(ZENIT Noticias / Jerusalén, 20.10.2026).- A medida que se intensifica la violencia contra los agricultores palestinos durante la cosecha de aceitunas de 2026 en la Cisjordania ocupada, la aldea cristiana de Taybeh se enfrenta a una amenaza que va mucho más allá de la pérdida de ingresos. Los árboles dañados, el acceso restringido a las tierras de cultivo y la creciente inseguridad están socavando la capacidad de las familias para permanecer en sus tierras ancestrales. Para el párroco católico de la aldea, el padre Bashar Fawadleh, la crisis es tanto una emergencia económica como una lucha por proteger las raíces históricas de la comunidad.
La magnitud de la violencia se hizo particularmente evidente el viernes 16 de octubre, cuando colonos israelíes atacaron al menos ocho aldeas palestinas, según funcionarios locales y la Media Luna Roja Palestina. Se incendiaron coches y árboles, se agredió a residentes y la fotógrafa del Washington Post, Heidi Levine, fue hospitalizada tras ser agredida mientras cubría la cosecha en Abu Falah. El ejército israelí condenó la violencia y reconoció que un periodista había resultado herido. El periódico y la Asociación de Prensa Extranjera exigieron que los responsables fueran llevados ante la justicia.

Los incidentes han intensificado la preocupación por la seguridad de la población civil palestina durante uno de los periodos más importantes del año agrícola.
Una cosecha agrícola cada vez más inalcanzable
El cultivo del olivo sustenta a decenas de miles de familias palestinas. Según Abbas Milhem, de la Unión de Agricultores Palestinos, aproximadamente 110.000 familias dependen de olivares privados para su sustento, mientras que la cosecha también proporciona empleo temporal a decenas de miles de trabajadores agrícolas.
Este año, sin embargo, los agricultores se enfrentan a la violencia y a restricciones en el acceso a sus tierras. Las nuevas normas que rigen la cosecha han impedido que los palestinos trabajen en las zonas designadas como Área C, que se encuentra bajo control de seguridad israelí y abarca gran parte de las tierras agrícolas de Cisjordania. Aproximadamente dos tercios del territorio de Taybeh se encuentran en el Área C, lo que deja a muchas familias particularmente expuestas a las restricciones.
El padre Fawadleh ha denunciado el robo de aceitunas y los daños a los árboles, advirtiendo que algunas familias producirán menos aceite de oliva del que necesitan para su propio consumo. Para las familias que ya enfrentan dificultades económicas, la pérdida de la cosecha amenaza no solo sus ingresos, sino también su capacidad para mantener sus hogares y seguir viviendo en sus tierras.
Las autoridades sanitarias palestinas informaron que al menos cuatro palestinos murieron y más de 100 resultaron heridos desde el inicio de la temporada de cosecha. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios registró más de 1600 ataques de colonos en Cisjordania entre enero y agosto de 2026. Estas cifras ponen de manifiesto el contexto más amplio en el que se desarrolla la cosecha, si bien los incidentes individuales y las acusaciones de responsabilidad deben evaluarse en función de las pruebas específicas.
En Abu Falah, los relatos de lo sucedido tras la llegada de las tropas israelíes difieren notablemente. Los residentes afirman que Abdel Jaber Hassan, miembro del consejo de la aldea, recibió un disparo mientras estaba desarmado y portaba herramientas de cosecha. El ejército, por su parte, sostiene que los soldados dispararon porque una persona corría hacia ellos con un objeto punzante. Estas versiones contradictorias han intensificado los llamamientos a una investigación creíble.
La organización israelí de derechos humanos Yesh Din ha acusado a las autoridades de no prevenir adecuadamente los ataques de colonos ni procesar a los responsables. Mientras tanto, el gobierno israelí ha rechazado las representaciones que considera injustamente perjudiciales para la población de colonos en general. El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó la violencia en Abu Falah, pero discrepó de la forma en que se había descrito el enfrentamiento.
La violencia se desarrolla además en vísperas de las elecciones israelíes del 27 de octubre, en medio de una creciente tensión por la política de asentamientos y la actuación del gobierno.
Israeli settlers herding sheep on private property in the Christian village of Taybeh in the West Bank, damaging olive groves and preventing residents from accessing their land.
https://t.co/QiOAbofNdn https://t.co/SfaIlr86zM— Ihab Hassan (@IhabHassane) June 1, 2026
La lucha de Taybeh por seguir siendo una comunidad cristiana viva
Para Taybeh, las consecuencias van mucho más allá de la agricultura. Conocida como la última aldea palestina cuya población sigue siendo completamente cristiana, es el hogar de familias decididas a preservar su presencia en la tierra asociada con los orígenes del cristianismo.
Madees Khoury, quien dirige la cervecería familiar, describe la vida diaria como una sucesión de obstáculos. Los puestos de control militar y las restricciones de movimiento hacen que los desplazamientos al trabajo, la escuela y los hospitales sean impredecibles, mientras que los controles comerciales complican el transporte de mercancías. Aunque la cervecería exporta a 17 países, enviar sus productos al cercano puerto de Haifa puede tardar al menos tres días, a pesar de que en un mapa el trayecto parece durar solo una hora y media.
La empresa emplea a 15 personas de Taybeh y pueblos vecinos. La producción y las ventas han disminuido en los últimos tres años, afirma Khoury, pero la familia ha continuado operando en lugar de abandonar el negocio.
