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El Papa con la delegación Ecuménica de la Iglesia Luterana de Finlandia © Vatican Media

El Papa con la delegación Ecuménica de la Iglesia Luterana de Finlandia © Vatican Media

Invitación del Papa a la Iglesia Luterana de Finlandia a la “oración común” y el “compromiso por una mayor justicia”

Discurso del Papa Francisco

(ZENIT – 21 enero 2019).- El pasado 19 de enero de 2019, a las 10 horas, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a una delegación Ecuménica de la Iglesia Luterana de Finlandia con motivo del peregrinaje ecuménico anual a Roma, para celebrar la fiesta de San Enrique, el santo patrón del país.

Publicamos a continuación las palabras de saludo que el Papa ha dirigido a los presentes:

***

Palabras del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os doy la bienvenida con alegría. Durante varias décadas, vuestra peregrinación ecuménica a Roma con motivo de la fiesta de San Henrik hace posible nuestro encuentro fraternal y contribuye a la promoción de la unidad de los cristianos.

El compromiso común con el ecumenismo es un requisito esencial de la fe que profesamos, un requisito que proviene de nuestra propia identidad como discípulos de Jesús. Y como discípulos, al seguir al mismo Señor, entendemos cada vez más que el ecumenismo, es un camino, un camino que, como han subrayado los diversos pontífices desde el Concilio Vaticano II, es irreversible. This is not an optional way… La unidad entre nosotros crece a lo largo de este camino: por lo tanto, vuestra peregrinación anual a Roma es un signo particularmente elocuente, que os agradezco. Nos invita a recorrer juntos el camino de la unidad que, en la gracia del Espíritu Santo, nos une a Cristo nuestro Señor como hijos amados del Padre y, por lo tanto, como hermanos y hermanas entre nosotros.

Agradezco al obispo luterano de Kuopio, además d sus amables palabras y sus preciosas oraciones, el haber llamado nuestra atención el hecho de que tenemos ante todo un servicio de caridad y un testimonio de fe común para ejercer. Se fundan en el bautismo, en nuestro ser cristianos: ¡este es el centro! En efecto, como se nos recordaba, las diversas clasificaciones sociológicas, que a menudo se atribuyen con superficialidad a los cristianos, son aspectos secundarios o inútiles. Cuando rezamos juntos, cuando juntos anunciamos el Evangelio y servimos a los pobres y a los necesitados, encontramos en nosotros mismos el camino y el camino avanza hacia la meta de la unidad visible.

También las cuestiones teológicas y eclesiológicas que todavía nos distancian pueden resolverse solo en el curso de este camino común -nunca se resolverán si nos quedamos quietos- sin forzar nuestra mano y sin prever cómo y cuándo esto ocurrirá. Pero podemos estar seguros de que, si somos dóciles, el Espíritu Santo nos guiará en formas que ni siquiera podemos imaginar hoy. Mientras tanto, estamos llamados a hacer todo lo posible para alentar el encuentro  y resolver en la caridad los malentendidos, las hostilidades y los prejuicios que han echado a perder nuestras relaciones durante siglos. La reciente Declaración de la Comisión de Diálogo Luterano-Católico sobre la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio, titulada Communion in Growth ha contribuido al camino hacia el consenso teológico. El diálogo debe continuar, llevando adelante lo iniciado.

No estamos solos en este itinerario. Hay testigos comunes que, como San Henrik, nos preceden en nuestro camino. Por eso es verdad – gracias también por recordárnoslo- que la Tradición no es un dilema, sino un don. Tradición se refiere al verbo latino tradere, que significa consignar. La Tradición no es algo de lo que apropiarse para diferenciarnos, sino una entrega que nos ha sido encomendada para enriquecernos mutuamente. Siempre estamos llamados a regresar a la entrega original, de la que fluye el río de la Tradición: es el costado abierto de Cristo en la cruz. Allí nos dio todo de sí mismo, también nos dio su Espíritu (cf. Jn 19, 30.34). De allí viene nuestra vida como creyentes, allí está nuestra regeneración perenne. Allí encontramos la fuerza para llevar los pesos y las cruces los unos de los otros. Precedidos y sostenidos por aquellos que dieron sus vidas por amor al Señor y por nuestros hermanos y hermanas, estamos llamados a no cansarnos nunca a lo largo del camino.

Cada año, los cristianos en el mundo se dan una cita especial para pedirle al Señor una mayor unidad. Es la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que este año se centra en el versículo bíblico “Actúa siempre con toda justicia” (cf. Dt 16: 18-20). Está en plural y nos recuerda que no se puede actuar en solitario por la justicia: la justicia para todos se pide y se busca juntos. En un mundo desgarrado por la guerra, el odio, el nacionalismo y la división, la oración común y el compromiso por una mayor justicia no se pueden aplazar. Son omisiones que no podemos permitirnos. Confío en que nuestro testimonio común de oración y fe dará frutos y que vuestra visita fortalezca la ya sólida colaboración entre luteranos, ortodoxos y católicos en Finlandia. Por esto y para cada uno de vosotros invoco la gracia abundante de Dios, pidiéndoos que sigáis rezando por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

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