CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 24 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI a los universitarios de Roma el 13 de diciembre de 2007, después de la misa de preparación a la Navidad en la que participaron los jóvenes en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

 

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Queridos amigos:

Me alegra mucho encontrarme con vosotros, que habéis venido en gran número a esta cita tradicional, en la cercanía del Nacimiento de Cristo. Saludo y expreso mi agradecimiento al cardenal Camillo Ruini, que ha celebrado la Eucaristía juntamente con los capellanes universitarios, a los que saludo cordialmente. Saludo a las autoridades y en primer lugar al ministro de Universidades, así como a los rectores, a los profesores y a todos los estudiantes.

Agradezco al rector de la Universidad "Campus biomédico" y a la joven estudiante de la facultad de derecho de la Tercera Universidad de estudios de Roma que en nombre de todos me han dirigido palabras de afecto y felicitación. Correspondo de corazón a esos sentimientos formulando para cada uno de vosotros los mejores deseos de una serena y santa Navidad.

Saludo de modo especial a los jóvenes de la delegación de Albania, que han traído a Roma el icono de María Sedes Sapientiae, y a los de la delegación de Rumania, que esta tarde reciben la imagen de María para que sea "peregrina" de paz y de esperanza en su país.

Queridos jóvenes universitarios, permitidme que en este encuentro tan familiar proponga a vuestra atención dos breves reflexiones. La primera atañe al camino de vuestra formación espiritual. La diócesis de Roma ha querido dar mayor relieve a la preparación de los jóvenes universitarios para la sagrada Confirmación; así, vuestra peregrinación a Asís del pasado día 10 de noviembre constituyó el momento de la "llamada"; y esta tarde dais la "respuesta". En efecto, alrededor de 150 de vosotros os habéis presentado como candidatos al sacramento de la Confirmación, que recibiréis en la próxima Vigilia de Pentecostés. Se trata de una iniciativa muy adecuada, que se inserta bien en el itinerario de preparación para la Jornada mundial de la juventud, que tendrá lugar en Sydney en julio de 2008.

A los candidatos al sacramento de la Confirmación y a todos vosotros, queridos jóvenes amigos, os digo:  fijad la mirada en la Virgen María y aprended de su "sí" a pronunciar también vosotros vuestro "sí" a la llamada divina. El Espíritu Santo entra en nuestra vida en la medida en que le abrimos el corazón con nuestro "sí". Cuanto más pleno es nuestro "sí", tanto más pleno es el don de su presencia.

Para comprenderlo mejor, podemos hacer referencia a una realidad muy sencilla:  la luz. Si las persianas están herméticamente cerradas, el sol, aunque brille con gran esplendor, no podrá iluminar la casa; si en la persiana hay una pequeña rendija, entrará un rayo de luz; si se abre un poco la persiana, la habitación comenzará a iluminarse; pero los rayos del sol sólo iluminarán y calentarán el ambiente cuando la persiana se haya levantado totalmente.

Queridos amigos, el ángel se dirigió a María con el saludo "llena de gracia", que significa precisamente esto:  su corazón y su vida están totalmente abiertos a Dios y por eso completamente penetrados de su gracia. Que ella os ayude a dar también vosotros un "sí" libre y pleno a Dios, para que podáis ser renovados, más aún, transformados por la luz y la alegría del Espíritu Santo.

La segunda reflexión que quiero proponeros concierne a la reciente encíclica sobre la esperanza cristiana, que como sabéis lleva por título "Spe salvi", "salvados en la esperanza", palabras tomadas de la carta de san Pablo a los Romanos (cf. Rm 8, 24). La entrego idealmente a vosotros, queridos universitarios de Roma y a través de vosotros a todo el mundo de la universidad, de la escuela, de la cultura y de la educación.

El tema de la esperanza es particularmente adecuado para los jóvenes. Os propongo, en particular, que hagáis objeto de reflexión y confrontación, también en grupo, la parte de la encíclica en donde trato sobre la esperanza en la época moderna. En el siglo XVII Europa sufrió un auténtico cambio de época y desde entonces se ha ido consolidando cada vez más una mentalidad según la cual el progreso humano es sólo obra de la ciencia y de la técnica, mientras que a la fe sólo le competería la salvación del alma, una salvación puramente individual.

Las dos grandes ideas fundamentales de la modernidad, la razón y la libertad, se han separado de Dios para llegar a ser autónomas y cooperar en la construcción del "reino del hombre", prácticamente contrapuesto al reino de Dios. Así, se ha difundido una concepción materialista, alimentada por la esperanza de que, al cambiar las estructuras económicas y políticas, se pueda edificar  finalmente  una  sociedad justa, donde  reine la paz, la libertad y la igualdad.

Este proceso, que no carece de valores y de razones históricas, contiene sin embargo un error de fondo: el hombre no es sólo producto de determinadas condiciones económicas o sociales; el progreso técnico no coincide necesariamente con el crecimiento moral de las personas; más aún, sin principios éticos, la ciencia, la técnica y la política pueden utilizarse -como de hecho ha sucedido y como por desgracia sigue sucediendo- no para el bien sino para el mal de las personas y de la humanidad.