También describe un deterioro en la seguridad del pueblo, incluyendo la quema de coches, grafitis amenazantes y ataques a agricultores. Según su relato, Taybeh está ahora rodeada por siete asentamientos de colonos, y los residentes tienen cada vez más miedo de moverse por su propia comunidad.
“Queremos vivir en paz, con dignidad y en libertad”, afirma Khoury, expresando un deseo que no debería ser extraordinario en ninguna sociedad. Su insistencia en permanecer allí es una declaración de apego a su tierra, pero también pone de manifiesto la dificultad que tienen los cristianos palestinos para mantener una vida familiar y económica normal.
Maya Street, directora del programa para Oriente Medio de CAFOD, la agencia católica de ayuda humanitaria para Inglaterra y Gales, afirma que sus socios locales han alertado repetidamente sobre la escalada de violencia y las restricciones. Describe la situación en Taybeh como parte de un patrón más amplio que amenaza las tierras, los medios de subsistencia y el patrimonio palestinos. El gobierno británico anunció el mes pasado nuevas sanciones contra los colonos violentos y restricciones al comercio con los asentamientos.
Por qué el olivo tiene un significado que va más allá de su precio
La destrucción de los olivos tiene una importancia que no se puede medir únicamente en pérdidas agrícolas. En todo el Mediterráneo, el árbol representa la continuidad entre generaciones, el sustento, la paz y el sentido de pertenencia. En las comunidades palestinas, los olivares centenarios pueden encarnar la conexión entre las familias y la tierra, que sigue siendo fundamental para su identidad.
La teóloga y biblista italiana Rosanna Virgili ha destacado el significado espiritual del olivo tanto en el cristianismo como en el islam. En la Biblia, la rama de olivo que la paloma llevó tras el diluvio se convierte en símbolo de vida renovada y paz. El Salmo 133 compara la unidad fraterna con el precioso aceite derramado sobre la cabeza. En el Corán, el olivo se asocia con la bendición, el sustento y la luz divina.
Para los católicos, el aceite de oliva también ocupa un lugar importante en la vida sacramental. Los óleos sagrados utilizados en el bautismo, la confirmación, la ordenación y la unción de los enfermos simbolizan diferentes dimensiones de la vida cristiana, desde la iniciación en la fe hasta el fortalecimiento espiritual y el cuidado al final de la vida. La destrucción de un olivar no destruye en sí misma estos sacramentos, pero el simbolismo religioso del árbol profundiza el significado de lo que se pierde.
El olivo también evoca Getsemaní, donde Jesús oró la noche anterior a su crucifixión. En la reflexión cristiana, ese jardín evoca la vulnerabilidad, el sufrimiento y la negligencia de quienes no acompañan a alguien en peligro. La imagen ofrece una perspectiva impactante para comprender la difícil situación de las familias que temen que sus tierras y hogares queden desprotegidos.
Tal simbolismo no debe ocultar la realidad inmediata: un árbol dañado significa pérdida de ingresos, alimentos y años de trabajo agrícola. Tampoco debe la identidad religiosa determinar qué derechos merecen protección. Los cristianos palestinos, los agricultores musulmanes y otros civiles tienen derecho a la seguridad, la libertad de movimiento y la protección contra la violencia, independientemente de su fe.
Tonight, the Israeli army escorted settlers as they stormed the village of Deir Jarir in the West Bank.
The raid followed false accusations by settlers that Palestinians from the Christian village of Taybeh and Deir Jarir had stolen sheep.
Instead of arresting the settlers who attacked foreign diplomats in Taybeh yesterday, Israeli forces are escorting settlers as they enter Palestinian villages.
— Ihab Hassan (@IhabHassane) October 19, 2026
Un llamado a la protección, no al abandono
En su carta abierta, el padre Fawadleh ha hecho un llamado a la solidaridad, la oración y la acción. Pide a quienes tienen influencia que ayuden a garantizar el acceso seguro a las tierras de cultivo, a proteger a los trabajadores agrícolas y a prevenir una mayor destrucción. Su llamado refleja un principio fundamental: las comunidades no deben verse obligadas a elegir entre su seguridad personal y la posibilidad de cultivar sus propias tierras.
La responsabilidad de proteger a los civiles recae en las autoridades que ejercen el control, y las denuncias de violencia deben investigarse con imparcialidad. Los ataques contra los agricultores, la destrucción de propiedades y las agresiones contra periodistas no pueden justificarse por tensiones políticas ni acusaciones colectivas. Los responsables deben rendir cuentas ante la ley.
El futuro de Taybeh trasciende sus límites inmediatos. La presencia continua de cristianos palestinos forma parte de la diversidad viva de Tierra Santa, no es simplemente un vestigio de su pasado. Preservar esa presencia requiere más que expresiones de preocupación por la desaparición de las comunidades cristianas. Requiere condiciones en las que las familias puedan trabajar, los niños puedan ir a la escuela, los negocios puedan sobrevivir y los agricultores puedan cosechar lo que han sembrado.
Si las familias no pueden acceder a sus árboles o recolectar sus frutos de forma segura, el daño abarca desde las finanzas familiares hasta la memoria cultural y la posibilidad de permanecer en tierras ancestrales.
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