Mons. Víctor Manuel Fernández. Foto: Arzobispado de la Plata

«Un mes atrás le dije al Papa que no aceptaba»: la carta pública del nuevo prefecto para la Doctrina de la Fe

«Yo no confío en mis capacidades sino en la certeza de que el Espíritu Santo me guiará», dice el nuevo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe en una carta.

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(ZENIT Noticias / La Plata, 02.07.2023).- El nuevo prefecto para el Dicasterio de la Doctrina de la Fe dirigió una carta a la comunidad de la Arquidiócesis de La Plata. Gracias a esa misiva se pueden conocer más detalles acerca de cómo se llegó a su nombramiento así como la respuesta que inicialmente le dio al Papa Francisco. El Obispo reconoce su incompetencia en el ámbito disciplinar del tratamiento de abusos de menores y subraya que fue él quien pidió al Papa le dejara por escrito las competencias que abordaría en adelante él personalmente y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. A continuación el texto íntegro de la carta:

***

Querida comunidad de nuestra Arquidiócesis de La Plata

He pasado cinco años hermosos junto a ustedes. He visto palpitar la presencia del Espíritu Santo en muchos momentos que compartimos y en muchas iniciativas de ustedes. De verdad llegué a sentirme uno más e incluso a disfrutar de la ciudad en mis caminatas de la tarde. Algunas veces incluso anduve caminando por Berisso y Ensenada y sentía el gusto de ser pastor en estas tierras. He sufrido con las angustias de los pobres y también he gozado compartiendo alegrías.

Por momentos quizás los he molestado con mis insistencias, pero todo provenía de las ganas de hacer todavía más hermosa nuestra Arquidiócesis.

Tuvimos momentos muy duros, pero después uno ve que de todo aprendemos algo, y de cualquier aspereza salimos enriquecidos, porque así trabaja Dios.

Ahora el Papa Francisco me ha sorprendido con este nombramiento. Les confieso que estuve un mes cortando clavos, porque no tenía ganas de irme. Les cuento que hace unos meses hice abrir una ventana grande en la parte de la casa donde vivo, para poder tener una visión más amplia, y dije: «ahora tengo todo, puedo vivir 15 años más aquí, feliz».

Por otra parte, el famoso Dicasterio que me encomienda el Papa, tiene una sección que se dedica a los abusos de menores, tema que nos duele y avergüenza, y yo no me siento capacitado ni tuve una formación como para guiar algo así. Por eso un mes atrás le dije al Papa que no aceptaba. Lo hice con todo el dolor del alma, porque él está mayor, necesita gente de confianza cerca, él es un grande y yo estoy muy agradecido por tanto bien que recibí de él. Pero le dije que no y me quedé con esa espina.

Días atrás, cuando él estaba internado, me lo volvió a pedir. ¿Cómo responder que no? Pero él me facilitó las cosas porque me dijo que no es necesario que yo dirija  los asuntos referidos a abusos de menores, porque hay un equipo de especialistas que lo hace muy bien y que puede trabajar de forma bastante autónoma. Y que lo que él necesitaba es un Prefecto que pueda dedicar más tiempo a eso que da el nombre al Dicasterio: «la doctrina de la Fe». Es decir, que se promueva el pensamiento cristiano, la profundización de las verdades de la fe, el estudio de los grandes temas en diálogo con el mundo y con las ciencias. Y esta es una tarea que me encanta, para la cual sí me siento capaz como un pez en el agua.

Este Dicasterio en otros tiempos se llamaba «Santo Oficio», y era el terror de muchos, porque se dedicaba a denunciar errores, a perseguir a los herejes, a controlar todo, llegando incluso a torturar y matar. No todo era así, pero esta es parte de la verdad. Francisco me escribió que la mejor forma de cuidar la doctrina de la fe es hacer crecer nuestra comprensión de ella, porque «este crecimiento armonioso preservará la doctrina cristiana más eficazmente que cualquier mecanismo de control». Sobre todo si sabemos presentar a un Dios que ama, que libera, que levanta, que promueve a las personas.

Finalmente me prometió acompañar mi nombramiento con una carta donde dejaría claro todo esto, y que estaba pensando muy bien el contenido de esa carta que sería muy importante para el futuro. Es la preciosa nota que me mandó que ya muchos consideran un texto memorable.

Por eso al final dije que sí.

Les pido que me acompañen con su oración en esta misión, ya que no todos estarán conformes con esta nueva orientación que da Francisco, y yo no confío en mis capacidades sino en la certeza de que el Espíritu Santo me guiará.

Una vez que le dije que sí, la semana pasada Francisco me pidió que fuera a ver una casita que él me había elegido para vivir, dentro del Vaticano, con una terracita y vista al jardín. Me dijo: «Porque vos venís de Río Cuarto, del campo, y ustedes necesitan una vista amplia, mirar el verde». Efectivamente, si yo abro la ventana y veo sólo edificios, me siento encerrado. Pero les cuento esto para que vean la sensibilidad y la exquisita caridad de Francisco.

Yo seguiré en La Plata hasta principios de agosto, y después seguramente el Papa nombrará un administrador hasta que haya un nuevo Arzobispo, que seguramente será pronto. Pero no me quiero ir sin despedirme y sin dejarles una sentida bendición. Por eso los invito a la Misa de despedida que será el sábado 5 de agosto a las 16 hs. Pocos días después ya viajaré a Roma para poder empezar en septiembre mi tarea con todo acomodado.

Gracias a todos por lo que hacen, cada uno construyendo a su modo el Reino de Dios. Que el Señor les conserve la alegría de vivir y de servir. No me olvidaré nunca de rezar por esta Arquidiócesis donde pude sentir el gusto de la paternidad espiritual.

+ Víctor Manuel Fernández

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Redacción zenit

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