el Papa León XIV recibió en audiencia privada a miembros de la Renovación Carismática Mundial Foto: Vatican Media

La reflexión de Papa León XIV sobre 5 aspectos fundamentales de la Renovación Carismática

Discurso del Santo Padre a miembros de la Renovación Carismática Católica Mundial

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 30.05.2026).- Por la mañana del sábado 30 de mayo, el Papa León XIV recibió en audiencia privada a miembros de la Renovación Carismática Mundial en ocasión del encuentro Charis 2026 en Roma. La audiencia tuvo lugar en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano. Ofrecemos a continuación la traducción al español realizada por ZENIT:

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Me alegra este mi primer encuentro con la Renovación Carismática Católica, y saludar a todos ustedes aquí presentes, así como a las comunidades, los grupos y las escuelas de oración y de evangelización que representan. Dios ha bendecido verdaderamente sus comunidades con muchísimos dones, entre ellos la vitalidad espiritual. Saludo también a los líderes de los Servicios de Comunión nacionales e internacionales del Servicio Internacional para la Renovación Carismática Católica (CHARIS), que han organizado este encuentro.

Para la Renovación Carismática Católica, los años posteriores al Concilio Vaticano II fueron un tiempo de gran expansión y crecimiento, de integración en la vida de la Iglesia y de consolidación de sus estructuras de servicio.

Mis venerables Predecesores reconocieron este desarrollo como un gran don para la Iglesia. De hecho, san Pablo VI afirmó que no hay nada más necesario para este mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades (cfr. Discurso a los participantes en el III Congreso Internacional de la Renovación Carismática Católica, Pentecostés, 19 de mayo de 1975).

Al subrayar su característica atención a la evangelización, san Juan Pablo II dijo: «Es el mismo Espíritu quien los impulsa a dar testimonio». Y añadió: «¿Cómo puede alguien que ha saboreado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo? […] Cristo es nuestro Salvador […] ¿Cómo podemos dejar de evangelizar? ¡Sigan comunicando este celo por el Evangelio a quienes los rodean!» (Discurso a los miembros de la «Fraternidad Católica de Comunidades Carismáticas», 7 de diciembre de 1991).

Por su parte, Benedicto XVI habló de la contribución específica que aportan a la Iglesia. Dijo: «uno de los elementos y aspectos positivos de las Comunidades de la Renovación Carismática Católica es precisamente el relieve que en ellas revisten los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito es haber recordado en la Iglesia su actualidad» (Discurso a los participantes en la XIII Conferencia Internacional de la Catholic Fraternity of Charismatic Covenant Communities and Fellowship, 31 de octubre de 2008).

Como el Cardenal Suenens en los inicios del movimiento, el Papa Francisco habló con frecuencia de ustedes como de una «corriente de gracia» que es «para toda la Iglesia, no solo para algunos» (Vigilia de oración de Pentecostés con ocasión del «Jubileo de Oro» de la Renovación Carismática Católica, 3 de junio de 2017). En síntesis, describió su camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, cuidado de los pobres y necesitados y acogida de los marginados», añadiendo: «¡Y todo esto sobre la base de la adoración! ¡El fundamento de la renovación es adorar a Dios!» (Discurso a los participantes en la 37.ª Convocación Nacional de la Renovación en el Espíritu Santo, 1 de junio de 2014).

También yo deseo promover la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la Sede de Pedro y la gran familia de la Renovación Carismática Católica. A este respecto, quisiera reflexionar sobre los siguientes aspectos fundamentales de su experiencia espiritual: el bautismo en el Espíritu; la oración de alabanza; la Palabra de Dios; la comunión; y la caridad.

I

En primer lugar, el bautismo en el Espíritu. Su camino común de fe tiene sus orígenes en la experiencia personal del Espíritu Santo, que ha permitido que la gracia del Bautismo se vuelva eficaz en cada uno de ustedes, llevándoles a la clara conciencia del amor de Dios. Esta es la primera y poderosa experiencia de la gracia vivida por el propio san Agustín tras su conversión, que él describió con estas fervientes palabras: «¡Oh Cristo Jesús, mi auxilio y mi redentor! ¡Qué dulce se me hizo de repente carecer de las dulzuras fútiles! Antes temía perderlas; ahora me alegraba de renunciar a ellas. Tú, dulzura verdadera y suprema, las expulsabas de mí, y en su lugar te introducías tú, más suave que todo placer» (Confesiones, IX, 1, 1).

