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El cardenal Ratzinger desenmascara los peligros del «laicismo radical»

En un encuentro con superiores salesianos

ROMA, jueves, 2 diciembre 2004 (ZENIT.org).- El cardenal Joseph Ratzinger ha expresado en Roma su profunda preocupación ante el avance del fenómeno calificado como «laicismo radical».

«Estamos en un momento serio –constató este miércoles el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe al intervenir en el encuentro de los inspectores salesianos de Europa– el laicismo radical puede destruir el humanismo», reduciendo todo a mero materialismo, comercio y «predominio del mercado».

Esta visión, afirmó el purpurado alemán, según revela este jueves «Radio Vaticano», considera a Europa «sólo a partir de las tesis de la Ilustración, excluyendo lo que es cristiano y católico», así como otras raíces históricas, culturales y religiosas.

De esta visión derivan las corrientes que promueven la aceptación de los experimentos científicos, por más desenfrenados que sean y la petición de equiparar al el matrimonio con otros modelos de unión, hasta llegar a la idea, según la cual, «el individuo puede escoger el sexo al que pertenece», indicó el decano del Colegio cardenalicio.

Ratzinger constató que esta visión no tiene en cuenta las «expectativas de muchos sectores laicos que buscan un diálogo para ayudar a reforzar una nueva identidad europea».

«El Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia quiere dialogar con el mundo moderno y la Iglesia hoy lo quiere todavía más», concluyó el cardenal.

En los últimos meses, Juan Pablo II y varios exponentes de la Curia romana han aclarado la diferencia entre la «sana laicidad», la debida separación Iglesia-Estado, y el laicismo, que busca negar toda manifestación pública de la expresión religiosa.

«Radio Vaticano» ha informado asimismo sobre una declaración pública de este miércoles del cardenal Renato R. Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en la que explicó: «la laicidad es un valor reconocido por la Iglesia», pero «por desgracia impera hoy un laicismo que con frecuencia es intolerante» y «cada vez más anticristiano».

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