La inusual expectación que rodea a León XIV también refleja el impacto de su pontificado más allá de los círculos estrictamente eclesiásticos. Foto: Vatican Media

La visita del Papa a Francia también registra un boom en donaciones y venta de libros de León XIV

El patrón de donaciones ha sido particularmente llamativo. La donación media ha rondado los 200 euros —aproximadamente el doble de la donación individual media en Francia en 2024— y algunas contribuciones han superado los 10.000 euros.

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(ZENIT Noticias / Paris, 08.09.2026).- Francia se prepara para cuatro días extraordinarios con la llegada del Papa León XIV del 25 al 28 de septiembre, en lo que se perfila como mucho más que un viaje apostólico rutinario.

La primera visita papal oficial a Francia desde 2008 ha generado un entusiasmo público que ha sorprendido incluso a los organizadores. Las entradas para la vigilia juvenil en el Stade de France se agotaron en menos de una hora. Más de 400.000 personas ya se habían inscrito para la misa papal en París, mientras que las autoridades esperan una afluencia de hasta 500.000 personas en la zona de la Concordia y los Campos Elíseos. Lourdes, por su parte, cerró las inscripciones un mes antes de lo previsto tras alcanzar su capacidad máxima de 150.000 participantes.

Los hoteles a lo largo del itinerario del Papa llevan más de un mes con todas las plazas reservadas. Las cifras por sí solas sugieren un evento de proporciones excepcionales. Pero hay otro hecho que podría ser aún más revelador: la respuesta económica espontánea que ha generado.

Una oleada de generosidad

Desde que la Archidiócesis de París lanzó su campaña de recaudación de fondos el 10 de julio, las donaciones han continuado durante todo el verano francés, un periodo en el que tradicionalmente disminuyen drásticamente las donaciones caritativas.

Según Sylvie Bretones, responsable de la campaña, la archidiócesis recibió aproximadamente 100 cheques y 100 transferencias bancarias diarias durante el verano. A finales de agosto, la campaña había alcanzado los 2 millones de euros.

El patrón de donaciones ha sido particularmente llamativo. La donación media ha rondado los 200 euros —aproximadamente el doble de la donación individual media en Francia en 2024— y algunas contribuciones han superado los 10.000 euros.

Igualmente significativa es la llegada de donantes desconocidos para la Iglesia.

La campaña se diseñó deliberadamente para llegar más allá de los feligreses habituales, y los organizadores han recibido apoyo de personas que pueden pertenecer a la tradición cultural católica francesa sin ser identificadas públicamente como católicas practicantes. Bretones cree que algunos podrían ser personas que regresan a la fe tras años de alejamiento; otros podrían estar buscando sentido o respondiendo a preguntas cada vez más difíciles de eludir en la sociedad moderna.

Este fenómeno se estudiará con mayor detenimiento tras la visita. Para la Iglesia francesa, las donaciones podrían ofrecer una perspectiva de un despertar religioso más amplio que no puede medirse simplemente por la asistencia dominical.

Un Papa que se ha sumado al debate público francés

La inusual expectación que rodea a León XIV también refleja el impacto de su pontificado más allá de los círculos estrictamente eclesiásticos.

Su encíclica Magnifica Humanitas, que aborda los desafíos que plantea la inteligencia artificial y la protección de la dignidad humana, se convirtió, según se informa, en uno de los libros más vendidos del verano en las librerías francesas, incluso fuera del mercado católico tradicional.

Sus intervenciones sobre la paz y sobre cuestiones relacionadas con el final de la vida también han asegurado que la voz del Papa se escuche en algunos de los debates morales más trascendentales que enfrenta la Europa contemporánea.

En un país donde el secularismo ha moldeado la vida pública durante mucho tiempo, esto sugiere algo: la voz católica está atrayendo una vez más la atención de personas que de otro modo no buscarían respuestas en la Iglesia.

La visita se produce en un contexto de renovado interés por el cristianismo entre las generaciones más jóvenes, un fenómeno que las diócesis francesas han intentado comprender y acompañar cada vez más.