De igual modo, el Espíritu Santo les ha permitido saborear la dulzura de Cristo. También para ustedes, desde ese momento la vida cambió. Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en la expresión auténtica y definitiva de la paternidad. Su Espíritu trajo reconciliación interior, paz y libertad de los apegos terrenos y de la opresión del pecado. Hizo posible además una nueva actitud caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y hacia el futuro, en la certeza de que nada podrá jamás separarnos del amor de Cristo (cfr. Rm 8, 38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo nace el deseo profundo de ser testigos y mensajeros de su amor, llevando su consolación a las personas oprimidas por un sentido de vacío y de soledad.

II

Oración de alabanza. Fue precisamente de esta cautivadora experiencia del Espíritu Santo de donde comenzó una nueva vida de oración, que tomó la forma de una nueva capacidad de dialogar con Dios de manera espontánea y sincera, y de una nueva apertura a la alabanza, la adoración y la acción de gracias hacia Él. La adoración y la alabanza, tan características de sus encuentros, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y en los últimos años ustedes han contribuido a hacerlos redescubrir y los han devuelto a primer plano.

III

La Palabra de Dios. La renovada efusión del Espíritu los ha conducido también a un encuentro vivo con la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo inspiró la Palabra de Dios revelada y es también quien la mantiene siempre viva y activa en la Iglesia, haciéndola resonar en el corazón de los creyentes, especialmente en la liturgia. La Escritura se ha convertido, por tanto, para ustedes en una maravillosa fuente de alimento espiritual que ilumina y conforta. Es igualmente una fuente de discernimiento para orientar sus opciones cotidianas y da sustancia a la oración común, permitiéndoles dirigirse al Señor con palabras inspiradas por Dios mismo.

IV

Comunión. El Espíritu Santo es la fuente de la comunión. En diversos documentos, el Papa León XIII animó a los católicos a rezar cada año una novena al Espíritu Santo entre las solemnidades de la Ascensión y Pentecostés, especialmente por la intención de la unidad de los cristianos. Ustedes comprenden claramente la importancia de esta invitación, dado que han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu, pues, como afirma san Agustín, el Espíritu Santo «es, pues, una especie de inefable comunión entre el Padre y el Hijo» (De Trinitate, V, 11, 12). Es el Espíritu quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de la Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas.

V

Y finalmente, la caridad. San Agustín escribió que el Espíritu Santo «una vez dado al hombre, lo enciende en amor a Dios y al prójimo, siendo él mismo amor. Pues el hombre no recibe sino de Dios el amor para amar a Dios» (De Trinitate, XV, 17, 31). Es lo que también ustedes han experimentado. La renovada presencia del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar, inspirada por la divina caridad misma. Este amor está dirigido hacia Dios y hacia sus hermanos y hermanas, e inspira cercanía y compasión, especialmente hacia quienes están sufriendo. De la Renovación Carismática han nacido muchas obras de caridad para quienes se encuentran en necesidad, tanto espiritual como material. Los invito, pues, a mantener vivo este amor por los pobres, que revela el verdadero rostro de Dios.

Queridos amigos, les agradezco su compromiso y los animo a proseguir su misión. Pónganse al servicio de sus diócesis y parroquias, ofreciendo su experiencia y sus métodos de evangelización. Sigan fielmente la guía de sus sacerdotes; y, en su discernimiento común, escuchen las voces de las personas sabias, aunque no formen parte de sus grupos. Cultiven la armonía y la cooperación de las comunidades a las que pertenecen, cuidando de no ceder jamás al deseo de autopromoción o de búsqueda de poder o prestigio personal. El Espíritu Santo sea siempre una luz y una fuente de fuerza en su camino personal y común, y la Virgen María, Madre de la Iglesia, los proteja. Y ahora, con estos sinceros sentimientos, imparto con gusto mi Bendición Apostólica.

Gracias.

Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.

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Redacción Zenit

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