CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 10 marzo 2006 (ZENIT.org).- La oración de Jesús en Getsemaní, su muerte en el Calvario, su resurrección… Benedicto XVI y sus colaboradores revivieron en las dos meditaciones de la mañana de este viernes el drama de la salvación cristiana, esperanza del creyente.
El cardenal Marco Cé, patriarca emérito de Venecia, comenzó profundizando en la soledad que experimentó Jesús en el Huerto de los Olivos y en su adhesión a la voluntad del Padre.
«La agonía de Getsemaní nos permite entrar "dentro" del misterio de la Pasión, para comprender el meollo y el meollo es éste: se ofreció voluntariamente a la muerte», indicó el predicador según recoge la crónica ofrecida por «Radio Vaticano».
«Los rasgos que caracterizan a la oración de Jesús en Getsemaní son el sobrecogedor sufrimiento psicológico, la soledad total de Jesús, el derrumbamiento de toda su obra y, al mismo tiempo, la conformidad total y radical de su voluntad a la del Padre», siguió constatando el purpurado italiano.
A partir de Getsemaní, añadió penetrando con conmoción en la condición psicológica que tuvo que afrontar al acercarse a la muerte, Jesús «queda dramáticamente solo».
Pide no tener que beber el cáliz de la Pasión pero acepta sin reservas lo que ha dispuesto el Padre, siguió evocando.
«No hay una oración más humana y más dolorosa que ésta --reconoció--, pero al mismo tiempo no hay un acto de abandono más filial que éste».
El patriarca emérito siguió reviviendo el Vía Crucis de Jesús, en plena «soledad moral», de quien es considerado «por todos como el fracasado».
«La muerte de Jesús por amor realiza plenamente el plan de salvación querido por el Padre desde la eternidad», afirmó.
«El centurión que estaba ante el Crucificado, al verle morir de ese modo, dijo: "Verdaderamente éste era el Hijo de Dios". En la confesión de fe del centurión se puede ver brillar ya la luz de la Pascua».
El joven les anunció la resurrección de Cristo y les dijo que esperaba a sus discípulos en Galilea.
«Ciertamente sorprende esta conclusión de Marcos --reconoció el cardenal--. El envío a Galilea, donde había comenzado el anuncio del Evangelio, parece que hace referencia a un nuevo inicio, el de la Iglesia que lleva a cumplimiento en el tiempo el misterio de Jesús».
En esta página evangélica, reconoció, «se encuentra el acto de fe que nos hace cristianos».
El Evangelio --«buena noticia»-- toma su nombre precisamente de este momento: «el que Jesucristo, Hijo de Dios, sea una "buena noticia" depende precisamente del hecho de que el Crucificado no se quedó en el sepulcro, por el contrario, resucitó».
«Aquel a quien todos consideraban fracasado es verdaderamente el Hijo de Dios, como había dicho. Todo el Evangelio de Marcos se comprende a partir del acontecimiento de la resurrección»: «el mal es vencido y con él la muerte --que es su sello--».
Dos mil años después, concluyó el purpurado con una exhortación, todo cristiano debería revivir la sorpresa de las mujeres ante el sepulcro vacío.
«Si se obnubila la fe en la resurrección del Crucificado, se derrumba inmediatamente nuestra esperanza. El mal queda como señor de la historia y nosotros quedamos en manos de la desesperación», reconoció.
Los ejercicios espirituales, que comenzaron el domingo por la tarde, concluirán en la mañana de este sábado.
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Mar 10, 2006 00:00