Queridos amigos, se trata de temas tan actuales que estimulan vuestra reflexión y favorecen aún más la confrontación positiva y la colaboración ya existente entre todos los ateneos estatales, privados y pontificios. La ciudad de Roma debe seguir siendo un lugar privilegiado de estudio y de elaboración cultural, como aconteció en el encuentro europeo de más de tres mil profesores universitarios que tuvo lugar el pasado mes de junio.

Roma ha de ser también modelo de hospitalidad para los estudiantes extranjeros. En este ámbito, me alegra saludar a las delegaciones de universitarios procedentes de diversas ciudades europeas y americanas. La luz de Cristo, que invocamos por intercesión de María, Estrella de esperanza, y de la santa virgen y mártir Lucía, cuya memoria celebramos hoy, ilumine siempre vuestra vida.

Con este auspicio, os deseo de corazón a vosotros y a vuestros familiares una Navidad llena de gracia y de paz, a la vez que imparto de corazón a todos la bendición apostólica.

Traducción distribuida por la Santa Sede

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CELAM: Navidad, tiempo de Amor y de Paz

MÉXICO, sábado, 15 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha enviado monseñor Víctor Sánchez Espinosa, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México, secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con motivo de la Navidad.

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Cada año, cuando celebramos la navidad, nos reunimos en torno al pesebre para rezar la novena, cantar los villancicos, compartir la natilla y los buñuelos y nos regocijamos porque la navidad es tiempo de paz, de amor, de reconciliación y de perdón. Esta navidad no podrá ser la excepción, podremos renovar nuestro deseo de seguir construyendo la Iglesia soñada: no la Iglesia que nosotros queremos, sino la Iglesia que Jesús quiere, una Iglesia de comunión y de participación, una Iglesia basada en el amor, en la promesa del reino para todos, en igualdad de posibilidades y realizaciones, en disponibilidad para la escucha y la evangelización, con el deseo de configurarnos con Jesucristo Pastor y ser discípulos y misioneros.

Este año ha sido un año de bendiciones y de gracias especiales: Qué alegría poder decir que hemos recorrido, en América Latina y el Caribe, un itinerario espiritual de comunión, en medio de tristezas, de sufrimientos, de nostalgias pero también de gozos y de júbilo: La V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, realizada en Brasil, bajo el manto protector de la Santísima Virgen María, en las advocaciones de Nuestra Señora de Aparecida, Patrona de Brasil y Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América; la reunión en la Habana, en la que se cristalizaron diversos proyectos y se dio luz verde a un cuatrienio colmado de esperanzas y el deseo ferviente, de poner en marcha los lineamientos de Aparecida; la culminación de un período en el CELAM, bajo la dirección del Señor Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Arzobispo de Santiago y de Monseñor Andrés Stanovnik, recientemente nombrado Arzobispo de Corrientes en Argentina y quien se desempeñó como Secretario General y todo el equipo de trabajo, quienes pusieron a disposición de la Iglesia de América Latina y el Caribe, sus carismas, dones y ministerios.

Bendecidos por toda la obra realizada en los Centros de Formación, donde el Padre Leonidas Ortíz Lozada, como Rector, el Padre Víctor Manuel Ruano Pineda, como Vicerrector Académico y Monseñor Guillermo Melguizo Yepez, Vicerrector Pastoral, plasmaron su impronta espiritual y pastoral, dejando una huella imborrable y tejiendo esperanzas para las nuevas generaciones. Ahora con la llegada del Padre Salvador Valadez, su nuevo Rector, del Padre Paulo Crozera, como nuevo Vicerrector Académico, la tarea continúa con empeño, sacrificio y dedicación, sirviendo a imagen de Cristo que «no vino a ser servido sino a servir». El trabajo intenso y productivo del Centro de Publicaciones y la fecundidad de un Centro Bíblico como CEBIPAL. El trabajo fiel, honesto y fructífero de los colaboradores de la familia CELAM, que hacen de este Organismo eclesial una «Casa y escuela de comunión y fraternidad». Un trabajo en el que hemos sido sembradores de esperanza, nuestra tarea de esparcir la semilla se ha hecho con el convencimiento de quien sabe que «son hermosos los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que canta la verdad». Hemos sido instrumentos en las manos de Dios, sólo sembramos, será el Señor quien recoja la cosecha.

Ahora, nos preparamos para celebrar una vez más la navidad, para seguir edificando juntos un camino de renovación espiritual, para reconocer que sí se puede construir una sociedad nueva, pero entre todos. Para postrarnos, como los Pastores de Belén, como los Reyes Magos, ante el Niño Dios y con humildad reconocer nuestros errores, pedirle que ilumine nuestros pasos, que encienda en el corazón de los Latinoamericanos el amor y un ardor intenso por la Misión Continental, que transforme el corazón de los violentos y que nuestras naciones se esfuercen por instaurar la paz, desde la solidaridad, la justicia, la libertad y el amor.

Que esta navidad sea la ocasión propicia para renovar nuestro compromiso de fortalecer los lazos fraternales, para superar los conflictos familiares, para perdonar de corazón a quienes nos han ofendido y reconciliarnos, para volver al Amor primero. A todos nuestros amigos y amigas, nuestros benefactores y colaboradores, a las Conferencias Episcopales, a los distintos organismos eclesiales, a las Agencias Internacionales de Ayuda, a los señores Obispos y a toda la Familia CELAM, Feliz Navidad y próspero año 2008.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2008 PARA TODOS

+Víctor Sánchez Espinosa