Rezar por los vivos y los muertos

Cartas desde la guerra (día 85): “las bombas aéreas siguen cayendo sobre nuestras pacíficas ciudades y pueblos”

“Sucede entre los hombres que cuando hemos sido ofendidos por alguien, ese alguien puede no darse cuenta, pero llevamos en el corazón esa ofensa que, en primer lugar, nos hiere y oprime. Cuando perdonamos la ofensa, eliminamos ese mal interior de nuestro corazón, esa ofensa ya no nos hiere. Por el contrario, al perdonar, destruimos el mal y el pecado con nuestro propio amor”, dice Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk.