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La reivindicación del Santo Padre tuvo lugar este sábado al encontrarse con los obispos del país que desde el 10 de septiembre realizaron su quinquenal visita «ad limina» a Roma.

«Por desgracia, algunas partes de vuestro país están involucradas en situaciones de conflictos armados y anarquía. Especialmente en el norte, la pesadilla de la guerra está provocando miseria, sufrimientos y muertes inenarrables, golpeando incluso a la Iglesia y apuntando contra sus ministros y sus hijos», denunció el Santo Padre.

En esas regiones, los rebeldes del LRA («Ejército de Resistencia del Señor», por sus siglas en inglés) --a las órdenes de Joseph Kony, un visionario a sueldo de Sudán que intenta derrocar el gobierno del presidente ugandés Yoweri Museveni-- se ensañan con las poblaciones Acholi, Teso y Lango, asesinan y secuestran a cientos de menores --destinados a convertirse en niños-soldado-- o a mujeres como concubinas de los superiores

«En el oeste y en noreste también se dan episodios de violencia y hostilidades que afligen al país, acaparando la vida y las energías de vuestra gente», añadió el Papa.

«Al aseguraros a vosotros y a vuestra gente mi cercanía espiritual en estas funestas circunstancias, me uno a vosotros en la condena de todo acto de derramamiento de sangre y de destrucción», afirmó.

«Hago un llamamiento urgente a las partes involucradas a rechazar la agresión y a comprometerse junto a los ciudadanos con valor y en la verdad a construir un futuro de esperanza, justicia y paz para todos los ugandeses», exhortó.

«Como obispos tenéis el serio deber de afrontar desafíos de particular importancia para la vida social, económica, política y cultural de vuestro país, para que la Iglesia esté presente de manera más efectiva en esas áreas», dijo.

«Ha llegado la hora para los católicos, junto a los demás cristianos, de ofrecer el frescor del Evangelio en la lucha por la defensa y la promoción de los valores fundamentales sobre los que se construye una sociedad verdaderamente digna del hombre», indicó.

«Es particularmente importante, en este mismo contexto, los esfuerzos orientados a superar los conflictos tribales y las tensiones étnicas». El Papa concluyó con una frase enérgica: «No hay lugar en la Iglesia de Cristo para esas rivalidades».