar plenamente unidos desde ahora”, concluyó.
Puede leer la predicación completa del padre Raniero Cantalamessa aquí 

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Rocío Lancho García

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