Gabriel Castillo Fotos: Porta Luz

Era adicto a la lujuria… La Virgen le ayudó a salir de la adicción. Así lo cuenta

“Agarré un folleto sobre cómo rezar el Rosario que había obtenido de la pastoral del campus. Nunca había rezado el Rosario por mi cuenta. Abrí el folleto y comencé a rezar, diciendo ‘Creo’ en voz alta. En el momento en que dije ‘Creo’, sentí una fuerza física que parecía asfixiarme o agarrarme por la garganta…”

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(ZENIT Noticias – Porta Luz / Madrid, 16.10.2023).- En un reciente episodio del podcast «The Catholic Gentleman», los presentadores John Heinen y Sam Guzman conversan con el esposo y padre de cuatro hijos, Gabriel Castillo, quien compartió su inspiradora historia de conversión.

Gabriel es hijo único, creció en un hogar hispano con su madre soltera, que a pesar de haber intentado darle lo mejor, no lo acercó mucho a la religión. «Yo no sabía nada acerca de Jesús; solo sabía que existía San Judas Tadeo. A veces íbamos a Misa en Navidad y Pascua», relata.

Intentaba ser un buen alumno, señala, aunque su vida no tenía un propósito trascendente, y poco a poco fue moldeando su moral con las cosas que veía en la televisión, como MTV. Al llegar a la universidad, la providencia divina logró que le dieran una beca en una universidad católica. «Fui allí burlándome de la idea de tener que tomar cursos de filosofía y ética, entre otras cosas … Sin embargo, esas materias fueron las que abrieron mi mente a la fe católica, porque comencé a darme cuenta de que algo no estaba bien conmigo», confidencia y prosigue…

«Afortunadamente, me relacioné con un grupo de amigos que también llevaba un estilo de vida pecaminoso, pero al mismo tiempo, iban a recibir sus sacramentos y hablaban de hacer su confirmación. Pensé que si ellos eran ‘casi católicos’, yo también quería hacer lo que estaban haciendo».

El encuentro con Jesús en la Eucaristía

 

 

Siguiendo a sus amigos, decidió participar del retiro de confirmación, donde asistió por primera vez a una Hora Santa, a pesar de no entender que era la Eucaristía y negarse a creer que en «un círculo blanco» -dice- estaba realmente Jesús.

«Fui a la capilla me arrodillé, y como un tonto, me quedé mirando la Eucaristía diciendo: «Jesús, Jesús, Jesús, Jesús, Jesús, Jesús» durante unos 15 minutos. Aproximadamente a la mitad de esos 15 minutos, empecé a escuchar algo en mi mente que me decía: «Deja de hablar, sé silencioso». Yo pensé: «Oh, genial, estoy oyendo cosas. Jesús, Jesús, Jesús»”, señaló y añade: «De repente, sin previo aviso, sentí como si el dedo de Dios se introdujera en mi alma. Si mi corazón fuera hielo, el dedo de Dios se hundió en mi corazón, lo derritió, y empecé a llorar y a llorar. Empecé a ver imágenes de la Pasión -en mi mente-, y sentí como si Dios me dijera en lo más profundo de mi alma una sola cosa: «Te amo»».

Este encuentro fue el inicio de la conversión de Gabriel, y decidió empezar a llevar una vida eucarística, donde «iba a la capilla todos los días, hacía mi tarea frente al Santísimo Sacramento todos los días», pero confidencia que continuaba apegado a sus vicios.

Una experiencia paranormal

 

 

Cuenta Gabriel que un día durante la Cuaresma, la ministra del campus, la Hermana Claire Hunter, lo animó a confesarse y a renunciar a algo durante ese tiempo litúrgico. «Me dijo: «¿Qué tal si renuncias al pecado? ¿Qué tal si renuncias al pecado mortal y dejas de vivir una vida de escándalo?» Yo le respondí: «Hermana, lo intentaré»».

Pero solo tres horas luego de la confesión, prosigue Gabriel, volvió a sumergirse en la pornografía alimentando los pecados de lujuria. «Me di cuenta de que no estaba pecando porque quisiera, no me hacía feliz, sino que era un adicto. Había sido adicto a la lujuria desde la secundaria y no podía parar. Fue en ese momento, el primer día de Cuaresma, que entré en mi habitación y lloré, experimentando una verdadera contrición. Le dije a Dios: «Dios, lo siento»», recuerda este joven padre. Y en ese mismo momento, escuchó una voz que se burlaba de él: «una voz horrible, aguda y monstruosa, que repetía exactamente lo que yo estaba diciendo». Gabriel, lleno de miedo, cuenta que solo atinó a implorar «San Juan María Vianney, ruega por mí», y las voces se detuvieron.

«Al día siguiente, cuando llegó la hora de acostarme, tenía miedo de dormir en mi habitación solo. Agarré un folleto sobre cómo rezar el Rosario que había obtenido de la pastoral del campus. Nunca había rezado el Rosario por mi cuenta. Abrí el folleto y comencé a rezar, diciendo «Creo» en voz alta. En el momento en que dije «Creo», sentí una fuerza física que parecía asfixiarme o agarrarme por la garganta. Me empujó hacia la cama y me obligó a acostarme de una manera que no parecía normal» señala. Asustado, Gabriel dice que intentó llamar a su madre, quien se encontraba en la otra habitación, pero no logró articular palabra. Desesperado -puntualiza-,  escuchó una voz en su cabeza que le decía Reza el «Ave María».

«No podía pronunciar las palabras en voz alta, así que las pensé en mi mente: «Ave María». Cuando pensé esas palabras, sentí que el agarre en mi garganta se aflojaba, y pude pronunciarlas en voz baja: «Ave María». En el momento en que dije «María», todo se detuvo y volvió a la normalidad. A pesar de que sabía muy poco acerca de María, simplemente pronunciar su nombre fue suficiente para liberarme de una fuerza invisible que no podía resistir”, remarcó.

Esa noche, recuerda Gabriel, decidió buscar información en línea sobre la influencia del mal, la lujuria y los ataques demoníacos. Finalmente, llegó a una página web donde afirmaban que tener material pornográfico, libros sobre New Age e imágenes de dioses falsos podría abrir las puertas al demonio.

Al respecto de aquello cuenta que su madre «tenía muchas estatuas, incluyendo estatuas de Buda y estatuillas africanas en casa. Tenía libros de New Age y había imágenes religiosas en todas partes de la casa. Esa noche fue una de las mayores bendiciones de mi vida. Al día siguiente, limpié por completo mi habitación. Destruí todo lo que estaba relacionado con supersticiones, religiones orientales o dioses falsos africanos o asiáticos. Los ataques diabólicos se detuvieron. Fue un punto de inflexión importante en mi vida universitaria, y las personas que me conocieron dirán que había dos versiones de mí: la que era antes de esta experiencia y la que era después. Agradezco a Dios, a María y, aunque el demonio jugó su carta, fue la Virgen María quien se convirtió en una verdadera y buena madre para mí, y ahí es cuando nuestra relación realmente comenzó”, agradece.

 

Mira el testimonio completo de Gabriel Castillo en el siguiente video:

 

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Redacción Zenit

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