El 24 de septiembre, víspera de la llegada de León XIV, figuras católicas de ámbitos muy diversos del panorama religioso francés se reunirán en la iglesia de la Madeleine para una vigilia de oración conjunta. Entre los participantes se encuentran el hermano dominico Paul-Adrien, el padre Matthieu Raffray y los creadores del popular canal de YouTube Dos Discípulos, una inusual muestra de unidad entre personalidades que suelen dirigirse a públicos distintos.

¿Un encuentro que marcará a una generación?

La vigilia juvenil en el Stade de France pondrá de manifiesto la magnitud de las ambiciones de la Iglesia para esta visita.

Se espera la asistencia de unas 80.000 personas. El programa combinará la memoria de los grandes santos de Francia con una producción musical que fusionará el canto gregoriano con música de alabanza contemporánea. Alexis Duffaure, director del coro de la Catedral de Burdeos, ha dedicado semanas a preparar el evento con 2.500 cantantes, una orquesta sinfónica y un conjunto de música contemporánea.

Los organizadores esperan que la velada sea recordada no solo como una reunión espectacular, sino como un encuentro capaz de dejar una huella espiritual duradera en una nueva generación.

Esta ambición ayuda a explicar por qué la visita ha movilizado a tantas personas de diferentes maneras. Algunos contribuyen económicamente, otros son voluntarios y otros se preparan a través de la oración.

Según la ley francesa de 1905 que separa la Iglesia del Estado, las autoridades públicas no financian ni organizan los aspectos religiosos de la visita. El papel del gobierno se limita principalmente a la seguridad. Por lo tanto, el presupuesto total para los eventos —estimado actualmente en 20 millones de euros— corre a cargo de las diócesis e instituciones eclesiásticas participantes.

Un operativo de seguridad excepcional

La extraordinaria afluencia de público prevista para el viaje papal ha dado lugar a uno de los mayores operativos de seguridad asociados a un evento religioso en Francia en los últimos años.

El ministro del Interior, Laurent Núñez, anunció la movilización de 15.000 efectivos de las fuerzas de seguridad durante los eventos que tendrán lugar en París los días 25 y 26 de septiembre.

Se prevé el despliegue en París de aproximadamente 14.000 policías, gendarmes, unidades móviles y soldados de la Operación Sentinelle, mientras que otros 1.000 efectivos estarán en Lourdes preparando la llegada del Papa.

Durante los desplazamientos papales en el papamóvil, los agentes a pie formarán lo que Núñez describió como una burbuja de seguridad protectora, vigilando a la multitud para detectar cualquier actividad sospechosa.

El reto es evidente: la visita incluirá grandes eventos al aire libre con la asistencia de cientos de miles de personas. Las autoridades esperan aproximadamente 80.000 participantes en el Stade de France, hasta 500.000 en el centro de París, 150.000 en Lourdes y decenas de miles más en los alrededores de la catedral de Metz.

Hasta el momento, sin embargo, los servicios de inteligencia franceses no han reportado ninguna amenaza terrorista específica contra la visita papal. Nuñez también afirmó que las autoridades no habían detectado planes de disturbios violentos por parte de movimientos extremistas ni acciones organizadas destinadas a aprovechar la visita para protestar contra posturas específicas del Papa o de la Iglesia Católica.

Más allá de la nostalgia

Sería fácil interpretar la enorme afluencia de público prevista para León XIV como una reacción nostálgica ante el singular espectáculo de una visita papal. La llegada del Papa sin duda se beneficiará de la novedad del evento.

Pero las señales que rodean el viaje apuntan a algo potencialmente más profundo.

Las colas para registrarse, la inesperada afluencia de donaciones, la participación de jóvenes católicos y el interés generado por las enseñanzas de León XIV sugieren que, bajo la narrativa habitual de la secularización europea, podría estar gestándose otra historia.

Francia sigue siendo un país profundamente secular. Una visita papal de cuatro días no transformará esa realidad. Sin embargo, tampoco se debe descartar la entusiasta respuesta como mera curiosidad.

Un Papa visita un país solo ocasionalmente. Cuando lo hace, el evento puede revelar algo sobre el país que lo recibe.

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Redacción Zenit

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