(ZENIT Noticias / Kiev-Moscú, 10.04.2026).- Durante unas horas de abril de 2026, se espera que el ritmo de la guerra entre Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky ceda ante la cadencia de la liturgia. Moscú y Kiev han anunciado un alto el fuego temporal que coincide con la Pascua ortodoxa, un gesto de gran simbolismo que, además, subraya la persistente fragilidad de cualquier apertura diplomática en el conflicto.
Según el Kremlin, las fuerzas rusas suspenderán las hostilidades desde las 16:00 del 11 de abril hasta el final del 12 de abril, un lapso de aproximadamente 32 horas que coincide con la celebración central del calendario ortodoxo. La orden se ha transmitido a los comandantes militares de todos los frentes, aunque con una salvedad que refleja la persistente desconfianza entre ambas partes: las tropas deben permanecer preparadas para responder a cualquier «provocación» o acción hostil.
Kiev, por su parte, ha manifestado su disposición a corresponder. Zelensky reiteró que Ucrania ha propuesto repetidamente altos el fuego vinculados a observancias religiosas y consideraciones humanitarias más amplias. Su mensaje previo a la tregua enmarcó el momento no solo como una pausa en la violencia, sino también como una prueba de intenciones. La población, afirmó, merece «una Pascua sin amenazas», sugiriendo que la verdadera medida de buena voluntad sería si Rusia se abstenía de reanudar los ataques una vez pasadas las festividades.
Este intercambio revela un patrón recurrente en la diplomacia de la guerra. Si bien ambas partes invocan el lenguaje de la paz, sus posiciones subyacentes siguen estando muy alejadas. A finales de marzo, el Kremlin rechazó los llamamientos ucranianos a un alto el fuego por la Pascua. El portavoz Dmitry Peskov argumentó que Kiev no había presentado una propuesta suficientemente concreta y advirtió que cualquier pausa prolongada podría ser utilizada por Ucrania para reagruparse militarmente. Moscú se ha resistido sistemáticamente a los altos el fuego más largos, a diferencia de Kiev, que prefiere una tregua de 30 días, una postura que en ocasiones ha contado con el apoyo de Washington.
Ukraine has repeatedly stated that we are ready for symmetrical steps. We proposed a ceasefire during the Easter holidays this year and will act accordingly. People need an Easter free from threats and real movement toward peace, and Russia has a chance not to return to strikes…
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) April 9, 2026
Las treguas de corta duración vinculadas a conmemoraciones religiosas o históricas no carecen de precedentes en este conflicto. Rusia ha declarado anteriormente pausas unilaterales, incluyendo un alto el fuego de 30 horas durante la Pascua ortodoxa del año pasado y otro vinculado al aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania nazi. Sin embargo, estas interrupciones rara vez se han traducido en una desescalada sostenida. En cambio, funcionan como breves interludios: momentos en los que el mensaje político, la imagen humanitaria y el simbolismo religioso se entrelazan sin alterar el cálculo estratégico sobre el terreno.
La elección de la Pascua no es casual. En el Oriente cristiano, esta festividad es el centro litúrgico del año, conmemorando la Resurrección y conllevando un fuerte énfasis teológico en la reconciliación y la nueva vida. Históricamente, los llamamientos a suspender la violencia durante las principales celebraciones religiosas han surgido en diversos conflictos, aunque con resultados desiguales. En la guerra actual, la invocación de la Pascua resalta los sólidos vínculos culturales y espirituales entre dos naciones que, de otro modo, estarían inmersas en una prolongada confrontación.
Queda por la incertidumbre si esta última tregua se mantendrá, incluso durante su limitada duración. Ambas partes han dejado margen para una rápida escalada en caso de incidentes, y ninguna se ha comprometido a prolongar la tregua. Para los civiles que viven bajo la sombra de la guerra, la perspectiva de incluso un breve respiro tiene una importancia innegable. Sin embargo, la trayectoria general del conflicto sugiere que tales pausas, por muy significativas que sean simbólicamente, siguen siendo tácticas más que transformadoras.
En ese sentido, el alto el fuego de Pascua ofrece menos un punto de inflexión que un espejo: refleja tanto el persistente deseo de paz como los obstáculos estructurales que siguen impidiéndola.
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